Nuevas tecnologías

Evaristo González

Activismos digitales en la educación con la telefonía móvil Evaristo González

Uno de los grandes objetivos de la educación es preparar al alumnado para el futuro, y la tecnología es uno de sus motores fundamentales. ¿La dejamos entrar en las aulas? ¿Los centros educativos son activistas digitales, con todo lo que ello conlleva? Ignorar la tecnología, relegarla a un papel secundario o prohibir algunos dispositivos ¿significa educar para el futuro?

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“Nos estamos moviendo rápidamente hacia un mundo en el que la telefonía móvil conectará a todos y a todo”, decía hace unos días uno de los responsables de la empresa GSMA, organizadora del Mobile Wolrd Congress (MWC) 2019 que, un año más se celebra en Barcelona del 25 al 28 de febrero bajo el lema “Conectividad inteligente”. Tanto la frase con el lema tienen gran importancia a la hora de preparar al alumnado para esta realidad, y más cuando contamos con adolescentes que disponen en sus bolsillos de aparatos más potentes que algunos ordenadores, en entornos educativos a menudo rodeados de miedos, prohibiciones, restricciones, regulaciones diversas o sin demasiadas oportunidades para utilizarlos en los procesos de aprendizaje.

Aparecen noticias sobre la telefonía móvil como para pensar. Por ejemplo, la prohibición en Francia de su uso en los centros educativos, la exigencia de prohibición de la geolocalización en el reciente conflicto del taxi de Barcelona (en un mundo conectado, en una ciudad potenciadora de la tecnología móvil y con el MWC presente), las restricciones internacionales a una gran marca china por supuesto espionaje, el robo y la manipulación de aparatos y también de datos y sus efectos en los entornos personales y sociales. Interesarse por las noticias de la actualidad tecnológica ayuda a entender y a contextualizar tendencias que repercuten en la vida de las personas.

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Mientras, después de la euforia inicial de programas impulsores del uso de las TIC en las aulas (Escuela 2.0, proyectos 1×1) parece que han quedado como un recurso más ante la efervescencia de determinadas metodologías más innovadoras, algunas de las cuales son consideradas por pedagogos como adaptaciones de las aportaciones de la Escuela Nueva de finales del siglo XIX (ver entrevista a Jaume Trilla en e¡El Diario de la Educación). La compatibilidad de todo en las aulas es fundamental, con una visión abierta a realidades diversas donde la tecnología creemos que hoy es imprescindible en la actividad de las clases, la competencia digital no se adquiere utilizando solo los pocos recursos que usamos y son escasas las actuaciones para fomentar el espíritu crítico de los adolescentes ante la red, comparado con el efecto continuo que tiene en nuestras vidas.

Según el último estudio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), el 75% de los adolescentes consideran que no tienen formación crítica para navegar por Internet y creen que reciben muy poco apoyo de padres, madres y docentes en sus actividades en la red. Habría que valorar también cuál es la realidad entre la población adulta, con pocas posibilidades para formarse en un aspecto tan nuevo y transcendental hoy. ¿Cómo se consigue impartir una auténtica formación si se restringe la navegación, no se forma en capacidad crítica desde la práctica y algunos aparatos se ven más como una amenaza que como una gran oportunidad?

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El activismo digital se ha generalizado en la sociedad, con el uso de herramientas, aplicaciones y recursos que tenemos al alcance en todos los dispositivos en general y en el teléfono móvil, en particular. A menudo pensamos que todo es intuitivo y que se aprende solo con el uso, cuando lo más fácil es caer en el abuso, en el desconocimiento de las grandes posibilidades de los dispositivos, en la reflexión sobre cómo han transformado nuestra vida, con muchos beneficios y algunos perjuicios.

Ya hay muchos centros educativos implicados en la formación digital. Cuando desde hace años se permite el uso del ordenador personal y el teléfono móvil a la vez, las ventajas aumentan y la discriminación de los dispositivos también. Muchas actividades son versátiles, hay que aprovechar las ventajas de cada aparato en cada momento. Proponemos algunas posibilidades educativas reales, fruto del activismo digital de docentes implicados en educar con la tecnología y la conectividad desde hace 25 años: uso de las redes para socializar conocimiento, descarga y uso de apps específicas para aprender, robótica y creación de nuevas apps, exámenes y pruebas en formatos digitales desde el ordenador portátil o móvil, apps para favorecer la comunicación instantánea con las familias, trabajo colaborativo y cooperativo, uso de la realidad aumentada y la virtual, análisis y producción de fotografía y vídeo digitales con formación artística, Trabajo con la instantaneidad de la información (canalizada por los adolescentes vía Instagram, televisión e Internet), estrategias para evitar el ciberbullying, aprendizaje de la lengua con formatos digitales, uso de los audiolibros y otras formas expresivas, sobre todo multimedia.

También ha de haber momentos para la reflexión sobre realidades próximas: sobre nuestra identidad digital o sobre cómo la conectividad y la nueva movilidad están cambiando los espacios urbanos: apps, patinetes eléctricos, interactividad con el móvil, smart city, desplazando el vehículo del centro de las ciudades poco a poco. Adolescentes, móvil y movilidad crean nuevas tendencias.

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Es difícil conseguir responsabilidad y pensamiento crítico desde la no acción o la prohibición; el fomento de la creatividad, la autonomía y la responsabilidad sin la práctica; el inicio de la familiarización con el big data sin formación ni acceso a datos; el bienestar digital, sin el uso habitual y el acompañamiento del profesorado, siempre con espíritu crítico. Porque, no olvidemos que la tecnología, además de ser un gran negocio, también tiene ideología y apagarla a veces es una buena estrategia de autoprotección.

El reto es grande, lo tenemos delante y pide mirar al futuro desde el presente. La conectividad inteligente y omnipresente significarán más cambios, un gran paso difícil de dar si no comenzamos.

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