Pedagogías del siglo XXI

Medellín 2. Culturas y espacios para la cohesión comunitaria

La educación no formal es un poderosos instrumento contra la violencia y a favor de la inclusión social

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Parque Biblioteca La Ladera. Fotografía: SajoR CC BY-SA 2.5 wikimedia

Tomamos el metro en la estación de “Estadio”. Lo más llamativo es la pulcritud del piso del andén -limpio como una patena-  y el comportamiento cívico en el interior de los convoyes. Es algo que forma parte de la llamada “Cultura Metro”, un modelo de gestión social y cultural ciudadana que fomenta la convivencia en armonía, el buen comportamiento, la solidaridad, el respeto de normas básicas de uso de los bienes públicos y el respeto propio y por el otro. Nos apeamos en la de “Acevedo”, una intersección de líneas donde se encuentra la Bibliometro, un servicio de préstamo de libros y de Internet.

El Metro Cable nos sube hasta lo alto del barrio de Santo Domingo. Por el camino contemplamos la pobreza y precariedad de estas viviendas bajas de autoconstrucción. Hace unos años este era un lugar inaccesible a causa de la violencia, sin comercios, servicios ni tejido social. Gracias a este transporte y a la construcción del Parque Biblioteca España la situación cambió radicalmente. No obstante, al llegar allí contemplamos, no sin cierta decepción, que uno de los tres módulos de este equipamiento se ha derribado y los otros dos andan abandonados. Un fallo en cálculo de estructuras y quizás también las prisas por inaugurarlo harán muy costosa su reconstrucción. ¿Se llegará a tiempo antes que este ahora no lugar se acabe deteriorándose física y socialmente, perdiéndose el tejido y la cohesión social tan trabajosamente conquistada?, se pregunta Emilio, uno de los acompañantes barceloneses de Kreanta.  En nuestra estancia recogemos diversas opiniones al respecto: parece que se va a reconstruir pero no se sabe la fecha. En sus alrededores hay un montón de pintadas: “El Parque Biblioteca España para jugar, reír, compartir y leer”. “A mí me gustan las salas de juego, las esculturas y las computadoras”. “Homenaje a las víctimas del conflicto”. “Esperanza por minas”. “Nos quisieron enterrar. No sabían que éramos semillas”.

Hay que decir, no obstante, que existen otros nueve Parques Biblioteca en la ciudad. Juan Luís Mejía, actual rector de la Universidad EAFIT y antiguo secretario de Educación de Medellín subraya la importancia de este equipamiento para la transformación urbanística, cultural y social de la ciudad: “Es un punto más de encuentro en una ciudad donde no hay espacios públicos para la ciudadanía. La biblioteca ha dejado de ser el espacio tradicional para pasar a ser un lugar en el que uno se puede sentar y puede pasear; es un punto de contacto con el mundo y esto lo saben muy bien los chicos que están frente al computador. Pero es que además en esta biblioteca pueden encontrar gimnasios o incluso un centro de desarrollo zonal. Para mí es una verdadera apuesta de ciudad, de cultura, una apuesta muy interesante”.

Los Parques Biblioteca constituyen uno de los iconos de la gestión de Sergio Fajardo al frente de la alcaldía (2004-2007), que entendió que en la planificación de la educación era una herramienta clave en la labor de transformación urbana y social y en su lucha por quitar a Medellín el estigma de ser una de las ciudades más violentas del mundo. Este alcalde entendió que la inseguridad se combatía, sobre todo, con la educación. Lo cierto es que consiguió rebajar sensiblemente la violencia -este año vuelve a subir- debido a la violencia causada por el narcotráfico, donde los asesinatos, la extorsión y los secuestros formaban parte de la cotidianidad ciudadana.

Fotografía: fSajoR CC BY-SA_2 / Wikipedia

Otra vez dentro del metro mi mirada se fija en una valla publicitaria: “RESPÉTATE. En Medellín la explotación sexual comercial no es un problema turístico, y se castiga con la cárcel”. Un problema que va en aumento y que surge precozmente en la infancia. Al bajar en la estación de Caribe, ahora es Roser, la otra acompañante de Kreanta,  quien me cuenta con todo lujo de detalles la conversión de un inmenso vertedero hoy en un precioso jardín  parcelado, gestionado por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se cultivan variadas y hermosas especies de flora. Nos adentramos en el barrio de Moravia, uno de los más pobres de la ciudad, con casas y comercios minúsculos, cruzando calles sin asfaltar.

