Vivimos inmersos en una sociedad donde el consumismo se presenta como motor económico y promesa de libertad, hasta adquirir rasgos casi religiosos. Este artículo analiza críticamente ese imaginario y plantea el consumo responsable como una práctica ética, social y política. Más allá de la decisión individual, defiende la formación y la acción colectiva del consumidor ciudadano como vías para impulsar un desarrollo sostenible y mantener viva la esperanza de cambio.