Entrevista a André Stern. Músico, compositor, lutier, escritor y periodista.:

Entrevistas

“Los niños llegan al mundo como bombas, fuentes de potencial”

Andre Stern defiende un cambio de actitud hacia la infancia, con más confianza y libertad para que dediquen su tiempo a aquello que les entusiarme.

Pablo Gutiérrez del Álamo 26/11/2018

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André Stern es un hombre peculiar. No ha pasado por una escuela en su vida. Tiene algo más de 45 años y un par de hijos. Ellos tampoco van a pisar la escuela (a no ser que así lo elijan). Defiende la necesidad de confiar en la infancia, de aceptar a niñas y niños tal y como son y dejarles entusiasmarse por aquello que quieran, sin forzar según qué aprendizajes, sin emitir juicios sobre lo que deberían o no hacer. Lo que cuenta choca diametralmente con todo lo que son los sistemas educativos. Entre otras cosas porque la educación, la escuela, no deja de ser una máquina que funciona con métodos, y él es claro en esto: “No creo en los métodos”.

El entusiasmo, la importancia dle juego o la falta de confianza en la infancia son algunas de las ideas que atraviesan tu pensamiento. ¿Estamos peor o mejor ahora que antes?

La falta de confianza en los niños viene de antiguo. Hoy se han desarrollado técnicas pedagógicas que la acentúan. La discriminación por edades está inscrita en nuestra sociedad desde hace siglos. Es una vieja creencia y a nuestros niños no les gusta nada eso porque ven el mundo como un océano de diferencias…

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¿Por qué nos separa el sistema educativo por edades cuando esto no vuelve a ocurrir nunca más?

Yo creo que es un malentendido (risas). Esa falta de confianza está sedimentada en un principio que te explico ahora. Nos hemos hecho una cierta representación de la naturaleza a través de Darwin, de Descartes… Una separación entre el hombre y la naturaleza… y ahora se están unificando esos conceptos.

Al mismo tiempo que se han desarrollado esos paradigmas separatistas de Darwin y Descartes hemos empezado a creer que la infancia era el punto cero, el punto de partida del desarrollo humano. Y que al final de ese desarrollo se llegaba al adulto. La infancia era el valor cero frente al adulto es el valor total. Y si crees eso, como todo el mundo, te pones así. (En este momento, André se levanta del asiento y se acerca al entrevistador, que permanece sentado. Me mira desde arriba, imponente, con los brazos cruzados). No es agradable para el niño. Es una cuestión de actitud.

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Ahora tenemos información científica nueva. Y en este mundo, en el que lo que está científicamente demostrado vale mucho más, es muy importante. Sabemos que nos equivocamos completamente. Los niños llegan al mundo como bombas, fuentes de potencial. Nuestros programas genéticos no saben ni cuándo ni cómo vamos a venir al mundo. Por eso estamos equipados de todas las posibilidades; un niño puede convertirse en cualquier cosa y puede aprender cualquier cosa. Según sea su entorno. Y en realidad la versión completa, con todo el equipo, es el niño. Vamos a menos, en vez de a más, hay cosas que vamos perdiendo. Vamos perdiendo miles de potencialidades. Y nos queda muy poco al final. ¿Sabes lo que queda al final? Un adulto (risas).

Para que esto no ocurra, ¿todo el mundo debería jugar todo el tiempo?

No es tanto jugar como estar en una actitud. La actitud del niño que juega. El niño es un ser fronterizo que vive entre lo imaginario y lo real. Y puede viajar de un lado al otro. Coge una piedra el mundo real y la convierte en un coche en el mundo imaginario. Nosotros hemos cometido el error de separar lo imaginario y lo real. Pero lo que nos va bien, cuando estamos a gusto, es cuando los reunimos. Y cuando hacemos esto se dice que somos creativos o que jugamos.

Es una cuestión de actitud, de confianza. La idea de que yo soy la persona adecuada y en el momento adecuado. Es una cosa libre de juicio, de valor. Y así venimos todos al mundo. No se trata de desarrollar un mundo en el que se juegue, es intentar saber cómo seríamos si no nos impidieran jugar. Lo que me ha pasado (en castellano -risas-).
¿Ves la diferencia? Si no, parecerá que hago una llamada al infantilismo.

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Te mueves en un lugar que me resulta un poco extraño…

Es difícil de entenderlo porque es un lugar que no existe hoy día. Pero los niños lo entienden ( en castellano – risas). Conocen ese lugar porque es donde viven.

No fiste a la escuela nunca. Aprendiste a través de la lengua, el juego…

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Igual que tu aprendiste tu lengua materna…

Pero, para que eso fuera posible, entiendo que te criaste en un ambiente de alguna manera privilegiado. Supongo que tenías acceso al conocimiento, a la información.

