Aula

Si eres transexual eres “anómalo” y otras manipulaciones del manual de HazteOir para padres

Los ultraconservadores han repartido alrededor de 30.000 copias a familias e instituciones de su libro '¿Sabes lo que no quieren enseñar a tu hijo a la escuela?'

Yeray S. Iborra 3/3/2017

El grupo ultracatólico HazteOir no sólo organiza charlas con ponentes que defienden que los homosexuales no deben practicar sexo o lanzan a la carretera un bus con mensajes tránsfobos -paralitzado por un juez este miércoles en Madrid- en sus ventanas. También edita libros. Es el caso de ¿Sabes lo que no quieren enseñar a tu hijo a la escuela? Las leyes del adoctrinamiento (2015), un manual del que la organización ha repartido alrededor de 30.000 ejemplares a familias e instituciones.

El libro, que está en línea y que envían a casa incluso, carga contra el que la organización considera “adoctrinamiento sexual dirigido” en los centros educativos y analiza en 47 páginas las diferentes leyes LGTBI que las comunidades autónomas han desarrollado estos los últimos años para -según HazteOir- atentar “contra la libertad de los padres” a la hora de educar. El texto pone en duda la necesidad de estas leyes y las valora como “discriminación positiva hacia un colectivo” en perjuicio del resto de ciudadanos. No es el único apartado polémico de la publicación.

1. Leyes “no necesarias” y discriminación “inexistente”

Según HazteOir los derechos de las personas LGTBI “ya se encuentran garantizados por la Constitución española”. El colectivo destaca que las leyes autonómicas suponen “nuevos derechos a la carta para determinados colectivos”.

La realidad es que los casos de discriminación al colectivo LGTBI no cesan: sólo el nuevo formulario administrativo que acompaña la ley antihomofobia catalana recopiló en 2015 113 casos de denuncia por LGTBifobia.

“Todas estas leyes están institucionalizando dos categorías de ciudadanos, los LGTBI y los heterosexuales”, destaca el libro. La obra no cita cuestiones como el desamparo que vive el colectivo respecto a ciertas gestiones con la administración; por ejemplo, la discriminación que viven los menores trans que quieren cambiar su nombre en el DNI: “El 90% de las peticiones de cambio se deniegan”, apuntan desde la Fundación Daniela.

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Según el texto, las leyes se justifican “aceptando una discriminación estructural inexistente basada en estadísticas de maltrato distorsionadas”. En la página 32 del libro se hace constar el descenso desde 2014 de las agresiones a personas LGTBI; lo que no se explica es que este mismo año las agresiones a homosexuales quedaron fuera de las estadísticas del Ministerio.

2. El poco apoyo social a las leyes LGTBI

El texto, en la página 7, entiende que las nuevas leyes autonómicas “no gozan de apoyo social”, por lo que convierten los gobiernos de las comunidades en “promotores de un modelo de pensamiento”.

Poco después se contradice (página 11) en esta afirmación, destacando que las leyes autonómicas han sido aprobadas “en muchos casos por todos los partidos políticos”; para acabar tacha estos partidos de “prevaricadores”. En el caso catalán, todos los partidos apoyaron la ley LGBTI, a excepción del PP y de Unión Democrática de Cataluña. Por su parte, la Asamblea de Madrid aprobó su texto contra la discriminación por diversidad sexual y de género por unanimidad.

3. “¿Quién puede asegurar que estas medidas de hoy no causarán un mayor sufrimiento en el futuro?”

Esta es la pregunta que el texto plantea en base a las consecuencias que las diferentes leyes autonómicas LGTBI podrían tener en las aulas. Si bien estas leyes no pueden garantizar que no “haya un mayor sufrimiento” en el futuro, lo que sí constatan -como lo hace la comunidad educativa- es que en la actualidad hay ciertos colectivos que sí sufren por motivos de diversidad sexual e identidad de género.

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El Estudio 2013 sobre discriminación por orientación sexual y / o identidad de género en España ponía de relieve como el 76% de los encuestados reconocía haber sido objeto de discriminación por estos motivos. En el estudio sobre Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio se denunciaba que el 43% de los adolescentes y jóvenes lesbianas, gays y bisexuales había pensado alguna vez en suicidarse.

4. “La normalidad de lo que es presumiblemente anómalo”

Las leyes del adoctrinamiento tacha de “víctima” (página 11) a una coach, Elena Lorenzo, al que la asociación LGTB Arcópoli denunció que entre sus logros profesionales destacaba el hecho de conseguir que muchas personas homosexuales dejaran de ser -lo. No es la única muestra de negación de la existencia de diversas orientaciones sexuales y / o identidades de género de la guía.

En la página 26, se da un paso más allá, citando como “anómalas” algunas opciones de género y / o orientación sexual. “Un argumento común de estas leyes [las autonómicas LGTBI] consiste en negar la evidencia de las posibles anomalías, con características clínicas variadas, de los estados intersexuales […] Esta conclusión, que avalan numerosos estudios científicos, se niega de raíz, de tal manera que se instaura por decreto la normalidad de los presumiblemente anómalo “, cita el texto. Con esta definición, HazteOir interpreta que, todo lo que se salga de lo cisgènere (identidad de género y género asignado al nacer coinciden), es “anómalo”. El libro lamenta, a continuación, que la investigación clínica sobre homosexualidad y transexualidad quede “abolida” y sea en algunos casos tipificada de “abuso”.

Además, en la página 21 del libro de HazteOir, se utiliza la calificación “trastorno” hablando sobre la identidad de género. A continuación se utiliza también el término “disforia de género”. Un calificativo que para la comunidad luego resulta patologizador y que, después de años de lucha de los colectivos, ha obtenido reconocimientos recientes por parte de las instituciones: el consejero de Salud de la Generalitat, Toni Comín, anunció hace unas semanas que la transexualidad dejaría de tratar como una enfermedad en Cataluña.

5. Sexo y género, “verdades judiciales, no científicas”

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El texto también pone en duda la disociación entre sexo y género, negando así que una persona con un sexo biológico determinado no pueda decidir sobre su identidad (página 23). Y lo hace a pesar, a continuación (en la misma página), compartir la sentencia de 2002 del Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconoce que “la definición del sexo-género de una persona va mucho más allá de la apreciación visual de sus órganos genitales externos en el momento del nacimiento “. Son “verdades judiciales, no científicas”.

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