Pedagogías del siglo XXI

La universidad concede el “Honoris causa” a una maestra

¿Cuántas veces ha ocurrido? Lo acaba de conceder la Universidad de Vic a María Teresa Codina (1927), una maestra catalana con una dilatada y comprometida trayectoria a favor de la renovación pedagógica y la inclusión social.

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Que esto suceda en una Facultad de Educación debería ser normal pero, hoy por hoy, se trata de un acontecimiento excepcional. El título de Doctora Honoris Causa lo recibió el 5 de junio “por su tarea como maestra, por el impulso a la renovación pedagógica y la formación de los maestros y por el compromiso con el derecho a la educación, la igualdad de oportunidades y la mejora de la educación en Catalunya”. En cierta medida, tal como explicó el profesor Joan Soler, -el encargado de glosar sus méritos y aportaciones- es un homenaje a toda una generación de maestros y maestras que se forjó en los difíciles tiempos de la dictadura franquista y dejó una huella profunda durante las primeras décadas de la democracia que aún hoy perduran. A una generación que siempre tuvo muy claros los vínculos entre pedagogía y política, pues al tiempo que trataban de transformar la educación mediante una educación más libre, integral, humanizada y pegada a la realidad, también luchaban por la recuperación de la democracia y la reconstrucción del país.

Esta maestra se empapó en Francia de las nuevas corrientes innovadoras y a su regreso a Barcelona conecta con Marta Mata y con el bagaje educativo que heredó de la II República. Con este poso y con la contribución teórica y la experiencia de otras personas fundan la institución pedagógica Rosa Sensat (1965) -hoy reconvertida en Asociación-, pionera en la formación docente y en el impulso de la renovación pedagógica en Catalunya. Pero antes ya había creado, con un equipo y un proyecto -sus dos señas de identidad que siempre la acompañaron- la Escuela Talitha (1956) en un entorno privilegiado de Barcelona que escolariza familias de clase media-alta. Una centro privado con voluntad de servicio público que, a grandes rasgos, seguía los postulados de la Escuela Nueva. Fueron años intensos de debates y experimentación no exentos de dificultades al tener que lidiar con la administración educativa franquista.

Pero el año 1974 deja Thalita y se traslada a la otra orilla: a los barrios obreros y marginales de la Zona Franca y Can Tunis. Y ahí empieza otra historia absolutamente distinta. Trabaja codo a codo con la Asociación de Vecinos, con otros agentes sociales, con las familias y con la Administración para articular una oferta educativa inclusiva y de calidad –desde infantil a secundaria– a sectores socialmente desfavorecidos y al colectivo gitano. Su trabajo como maestra en diversos grados, corre paralelo al de su compromiso para mejorar cultural y socialmente la comunidad. Lo alterna durante algunos años con alguna responsabilidad en la Administración. Primero desde la Generalitat, atendiendo a las necesidades de los centros que trabajan con alumnado en riesgo de exclusión social; y más adelante en el Ayuntamiento de Barcelona al frente de un programa de educación en la diversidad. Siempre supo adaptar la teoría pedagógica, la práctica a pie de aula y de territorio y la política educativa a las nuevas exigencias de un tiempo cambiante y al contexto socioeducativo donde intervenía. Por eso a Mª Teresa Codina le ha gustado siempre hablar del ahora y del aquí.

Este no es el único reconocimiento que ha recibido. En todos ellos se ha subrayado su compromiso ético y pedagógico, su sabiduría e intuición, su sólido conocimiento de la infancia, su coraje, su sencillez, su persistencia y su coherencia: entre lo dicho y lo hecho. Y, sobre todo, su esfuerzo sostenido por crear equipos y proyectos, dos de las premisas imprescindibles para alumbrar cualquier innovación y cambio educativo. Igualmente sustantiva ha sido su labor en tareas de formación y asesoramiento y en la producción de un amplio abanico de textos infantiles y pedagógicos.

Hoy, a sus 91 años sigue colaborando en el seminario de lecturas pedagógicas de la Biblioteca de Rosa Sensat asesorando sobre publicaciones para incorporar al catálogo. No deja de escribir ni de conversar con estudiantes que van a entrevistarla.  Y te la puedes encontrar en cualquier conferencia en los foros más vanguardistas de la ciudad. Porque la curiosidad de esta gran maestra que acaba de homenajearse es insaciable. Que cunda el ejemplo en otras universidades.

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