Al mundo… Viví en un lugar privilegiado que es nuestro inmenso mundo. Este es el mundo de la infancia, todo el mundo. Los niños tienen una apertura mental gigantesca. No conocen los ismos: racismo, sexismo… son completamente libres de juicios. Y van hacia el mundo al encuentro del otro, sin discriminar. No discriminan entre oficios y materias. Matemáticas o hacer punto es igual de importante. Y el conocimiento del mundo está en el mundo. Y la infancia va hacia el mundo.

Creer que provengo de un medio privilegiado es injusto porque crees que los demás no están en él. No es verdad. Eso hace que perviva una idea elitista de la educación. Creer que crecí en un ambiente particular es creer que mis padres se despertaron un día y dijeron: “Guau, todas las condiciones ideales se están cumpliendo y ahora vamos a respetar los ritmos y los rituales dela infancia”. Y no, no fue así (risas). Ellos inventaron las circunstancias y eso todo el mundo puede hacerlo. Porque el niño escribe su propia historia, y va hacia el mundo, pero con una condición: le hace falta un lugar al que atarse, anclarse, como cuando llegan los barcos al puerto. Este puerto es una actitud de sus padres, de confianza incondicional. Es un lugar no geográfico en el que te digo: “Te quiero porque eres como eres”. Y eso no se lo decimos a nuestros niños. Decimos que te querría más si satisfacieras el conccepto que tengo de ti, si lloras menos, si eres buena en la escuela… para que te quiera completamente, tienes que cambiar (hace una mueca). Y eso no queremos oírlo, no es agradable. Uno se acostumbra a que se lo digan pero no es agradable. El puerto seguro es ese sitio en el que te dice: “Te quiero como tú eres”. Y cuando estás en ese puerto seguro, vas por el vasto mundo libremente.

Se dice siempre: “Es difícil ser padre, es un trabajo, es tiempo, energía, ¡no puedes equivocarte!, ¡no puedes cometer errores! ¡no puedes perder el momento adecuado! (risas)”. No es verdad, no es verdad, no es verdad… Si tienen un puerto seguro, si se lo has dado a tus hijos, la actitud y no solo palabras (“te quiero porque eres como eres”), la confianza (la primera cuestión), si has hecho esto como padre, te puedes relajar (se reclina en la silla, estira las piernas y cruza los brazos detrás de su cabeza. Ríe). Ya eres un buen padre (risas). Es fácil.

La moción de censura que se hace a la infancia lleva a una sociedad con un gran problema. ¿Sabes cuál es la frase que más se dice? “Soy malísimo en matemáticas” (risas). ¿La habías escuchado? Es un juicio. Esa frase no quiere decir nada. Ninguna de las palabras de esa frase es adecuada. ¿Sabes cuál es la frase correcta desde el punto de vista científico para decir de verdad lo que sientes cuando dices que eres malo en matemáticas? Las matemáticas no me interesan. Si las matemáticas te interesan, eres excelente. Es una cuestión neurobiológica. No aprendemos lo que no nos interesa. El cerebro no puede.

Sin embargo, si te dedicaras a lo que de verdad te interesa, a lo que te entusiasma, estarías conectado con tu genio todo el rato. Y cuando uno piensa que es malo en matemáticas, es un viejo recuerdo de la infancia. Nos vemos ahora como nos vieron cuanto éramos niños. (Vuelve a levantarse y a situarse junto al entrevistador, brazos cruzados y mirada en picado: “Te querría más si fueras bueno en matemáticas”).

Esto me recuerda a las palabras del ministro Wert cuando dijo que había asignaturas que distraen de aquellas que son importantes (matemáticas y lengua). También a una anécdota personal cuando una profesora me dijo que elegí la opción más fácil al dejar a un lado las matemáticas por el latín y el griego.

Es esta obsesión por lo difícil. ¿Por qué? Si es fácil es porque te interesa. Si te interesa, te volverás genial. Es como si la genialidad estuviera prohibida. Es tan absurdo… Todos los sistemas buscan el camino más fácil. Porque un sistema solo sobrevive si consume poca energía. Todo reposa sobre una ecuación de consumo energético. Cuanta menos energía consumes, mejor funcionas. Todas las sociedades, menos la nuestra (la humana), intentan economizar al máximo la energía. Van hacia lo fácil. Y nosotros buscamos el camino difícil. ¿Has visto nuestro consumo energético? (más risas).

