{"id":711,"date":"2021-01-13T08:26:50","date_gmt":"2021-01-13T08:26:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiariodelaeducacion.com\/convivenciayeducacionenvalores\/?p=711"},"modified":"2024-08-20T18:02:33","modified_gmt":"2024-08-20T16:02:33","slug":"la-desigualdad-es-un-veneno-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiariodelaeducacion.com\/convivenciayeducacionenvalores\/2021\/01\/13\/la-desigualdad-es-un-veneno-moral\/","title":{"rendered":"La desigualdad es un veneno moral"},"content":{"rendered":"<p>La igualdad no est\u00e1 de moda, y as\u00ed nos va. En los \u00faltimos decenios la brecha entre ricos y pobres ha crecido hasta la obscenidad. Pero las consecuencias de la desigualdad van mucho m\u00e1s all\u00e1 del aumento de la distancia econ\u00f3mica que separa a las personas. La desigualdad entre los miembros de una misma sociedad, como muestran Wilkinson y Picket en su magn\u00edfico libro <em>Desigualdad. Un an\u00e1lisis de la (in)felicidad colectiva<\/em> (Turner, 2009), provoca infinidad de patolog\u00edas sociales y muchos sufrimientos personales. La perdida de calidad en las relaciones sociales, el deterioro de la salud, el consumo de sustancias nocivas, la disminuci\u00f3n de la esperanza de vida, la obesidad enfermiza, el bajo rendimiento acad\u00e9mico, las m\u00faltiples violencias cotidianas, son tan solo algunos de los problemas directamente vinculados al nivel de desigualdad de una colectividad. No merece la pena buscar la causa de tales problemas en la familia, la cultura, la falta de valores o una limitada educaci\u00f3n, la desigualdad es el mejor predictor del malestar social y del da\u00f1o personal. Por este motivo, desde una perspectiva educativa, decimos que la igualdad es un gran aliado de la educaci\u00f3n moral. Mientras que la desigualdad, por el contrario, solo provoca destrucci\u00f3n social y moral.<\/p>\n<p>Sin embargo, pese a los da\u00f1os que causa la desigualdad, algunos la promueven porque ven en ella una consecuencia natural de la b\u00fasqueda del \u00e9xito individual, otros la aceptan como un hecho, quiz\u00e1s indeseable, pero ante el cual hay poco que hacer y, finalmente, tambi\u00e9n hay quien la critica con fuerza, aunque aporte escasas alternativas. La desigualdad se ha instalado en el horizonte mental de la ciudadan\u00eda y la igualdad tiende a desaparecer de la escala de valores y de la mayor\u00eda de programas pol\u00edticos.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se ha llegado hasta este punto? \u00bfC\u00f3mo se ha conseguido naturalizar la desigualdad? \u00bfC\u00f3mo se esconden los da\u00f1os que provoca? \u00bfC\u00f3mo se reproduce la desigualdad casi sin oposici\u00f3n?<\/p>\n<h3>Desigualdad y educaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Hoy ser\u00eda complicado justificar la desigualdad como el resultado de un privilegio hereditario del que gozan unos pocos. Aunque el resultado final del proceso que vamos a explicar es muy parecido \u2013el \u00e9xito y las desigualdades que provoca dependen del origen familiar\u2013, el modo como en la actualidad se produce la desigualdad sigue un camino tortuoso que oscurece lo que en realidad sucede y lo hace m\u00e1s aceptable. Merece la pena ver como lo explican Sandel en su obra <em>La tiran\u00eda del m\u00e9rito. \u00bfQu\u00e9 ha sido del bien com\u00fan?<\/em> (Debate, 2020) y Rendueles en su libro <em>Contra la igualdad de oportunidades. Un panfleto igualitarista<\/em> (Seix Barral, 2020).<\/p>\n<p>Ambos autores denuncian que hoy la desigualdad se legitima y acepta gracias a procesos que se desarrollan en el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n. Parten de una constataci\u00f3n inicial: la calidad de la educaci\u00f3n es clave para obtener \u00e9xito en la competencia que han impuesto los mercados y la globalizaci\u00f3n. En consecuencia, la sociedad en su conjunto y cada uno de sus miembros en particular est\u00e1n llamados a conseguir la mejor educaci\u00f3n posible. Del nivel formativo que alcancen depender\u00e1 el desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds, pero tambi\u00e9n la posici\u00f3n social de cada individuo. El resultado que consiga en su proceso de formaci\u00f3n \u2013la cantidad de capital humano\u2013 le servir\u00e1 como palanca de promoci\u00f3n personal. Cada sujeto llegar\u00e1 tan lejos en la escala social como su formaci\u00f3n le permita. De este modo, la desigualdad queda justificada como resultado del esfuerzo invertido en la propia educaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>Igualdad de oportunidades y meritocracia<\/h3>\n<p>Para legitimar la desigualdad es preciso combinar dos procesos educativos complementarios: producir una situaci\u00f3n inicial de igualdad de oportunidades y someter a los j\u00f3venes a una carrera de m\u00e9ritos que seleccione a los mejores.