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Entrevista a Søs Bayer:

Aula

“Jugar, como aprender, sólo se puede hacer si hay voluntad”

La maestra danesa Søs Bayer ha dedicado parte de su trayectoria a estudiar el papel del juego en los niños y las comunidades: "Lo más relevante es que a través del juego aprendemos a estar juntos, a negociar, a dialogar".

Pau Rodríguez 30/5/2017

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Søs Bayer es profesora de Educación en la Universidad de Aarhus. / © Robert Bonet

La maestra danesa Søs Bayer ha dedicado buena parte de su trayectoria a estudiar el papel del juego en los niños y en las comunidades. Docente en la Facultad de Educación de la Universidad de Aarhus, fue en Barcelona el fin de semana coincidiendo, precisamente, con el día mundial del juego para participar en ConCrit, un encuentro de docentes de diferentes países que este año ha organizado Rosa Sensat. Bayer se muestra precavida con la progresiva incorporación de los juegos como herramientas para aprender. “Son propuestas de aprendizaje interesantes y válidas, pero se pierde la esencia del juego”, opina.

¿Por qué considera que el juego es una parte importante del desarrollo de los niños y niñas?

No lo es sólo por el desarrollo de los niños, sino como fenómeno cultural, para toda una comunidad. Ver el juego sólo como una parte del crecimiento de los niños y niñas es un error: se debe ver como una forma de estar juntos, de construir comunidad, de ser parte de una cultura. Es importante para la vida de los niños y también los adultos. Los humanos siempre hemos jugado. En la Edad Media ya vemos imágenes de juegos, también como una forma de resistir o sobrevivir a la realidad. Por otra parte, a lo largo de la historia jugar ha sido visto por la religión como una actividad placentera que se debe abandonar, porque combina el deseo con la motivación o la autonomía y la elección. Por eso las instituciones, como lo es la escuela, siempre han tenido el juego restringido a ciertos espacios, en ciertos momentos, pero nunca integrados.

Se dice a veces que el juego es inherente a los humanos. ¿Es cierto?

Nos podemos comparar con los animales, que también juegan entre ellos, y llegar a la conclusión de que se trata de un fenómeno biológico, pero no es exactamente eso. Cuando decimos que el juego es innato es una forma de hablar. Lo que es el juego es una forma de comunicación, y esto lo desarrollamos desde pequeños, cuando queremos contactar con los adultos.

Y además de ser un fenómeno cultural, también es útil para aprender.

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Yo no lo diría así. Me explico: jugar y aprender son dos cosas que se parecen mucho por varios motivos. En primer lugar, sólo se puede hacer si hay voluntad propia. No puedes jugar o aprender por la fuerza, necesitas motivación. En segundo lugar, son actividades muy difíciles de delimitar en el tiempo. Por mucho que pongamos horarios, aprendemos constantemente. El aprendizaje lo desborda. Y con el juego pasaría lo mismo: reducir el juego a una actividad, por ejemplo, de 20 minutos, es arruinar el juego. Si los niños y niñas saben que durará tan poco, acaban condicionando su predisposición.

Formularé la pregunta de otra forma ¿qué habilidades o competencias cree que permite desarrollar el juego?

Lo más relevante es que a través del juego aprendemos a estar juntos, a estar con los demás, a negociar, a dialogar. Es crucial. Aprendes a interpretar lo que piensa el otro, a ceder, a defender lo que crees. También aprendes a colaborar, pones en práctica la democracia. Los niños han de decidir a qué juegan, quién encarna cada rol, cómo cambian estos roles a lo largo del juego… Se pasan el rato hablando, negociando. Y como uno de los objetivos del juego es que dure en el tiempo, suelen ponerse de acuerdo. Incluso hay juegos, como el de tocar y parar, en el que se discutirán las normas -hasta dónde se puede correr, cómo te salvas … -, y si alguien las vulnera debe debatirse cómo se actúa.

Søs Bayer es profesora de Educación en la Universidad de Aarhus.
Søs Bayer es profesora de Educación en la Universidad de Aarhus. / © Robert Bonet

Cuando comentaba que la escuela ha restringido los espacios de juegos por cuestiones históricas, seguramente hay una excepción, que es la guardería y la etapa de Infantil. ¿Por qué?

Tiene que ver con el corte que durante la industrialización se hace entre el trabajo (incluida la escuela, que es una preparación) y el resto. También tiene que ver con que más recientemente la Psicología evolutiva ha estudiado cómo el juego es muy importante para los más pequeños, sobre todo antes de los seis o siete años, cuando ya pueden empezar a pensar en abstracto. En los países nórdicos todas las guarderías tienen un gran interés por el juego como una de las partes cruciales de la vida de los niños.

Ahora también en secundaria hay casos de profesores que incorporan metodologías como la gamificación, que coge componentes del juego, como la superación de retos. ¿Qué le parecen, estas propuestas?

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Si nos ceñimos a la teoría, lo que hacen no se puede considerar jugar. Seguramente es una forma mucho más entretenida y motivadora de aprender que escuchando todo el rato el maestro. Es lógico que hayamos adaptado los juegos a las situaciones de aprendizaje en los centros, porque jugando se aprende mucho. Pero debemos tener cuidado a la hora de racionalizar el juego. Esto se llama didactitzarlo. Debemos tener cuidado porque podemos corromper la esencia del juego. El juego debe ser voluntario, debe durar lo que sea necesario y no debe tener ningún objetivo más allá del lúdico. Pero repito: propuestas como las de la gamificación (ludificación) son interesantes y válidas.

¿Usted es de la opinión que el juego también debe ser libre?

Libre y voluntario, sí.

¿Necesitamos juguetes para jugar?

Es evidente que no, pero no debemos olvidar que los juguetes han sido parte del juego durante siglos, como las pelotas o las cuerdas. Ahora bien, sí es cierto que cada vez hay más juegos y más didactitzados, que sirven para aprender a contar, a leer… Pero, al final, los niños acaban utilizando los juguetes como ellos quieren. En las guarderías está prohibido jugar a pistolas, pero ¿no has visto nunca un niño coger una pieza de puzzle y hacer ver que dispara? En mi país hay el ejemplo de Lego. Ellos venden sus modelos, pero después los niños acaban construyendo y deconstruyendo como quieren.

En una entrevista, el genetista David Bueno explicaba que si ves que tu hijo juega con una botella como si fuera un cohete, lo último que tienes que hacer es comprarle un cohete de juguete.

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¡Claro que no! Ya tiene un cohete, y lo ha creado él.

Es lo que se llama el juego simbólico: cuando los niños tienden a recrear sorbetodo situaciones adultas mientras juegan. ¿Por qué lo hacen?

Porque les gusta convertirse en otro. El rol más adoptado suele ser el de la madre -cuando juegan padres y a madres-, porque es la figura más poderosa, la que lo decide todo.

Los juegos seguramente han experimentado un antes y un después con la eclosión de las nuevas tecnologías. ¿Lo ve así?

Sí, aunque considero que los niños, tal como hacen con el resto juguetes, acaban haciendo un uso propio de estas tecnologías. En este sentido, solo me preocupa de las nuevas tecnologías el hecho de que puedan estar todo el día sentados ellos solos ante una pantalla, eso es evidente, aunque a veces pensamos que están aislados y en realidad se están comunicando con otros de nuevo a su manera. Por lo demás, considero que pueden estimular la imaginación de formas similares con muchas tecnologías.

Søs Bayer es profesora de Educación en la Universidad de Aarhus.
Søs Bayer es profesora de Educación en la Universidad de Aarhus. © Robert Bonet
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