¿Qué hacemos con la escuela? ¿con el sistema social? Hablas de que los títulos académicos no te abre más puertas en el trabajo… Qué hacemos con todo eso…

(En castellano) No lo sé. Y no quiero saberlo porque, si no, podría encontrar respuestas e intentaría vender un sistema. Creo que no hay una sola respuesta. Hay tantas como individuos y esto en realidad es lo que me interesa. Corresponde a una nostalgia que tenemos todos. Los nuevos conocimientos nos sientan bien. Cuando dejan de separarnos, cuando dicen que no podemos aprender lo que no nos interesa, nos sentimos mejor.

Si de repente, en vez de creer que eres melísimo en matemáticas, te das cuenta de que lo que te sucede es absolutamente normal, si dejas de pensar que eres criticable y que has hecho mal por elegir el camino fácil, aaah, la vida se vuelve más agradable, más fácil y, de repente, tú eres la persona adecuada, en el momento adecuado y en el lugar adecuado. No quiere decir que seas bueno o malo. Peor o mejor que otro. Eres la persona adecuada. (Suspira profundamente). Qué fácil es…

Cuando estás en este estado puedes inventarte un mundo nuevo, que no sé cómo va a ser. Todo es una cuestión de actitud y no de método. Si se cree que es el método, vas cambiando de método. Pero el cambio verdadero es el cambio de actitud. Luego los métodos… puf… Por eso no critico ni elogio métodos. No creo en ellos. Y está bien ¿no? (risas).

¿Cómo es un día, una semana, en tu vida? ¿cómo funcionáis en casa?

Como no hay un programa definido, siempre es diferente. Pero como todas las familias, y como todos los niños, hay ritmos y rituales. Y van cambiando.

Durante mucho tiempo, mi hijo mayor, Antonin, era un apasionado de los cohetes. Pasábamos casi todos los días y las noches con los cohetes. Y ahora, desde hace 6 meses, es un apasionado de los pilotos de carreras. Y mi vida ha cambiado mucho. No era mi ideal familiar, pero es así. Antonin se entrena como piloto, y eso le ha cambiado la vida. La organización siempre es una cuestión de encuentros.

Yo escribo libros y hago muchas conferencias. Mi mujer es actriz y trabaja mucho. Y la gente que trabaja en el equipo de karts en el que entrena mi hijo se han enamorado de Antonin, porque se lo toma muy en serio. Se han convertido en amigos. Son cuatro personas ocupándose de él. Una vez que yo estuve en Austria y mi mujer estaba en unos ensayos… el niño tenía que ir al kart ¿Qué hacemoscon Benjamin? Es el pequeño; tiene 2 años y medios. ¿Sabes lo que dijo la mujer del entrenador de karts? “Ya me encargo yo”. La organización es muy diferente porque la red social de alrededor la crean los niños, porque confían en ellos.

Lo que me cuentas, me suena un poco a darle la vuelta al sistema social…

Lo bueno es que hoy estamos viendo que los viejos paradigmas y las viejas actitudes no funcionan.

En España hay un movimiento grande de innovación educativa. Se trabaja mucho por proyectos. .

Las cosas están cambiando, pero las viejas actitudes se mantienen. Se inventan nuevos métodos interesantes, pero seguimos así (vuelve a lenvantarse y a cruzar los brazos). Sea cual sea el método que utilice, si mi actitud es esta, no va a ser agradable para ti. Para mí el cambio tiene que empezar ahí. Y, poco a poco, los métodos se desarrollan por sí solos. Tú y yo, si no nos conocemos y nos encontramos por una calle de Madrid, y yo me paro y te paso la mano por el pelo y te digo: “Qué guapo que eres”. ¿Sabes cómo vas a reaccionar, no?

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Eso espero (risas). Y a los niños se les hace todo el rato. Y lo ven. “¿Cómo? No me tratas igual”. Hay discriminación. “¿Yo no formo parte del mismo grupo que el de los adultos?”. Es una exclusión, y esta hace daño porque la manejan las mismas redes neuronales que el sufrimiento. Este es el priblema de nuestra sociedad, la discriminación. Y un niño que no vive la discriminación, vivirá después sin ella, y eso cambiará el mundo. En una generación. En una generación puede cambiarse todo. Es extraordinario. Las cosas van a cambiar como nunca. ¿Sabes por qué? Porque es fácil. Y lo que es fácil, entre seres vivos, funciona. Y lo que es difícil, se detiene. En cuanto hay fricción, el movimiento se detiene.

Una vez un niño de 10 años me dijo que los adultos siempre creíamos tener la razón…

Y no eres solo tú el que tiene esa actitud, la tiene todo el mundo. No es una cuestión de responsabilidad individual, sino de responsabilidad social. Pero lo extraño es que empieza por el individuo.
Si hay una cosa que puedes llevarte de esta conversación, seguro, es que cuanto algo es fácil es lo adecuado. Es el principio de la termodinámica (risas). Si pones frenos al planeta verás como se detiene (más risas).

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