Llegamos al “Centro de Desarrollo Comunitario Cultural de Moravia”, un espacio para la proyección cultural, el mejoramiento de la educación y el desarrollo de la zona oriental de Medellín, al que se le añade el subtítulo de Rogelio Salmona, en homenaje a este arquitecto popular que, como en este caso, solo utilizaba los materiales de la tierra como el ladrillo. Se trata de un edificio municipal gestionado por la Caja de Compensación Familiar Comfenalco, una de las entidades sin ánimo de lucro más importantes que destina una parte de sus ingresos a servicios culturales.

El edificio -abierto todos los días de las ocho de la mañana a las ocho y media de la noche y los fines de semana hasta primera hora de la tarde- consta de dos plantas con un patio central, salas de exposiciones, biblioteca, aulas y espacios para la realización de talleres. En el auditorio hoy toca ensayo de capoeira. Aquí caben las más variadas manifestaciones  artísticas y culturales, con carácter gratuito, para todo tipo de edades: festivales culturales infantiles, música, poesía, plástica, clowns, teatro, bazares, cuentacuentos, cursos, debates, recorridos, laboratorios, et. Entre el 25 de febrero y el 18 de marzo, por ejemplo, 30 estudiantes de arquitectura, urbanismo y sociología de Alemania y Colombia intercambian experiencias y participan de un laboratorio para desarrollar conceptos e ideas innovadoras sostenibles sobre el hábitat urbano. Estos equipamientos constituye otro de los iconos que ideó el gobierno municipal de Fajardo para el desarrollo comunitario y la inclusión social. Decía que si los habitantes de Medellín disponías de luz y agua todos los días también tenían derecho a tener cultura los 365 días del año.

La historia del conflicto está ampliamente documentada en el Museo Casa de la Memoria de Medellín, que se va renovando continuamente con las aportaciones de la ciudadanía. En uno de los paneles, precisamente,  se hace una llamada a los interesados en construir  de manera participativa las memorias sobre sus vivencias, aprendizajes y resignificaciones en los conflictos ocurridos durante el período de 1970 a 1999. También la memoria del entorno se anuncia en la cartelera “Rostros del barrio”: “Un reconocimiento para aquellos habitantes tradicionales de Moravia que, desde el anonimato de sus historias de vida y labores cotidianas, constituyen un símbolo del ser barrial, con el que cualquier habitante de este territorio se sentiría fácilmente identificado”.

Llama la atención el “Corredor de lectura”, un rincón donde se comparten nuevas temáticas: historias de familias; cuentos que los campesinos narran; pasado, presente y futuro de los libros; las comunidades negras de Colombia, sus narraciones y cantos; la música, las historias y los escritores argentinos; animales fantásticos en la literatura; los abuelos y sus historias; las aventuras de Sherlock Holmes; literatura fantástica y ciencia ficción; y la navidad en el mundo. Literatura para todos los gustos. En el patio central hay instalado un amplio buzón con el grabado de una gran oreja y la siguiente leyenda: “Ideas. Tienen quién escuche”. Al rato se acerca una pareja de jóvenes y depositan un papel: lo hacen de prisa y no nos da tiempo a preguntarles cuál es su propuesta.

El taxista que nos traslada al centro histórico de la ciudad muestra una gran pericia a la hora de esquivar las motos que se meten por todas partes y son causantes de numerosos accidentes de tránsito. Frente al Museo de Antioquia, que alberga la mejor colección de Botero, hay instaladas varias  de sus inconfundibles esculturas de enorme volumen. La entrada a este museo y a las cuarenta pinacotecas de la ciudad es gratuita para la ciudadanía de Medellín. Otra muestra del impulso y de la democratización de la cultura. Como lo es también la potente Red de Escuelas de Música. Porque para combatir, la violencia, la desigualdad y la exclusión social no basta con levantar colegios de calidad. La cultura y la educación han de permear todos los espacios de la ciudad, a todas horas, los 365 días del año.

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