Pedagogías del siglo XXI

Sí, pero. Un encuentro muy especial

Los encuentros distendidos y sin prisas, con docentes de diversas generaciones y niveles educativos, sin otra finalidad que la mera conversación, son de una riqueza extraordinaria.

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Melissa Thereliz CC BY-NC-SA

Un viernes, a las seis de la tarde, el mismo día en que Donald Trump es investido presidente de los Estados Unidos, una maestra de Educación Infantil, un maestro de esta misma etapa y un profesor universitario -vinculados a la Facultad de Educación de la Universidad de Vic (Barcelona)-  nos convocan a una tertulia-merienda para hablar de la situación educativa de Catalunya en el marco de los escenarios locales e internacionales y, más en concreto, del movimiento “Escola Nova 21”: un proyecto impulsado por varias entidades educativas privadas que, a partir, de la selección de 25  centros considerados avanzados, que conforman el grupo impulsor y actúan como referentes formativos, se quiere extender el cambio educativo a casi 500 centros públicos y privados concertados.

En la invitación se subraya que se trata de un encuentro informal entre amigos y amigas con ganas de conversar, sin depender de representatividades ni cuotas,  ni otra finalidad que no sea un mero cambio de impresiones en un ambiente distendido. Nos juntamos un grupo de veinte personas, mayoritariamente docentes de escuelas de alrededor de Vic y de la mencionada universidad, amén de otros profesionales con diversas vinculaciones al entorno. Los hay de todas las generaciones, incluso un par de jubilados. La reunión tiene lugar en “La Fábrica. Recinto de actividades creativas”, un espacio compartido por artistas y profesionales de distintos ámbitos que actúa como dinamizador del pueblo de Balenyà y del territorio. La iniciativa es saludada  con entusiasmo y como algo muy original, casi insólito.

Resulta paradójico que, lo que debería ser habitual en escuelas y universidades, se convierta en algo extraordinario. Pero ya se sabe: ni el debate pedagógico se prodiga demasiado en el ámbito univeritario ni tampoco abunda en el escolar por falta de tiempo. Por otra parte, la organización institucional y el ritmo acelerado de las dinámicas cotidianas obstruye la celebración de este tipo de actividades tan intelectualmente productivas y placenteras.

Tras contextualizar algunas de las últimas iniciativas y vicisitudes del proyecto “Escola Nova 21”, se lanzan una serie de preguntas. ¿Por qué y cómo una escuela decide cambiar? ¿Lo puede hacer todo el mundo? ¿Quién acompaña las escuelas en su proceso de cambio e innovación? ¿Cómo se garantiza la calidad educativa en todos los centros? ¿Qué hay de nuevo en estas innovaciones? En las distintas intervenciones se pone de relieve que la innovación educativa viene de lejos y que experiencias como la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, el pensamiento de John Dewey o la perspectiva socioconstructivista de  Vigotsky siguen vigentes, aunque se han ido enriqueciendo y adaptando al nuevo contexto. Igualmente se señala que los relatos innovadores y los procesos de cambio son muy diversos -se ponen algunos  ejemplos- y que no todos puede meterse en el mismo saco. “Todo centro es una realidad distinta -a menudo radicalmente diferente- y esta es la riqueza que hay que preservar y hacer crecer”. Y a continuación se alerta del peligro o la tentación por parte de los promotores de “Escola Nova 21” de tratar de homogenizar las intervenciones, sin atender al contexto específico de cada centro. Se sostiene que lo importante es detectar las fortalezas y debilidades de cada escuela para enriquecerlas o corregirlas, al tiempo que se comparten  problemáticas, intereses y retos comunes con otros centros mediante el intercambio y el trabajo en red.

Algunas intervenciones por parte de personas pertenecientes al grupo impulsor de centros del mencionado proyecto destacan, como elemento central, el trabajo en equipo. “Todos vamos a una, sin egos, y conscientes de nuestros avances y deficiencias, y de lo que nos queda por hacer. Pero hay suficiente confianza para plantearlo y asumirlo colectivamente”. Y también mucho compromiso. Otro asistente refuerza aún más esta dimensión: “El siglo XX es el siglo de los buenos maestros, mientras el siglo XXI es el de los buenos equipos de maestros”. Una afirmación que da en el clavo y que obtiene el consenso absoluto. Las dudas surgen a la hora de ver de qué modo se organiza la formación y el asesoramiento mediante “acompañantes críticos de la innovación”. Hasta ahora, sostienen algunas voces, “Escola Nova 21” es solo una marca que se ha vendido muy bien, con un relato trufado de principios y eslóganes muy genéricos que requieren mayor profundidad y una estrategia más clara para gestionar este proceso de  cambio e innovación a los 458 centros que se han querido sumar al movimiento. “Unos por convicción y otros quizás por oportunismo: porque les da un sello de garantía de calidad de cara las familias”. De todo hay.

