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Familia e infancia

“Un gobierno que no invierte en su infancia no es inteligente”

Violencia, dificultades en la educación y el nivel de pobreza son los tres grandes problemas que ha de enfrentar la infancia en España.

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Todo lo que tiene relación con mejorar las condiciones de vida de la infancia “genera un alto nivel de consenso y un bajo nivel de ejecución” en los presupuestos y en las políticas públicas. Así describe la situación Maite Pacheco, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Unicef Comité Español.

Hoy se conmemora el Día del Niño. Hemos querido hablar con dos de las organizaciones que más esfuerzos dedican al colectivo de la infantia: Unicef y Save the Children. La situación no es buena.

En los últimos dos meses han las cifras han vuelto a estar en la prensa. Un tercio de la infancia vive en situación de pobreza o exclusión social. Son más de 2,4 millones de niños. Los datos se recogen de las estadísticas oficiales y se ponen en relación con una serie de indicadores que la UE ha fijado para todos los países. No son producto de la visión exagerada o sesgada de una organizaciones particularmente preocupadas por la situación de la infancia.

Y el problema no solo es que las cifras sean escandalosas, sino que las políticas públicas, cuando las hay, no son eficaces, o no tanto como podrían ser.

El ejemplo lo da Catalina Perazzo, responsable de Políticas públicas de Save the Children. La prestación por hijo al cargo empieza a sonar en España después de que otros países (no sólo nórdicos) la hayan puesto en marcha. Perazzo asegura que es el método más eficaz para sacar de la pobreza a los niños y las niñas. En España no se contempla esta posibilidad. La razón, para esta experta, es que los niños no votan en las elecciones, por lo tanto no están en el centro de los intereses de los legisladores.

Para Pacheco, la crisis fue la excusa perfecta. Y a pesar de que ahora parece que los datos invitan a cierto optimismo, las políticas sociales, así como la educación, han vuelto a caer. Insiste además, que a la hora de plantear esta prestación, hay quienes entienden su importancia, pero no tienen responsabilidades de gobierno; hay quien las entiende, pero asegura que no hay dinero para asumirlas y, finalmente, hay quienes se muestran reacios a las evidencias que se aportan desde las organizaciones.

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Evidencias como, indican ambas, el caso de Irlanda. Un país que ha sufrido la crisis de una manera similar a España, pero que ha decidido apostar por políticas de infancia, por ofrecer la prestación por hijo al cargo y que está consiguiendo reducir los datos de pobreza.

Una resopnsabilidad compartida

Países como España, u otros de la cuenca mediterránea, son países con una cultura que le exige mucho a las familias, como soporte de la sociedad. Problemas como los de la pobreza, el acceso a determinados servicios, los cuidados de la vida o la violencia, quedan guardados en el ambiente privado.

Frente a la nuestra, otras, no solo las escandinavas, aunque son el ejemplo de referencia siempre, entienden, como explica Perazzo, que “el niño es de todos”.

La Convención de Derehos del Niño, además, no solo hace una descripción de los derechos que deben asistir a la infancia, sino que responsabiliza, por un lado, a las familias y, después, a las administraciones en el cumplimiento de estos derechos.

La violencia

Ciberbullying, sexting, acoso escolar, maltrato, abusos sexuales. ¿De verdad es tan grave la situación que nos describen las organizaciones? Sí, afirman. Sobre todo porque buena parte de las agresiones que sufren niñas y niños se dan dentro del ámbito familiar cercano. La mitad de todos las denuncias por delitos contra la libertad sexual lo son con la infancia como víctima.

Tanto Pacheco como Perazzo insisten, además, que estas cifras son solo la punta del iceberg. Perazzo abunda en la dificultad que supone para un niño o una niña darse cuenta de la situación de abuso que ha sufrido o sufre; después ha de contarlo y, además, denunciarlo. Los procesos judiciales, además, son extremadamente complejos y pueden llegar a ser una forma de revictimización para niñas y niños. Para Save the Children, las denuncias que se ponen son solo la punta del iceberg.

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Perazzo asegura que hay mucha violencia física y psicológica contra la infancia, y que tiene importantes efectos en el futuro de quienes la sufren. A esto se suma que las respuestas que se dan son “fragmentadas”, en vez de integradas. Esta es una de las razones por las que las organizaciones han venido reclamando una Ley de protección de la infancia. Un texto que, además, la ONU ya invitó a redactar a España en 2010, a imagen de la Ley Integral contra la Violencia de Género.

Una ley que, además de las medidas de prevención, sanción, sensibilización o restauración, sirviera, dice Perazzo, como la de violencia de género para generar un cambio social que dejara de ver como algo aceptable o privado el que una persona adulta ejerciera violencia sobre una niña o un niño. “Hay que acabar con la aquiescencia de que al niño se le puede maltratar”, afirma Pacheco también. Un cambio cultural que podría ser la base para una nueva mirada hacia la infancia, como formada por personas sujetos de derecho.

Educación

La educación es otro de los derechos que, a pesar de que parece estar garantizado para todas las personas, no lo está. Ambas organizaciones ponen el foco en el hecho de que un 20% de la población menor está dentro de las estadísticas de abandono escolar temprano. Algo falla cuando un porcentaje tan significativo de la población no ve garantizado su derecho a la educación, llave, como es, para el disfrute de otros tantos derechos.

“Qué país estamos dejando” se preguna Pacheco al hablar de abandono educativo. “Hay que preguntarse por las circunstancias que lo hacen posible”.

“El de la educación es un tema de equidad”, afirma Perazzo. El sistema educativo es el instrumento que iguala, o es la idea, las oportunidades de niños y niñas. “Esto no es así”, sentencia. “Hay una serie de costes ocultos, explica la experta de Save the Children, que hacen que la brecha se acentúe”: discapacidades, sergegación por origen, etnia o por itinerarios formativos serían algunos de los elementos que dificultan una mayor equidad.

Señala la educación 0-3 como uno de los elementos más potentes para mejorar los niveles de equidad, demostrado en gran cantidad de estudios su efecto sobre el desarrollo educativo posterior. Una educación, claro está, de calidad.

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También hace falta poner atención a los mecanismos de segregación, así como las causas que han probocado que las personas con mayor poder adquisitivo hayan abandonado la escuela pública en muchas zonas con lo que, además, se generan centros gueto. Otros temas estarían relacionados con mejorar la formación del profesorado, con la rotación a la que se ven obligados o la necesidad de que el sistema se adapte más a los colectivos más vulnerables.

“No es solo una cuestión de recursos”, dice Perazzo, también lo es de qué políticas se ponen en marcha. Y señala el programa de bilingüismo de la Comunidad de Madrid como un programa que está provocando ciertos niveles de segrecación. “Es un asunto de cómo se invierte el dinero”.

Y sentencia Pacheco: “Un gobierno que no invierte en su infancia no es inteligente”.

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