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Hacer de la cultura ecológica algo más que conocimiento: que llegue al comportamiento

Se hace necesario aumentar la profundidad del conocimientos sobre problemas ambientales y, así, pasar a la acción para mejorar la situación.

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Imagen de archivo

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El medioambiente, la ecología están de moda. Muchos centros hacen grandes esfuerzos para mejorar sus estadísticas de reciclaje, o para saber qué es la huella ecológica o cuánta energía se consume en el colegio en calefacción o luz eléctrica.

Algo más que importante, fundamental. Pero que a veces no llega a mover a las personas para que realicen o exijan cambios de comportamiento que sean más beneficiosos para el medioambiente.

Esta es, podría decirse, la semilla que llevó a Fundación Sociedad y Educación, junto a Fundación Endesa, a poner en marcha sus premios a la ecoinnovación educativa hace ya tres ediciones. La de este año acaba de abrir plazo de inscripción de proyectos hasta el 14 de diciembre.

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Lola Velarde, además de se ingeniera agrónoma, es la responsable de la Fundación Sociedad y Educación en este proyecto que nació de los datos de una encuesta que realizaron entre jóvenes y población en general sobre conocimientos, actitudes y acciones en relación a los asuntos medioambientales.

De los datos de aquel estudio se desprendió que prácticamente la totalidad de la población tiene claro que los asuntos que trata la ecología son importantes y cada vez más. Pero al mismo tiempo detectó que el conocimiento pofundo sobre estos problemas (véase el cambio climático) era mucho menor. Y mucho más todavía el porcentaje de personas dispuestas a realizar cambios actitudinales para cambiar las cosas.

“En el ámbito educativo vimos que estaba por desarrollar este aspecto. Cuando preguntabas por proyectos prácticos que hibieran realizado (en los centros educativos) en materias ambientales, solo respondían el 10%”, asegura Velarde.

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Por eso nacen los premios, para valorar a quienes están realizando ya buenas iniciativas, darlas a conocer, que otras perasonas puedan replicarlas. Pero también, apoyarse en esas personas que ya están haciendo cosas “con compromiso, ilusión y verdadera convicción” para así “divulgar esta cultura ecológica; que pase de las ideas a la práctica, del conocimiento al comportamiento”.

Innovación y multidisciplinariedad

Estas son dos de las características que se ven en muchos de los proyectos. Es lo que se termina, de hecho, valonrando. Entendiendo por innovación, por ejemplo, el desarrollo de alguna app. Pero no solo.

Al tratarse de proyectos con un alto grado de investigación por parte del alumnado, provoca que muchas de las materias curriculares se vean implicadas en dicho proyecto. Sobre todo en el caso de las acciones que se implementan como centro completo. El caso es que diferentes partes del proyecto serán estudiadas desde la perspectiva de diferentes asignaturas.

También favorece esto el hecho de que sean actuaciones muy relacionadas con el trabajo por proyectos. Algo que, dice Velarde, ayuda en todos los casos al alumnado, pero especialmente a aquel que parecía estar descolgado del sistema educativo.

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Tres categorías

Hay tres categorías en el premio. Las dos primeras, pensadas para grupos (como mínimo de tres alumnos) apoyados por alguna persona del equipo docente. En la primera de ellas se valoran procesos relacionados con el conocimiento de alguna realidad medioambiental. La idea es que el alumnado adquiera un conocimiento profundo de un tema concreto. Conocimiento como semilla para cambios reales

La segunda tiene que ver con proyectos que desarrollan esteos alumnos en búsqueda de soluciones más o menos innovadoras para algún problema concreto. Velarde cuenta que han recibido en las ediciones anteriores proyectos, por ejemplo, relacionados con la creación de protocolos de respuesta temprana ante incendios, después de que el alumnado haya hablado con agentes forestales de su zona y de haber constatado que había fallas en algunos puntos.

Por último se encuentra la tercera categoría en la que se premian proyectos de centro, pero no solo de centro. También cuenta qué relaciones hayan podido estableces desde el colegio para involucrar a las familias y a organizaciones ecologistas o de conservación de su zona. En este punto, recuerda un proyecto para la conservación de especies, como el gallipato, un tipo de lagarto que el alumnado de un centro quiso devolver a una zona de acuíferos cercana. Con la ayuda, entre otros, de la ONG SEO Birdlife.

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Cada premio, además de la entrega en Madrid y la difusión, lleva aparejada una pequeña cuantía económica para cada centro educativo. En el caso de los proyectos de centro, pensada para colaborar en la mejora de la eficiencia energética.

Para más información, es posible consultar en esta web las bases y requisitos para inscribir al centro o al grupo que realizará cada proyecto.

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