A nadie pasa desapercibido que no es el Departamento de Enseñanza del gobierno catalán quien se ha puesto al frente de la iniciativa sino algunas entidades privadas como dos fundaciones tan emblemáticas como la Bofill o La Caixa, entre otros agentes que hasta ahora no se habían ocupado de la formación. Y aquí surge un interrogante: ¿Hasta qué punto estas entidades u otras de marcado acento neoliberal pueden condicionar hoy o en el futuro la agenda de la formación del profesorado? Hay quien afirma que existen suficientes contrapesos, así como el poder de las propias escuelas, para impedir frenar el proceso de innovación. Pero también se adivina que algunas certezas educativas hasta hace poco muy asentadas se van esfumando y que emerge el protagonismo de nuevos agentes. Vaya, que hay que modificar esquemas de análisis y ampliar la mirada para comprender la complejidad del escenario educativo actual,  afectado por los nuevos vientos de la globalización neoliberal y por inciertos y cambiantes -cada vez más velozmente- paisajes nacionales y locales. Ya nada es lo que era.

“La irrupción de ‘Escola Nova 21’ ha supuesto una sacudida importante en el mundo de la educación que ha obligado a posicionarse a los distintos colectivos y al conjunto de la sociedad. Se percibe un deseo de cambio imparable desde abajo, desde los propios centros.  Y, probablemente, jamás se había hablado tanto de educación: en los medios de comunicación y en las familias”. Se indagan  brevemente algunas de las razones de esta explosión educativa que provoca, por efecto de los mimetismos de moda, la aparición de innovadores e innovaciones por todas partes  -aunque de significado y calado muy diverso-. Hay quien añade, y no le falta razón, que siempre se ha innovado en la escuela. En efecto, la innovación nunca ha estado de vacaciones.

Un  maestro suelta una pregunta que cala en el auditorio: “Muy bien, el movimiento ‘Escola Nova 21’ pretende incidir en el cambio de aproximadamente un tercio de las escuelas catalanas, ¿pero qué ocurre con los dos tercios restantes? ¿Cómo se garantiza la calidad de todas ellas?”. Hay quien piensa que es acertado empezar por aquí, mediante sucesivas oleadas innovadoras, y hay quien subraya el efecto segregador que ello supone. Es decir, que el eje pedagógico no puede deslindarse del eje social, para garantizar la equidad de todo el sistema educativo. En este sentido, se informa que justo ayer el “Consorci d´Educació de Barcelona” -organismo dependiente del Ayuntamiento y del gobierno catalán-, para lograr precisamente que la innovación y la equidad vayan unidos, presentó otro proyecto: “Redes por el cambio”, que se propone llegar a todos los centros de la ciudad.

Cuando la tertulia va terminando surge una controversia que se polariza en torno a dos posiciones. Una sostiene que los centros que quieren llevar a cabo un  proyecto innovador realmente transformador lo  tienen muy difícil porque la Administración dice que lo reconoce y alienta pero, en la práctica, le pone toda clase de trabas: “Porque no puede controlarlo, se le escapan de su vigilancia y le incomoda”. La otra posición, aún admitiendo esta argumentación, apuesta por superar  el “sí, pero”, anteponiendo las posibilidades a las dificultades. “Porque sí se puede. ¿Quién dice que no es posible, cuando cambiamos la escuela cada día?”. La gente, se añade, no se da cuenta del poder que tiene. Eso sí, refuerza otra maestra: “Hay que tener un proyecto y un equipo”. Volvemos a lo de antes.

Son las nueve de la noche. Llevamos desde las seis y el tiempo no da para más. Hemos estado hablando de aquello que nos importa, tratando de dar sentido a las palabras, con la escucha activada, el verbo libre y los rostros sonrientes y relajados, con algunas gotas de humor. Aquí no hay acuerdos ni conclusiones. Nos lo hemos pasado francamente bien y encima hemos aprendido lo suyo, compartiendo saberes y experiencias con gente que trabaja con la infancia más diversa, con estudiantes universitarios y en otros quehaceres educativos. Esta noche a buen seguro que no soñaremos con parrillas administrativas que rellenar, ni con evaluaciones, ni con  otras miserias burocráticas   Ha sido una excelente y placentera manera de cerrar la semana laboral. Que se repita.

 

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