Ecoescuela abierta

Las toallitas húmedas escalan en el ‘ranking’ de la contaminación ambiental

Indaguen entre el alumnado de su clase si se conocen, si en su casa las emplean, si hay alguien que las utiliza, o, incluso, si las porta en la mochila.

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Imaginemos que los estudiantes de primaria y secundaria realizan tareas caseras de compra, aunque sea como acompañantes. Pregúnteles si han visto en las estanterías a las reinas de la higiene personal; sí, estamos refiriéndonos a las toallitas húmedas, que son “lo más plus”. Han colonizado nuestros cuartos de baño y por ellos expanden su glamour; tienen un gran poder de seducción. Por eso no debe sorprendernos que en un colegio de una gran ciudad española el papel higiénico haya sido sustituido por las toallitas húmedas. Así me lo contó una compañera entusiasmada (sic). Normal que así pase pues en cualquier supermercado se pueden encontrar de diversas marcas y calidades. Parece que nos dicen: ¡Cómprame, soy lo mejor que te puedes encontrar! Pero tienen bastantes peros. Su primera paradoja existencial es que su vida útil es efímera: duran unos segundos, se cargan de cosas sucias y enseguida se tiran. La segunda es que en el envase pone que son biodegradables, que se pueden tirar al inodoro directamente; gran mentira, y si no que se lo pregunten a las depuradoras, a donde llegan casi intactas. Algunos de sus componentes tardan 500 años en desaparecer.

Indaguen entre el alumnado de su clase si se conocen, si en su casa las emplean, si hay alguien que las utiliza, o, incluso, si las porta en la mochila. Cuéntenle que la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios de España) ya recomendaba hace un par de años, como resultado de una investigación que hizo sometiendo a diferentes pruebas a 19 marcas diferentes, su retirada por sus perjuicios ambientales y la publicidad engañosa que difunden: NO SON BIODEGRADABLES.

Algún fabricante ya propone tirarlas a la papelera del baño, pero nos tememos que la gente no lee la letra tan pequeña. Quizás no es común que en los cuartos de baño de las casas –o en las escuelas- exista un contenedor para lo higiénico, cosa extraña hoy en día pues allí deberían ir otros materiales de uso cotidiano –algodones y celulosas diversos, pañuelos de papel, los palitos de los oídos, etc.-. ¿Por qué cuesta tanto a la gente la separación de los residuos en los cuartos de baño? El Canal de Isabel II, que abastece de agua a Madrid, ha lanzado para los más pequeños el spot “Matilda, las toallitas a la papelera”. Los expertos dicen que deberían utilizarse solamente para usos muy ocasionales, en determinadas personas ultra sensibles al papel higiénico o que no se puedan lavar sus partes sensibles con agua.

Una gran cadena española de supermercados, de las que más vende, anuncia “papel higiénico WC húmedo”. Dice que ha sido elaborado tras grandes inversiones en investigación, y es desechable por el inodoro; pero no dice cuanto tiempo tarda en “biodegradarse” cada subproducto y sugiere no echar al inodoro más de dos toallitas simultánemente. ¿En qué quedamos? Además, para colmo de la anti-ecología, aconseja utilizar la mayor descarga posible de la cisterna. ¿Leerán los consumidores estas instrucciones? El caso es que la venta de toallitas húmedas crece exponencialmente; se calcula que se venden más de 50 millones de paquetes solo para bebés. ¿Cómo se para este despropósito?

Hay que recordar una y otra vez que las toallitas vertidas al inodoro viajan por la red de saneamiento y atascan los sistemas de depuración. Los productos que se tiran al váter han aumentado un 20 % en los últimos años en la Comunidad de Madrid, lo cual significa unos 4 quilos por habitante; en Valencia han bloqueado varias veces el sistema de canalización hacia la depuradora; en Zaragoza contribuyeron a reventar una de las depuradoras y desde entonces hubo de parar varios meses. The New York Times denunciaba que la ciudad de Nueva York gasta del orden de 5 millones de dólares anuales en solventar los problemas que las toallitas originaban en su red de alcantarillado y saneamiento. El precio de utilizar el inodoro como papelera es muy alto.

Frente a ellas, el papel higiénico actual es sumamente delicado -viene en prácticos rollos desde que los hermanos Scott así lo vendieron en 1867. Por cierto, no lo desperdicien, tampoco en la escuela, pues WWF calcula que cada día se destinan más de 300.000 árboles a fabricarlo –cada familia española más de 100 kilos anuales-. Por otra parte, algunos inodoros nuevos incorporan la posibilidad de utilizar un chorrito de agua para eliminar los restos de materia no deseada; además, en muchos cuartos de baño hay un bidé –qué gran invento francés del siglo XVIII-, homenajeado por la canción “El Barón de Bidet” que La Trinca popularizó en 1988.

La EurEau (Federación Europea de Asociaciones Nacionales de Suministradores de Agua Potable) está alarmada y no sabe cómo resolver un problema que va creciendo ni acierta a dar con la manera de educar a los ciudadanos, porque el proceso de saneamiento es vital para la salud pública. Y avisa de que el costo de recogerlas alcanza ya unos mil millones de euros anuales, que lógicamente habrán de repercutir en todos los usuarios, con el consiguiente enfado de quienes no las emplean. Será por eso que hemos encontrado artículos de prensa en los que ayuntamientos han declarado la “guerra a las toallitas húmedas” o aquella otra que se pudo en marcha con el lema “los retretes no son una papelera”.

Si quieren, hagan un sondeo en su clase para conocer cómo va el asunto en los domicilios del alumnado, y en el propio. Pregunten cuándo fue la última ocasión en la que se utilizaron toallitas. Si los datos son buenos, felicítenlos por no contribuir a propagar una nueva plaga ambiental. En caso contrario, deberían hablar más sobre el tema para llegar a ser una ecoescuela abierta.

Carmelo Marcén Albero (www.ecosdeceltiberia.es)

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