<\/p>\n<p>Para hacer cre\u00edble el camino en busca del \u00e9xito personal y de una posici\u00f3n social de privilegio, es necesario crear primero unas condiciones de partida tan igualitarias como sea posible. Aunque conseguir una igualdad absoluta es una quimera, se intenta que todos los estudiantes partan de mismo lugar, tengan las mismas posibilidades de \u00e9xito: gocen de un sistema de igualdad de oportunidades. Es bien sabido que el origen familiar va a alterar de mil maneras esta supuesta igualdad de oportunidades, pero se intenta partir de unas condiciones de m\u00ednima igualdad inicial, que se expresa en derechos como los a\u00f1os de educaci\u00f3n obligatoria y m\u00e1s o menos gratuita, la posibilidad de acceder a estudios postobligatorios, el sistema de becas y ayudas, o las pruebas de acceso a los estudios superiores, por citar algunos ejemplos que pretenden dar un trato igual a toda la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el supuesto improbable que fuese posible conseguir una total igualdad de oportunidades, tendr\u00edamos el punto de partida de una carrera de m\u00e9ritos, que se prolongar\u00e1 a lo largo de todo el proceso formativo, y que finalmente acabar\u00e1 introduciendo de nuevo la desigualdad entre los participantes. El proceso tiene una explicaci\u00f3n sencilla: se ha partido de una situaci\u00f3n de supuesta igualdad inicial que ofrece al alumnado la oportunidad de esforzarse tanto como desee para llegar lo m\u00e1s lejos posible en su proceso formativo. Por lo tanto, el \u00e9xito depende de su esfuerzo y de sus capacidades naturales, y quien se quede por el camino ser\u00e1 porque no se ha esforzado lo suficiente o porque no posee habilidades para continuar su formaci\u00f3n. As\u00ed queda justificada la desigualdad al final del trayecto formativo: igualdad de oportunidades al principio y diferenciaci\u00f3n al acabar debida al esfuerzo que cada uno haya realizado. Las personas quedan ordenadas por su m\u00e9rito.<\/p>\n<p>El sistema de igualdad de oportunidad y competici\u00f3n meritocr\u00e1tica plantea dos problemas graves: por una parte, como acabamos de explicar, al final del proceso la desigualdad sigue existiendo, no se ha eliminado en absoluto: unos triunfan y otros fracasan. El proceso formativo no busca la igualdad, sino que en todo caso justifica la desigualdad apoy\u00e1ndose en el m\u00e9rito individual. Pero, por otra parte, resulta que este supuesto m\u00e9rito individual coincide con el origen familiar: los hijos de familias acomodadas obtienen \u00e9xito educativo y profesional, mientras que los hijos de familias humildes \u2013de clase baja\u2013 fracasan en la escuela y sufren en su inserci\u00f3n laboral. El sistema de la igualdad de oportunidades m\u00e1s competici\u00f3n meritocr\u00e1tica no borra la desigualdad y adem\u00e1s reproduce casi exactamente la estructura de clases sociales. Es por estos motivos que se afirma que no es m\u00e1s que una legitimaci\u00f3n sutil de la desigualdad social existente.<\/p>\n<h3>Soberbia y humillaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Este procedimiento meritocr\u00e1tico usa la educaci\u00f3n en beneficio del mercado, la usa tambi\u00e9n para legitimar y reproducir la desigualdad y, por si fuera poco, produce efectos morales y pol\u00edticos muy nocivos. Como dec\u00edamos en el t\u00edtulo, la meritocracia es un veneno moral. Lo es porque responsabiliza a cada sujeto de su \u00e9xito formativo y profesional: tienes las mismas posibilidades que los dem\u00e1s, puedes controlar tu destino, puedes hacerte a ti mismo, eres libre de llegar hasta donde tu esfuerzo o tus capacidades te permitan. Eres el \u00fanico responsable del lugar que ocupas. Tu origen social y tus circunstancias quedan oscurecidas por la supuesta igualdad de partida y por la aparente competici\u00f3n sin ventajas del proceso de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si todo depende del merito personal, los ganadores con facilidad caen en la soberbia, pierden sensibilidad c\u00edvica, capacidad emp\u00e1tica, gratitud por lo que han recibido y les resulta complicado reconocer que quiz\u00e1s no todo el m\u00e9rito les corresponde. Se pierde disposici\u00f3n a ayudar a los dem\u00e1s porque, si cada uno logra con su esfuerzo lo que tiene, quien fracasa tambi\u00e9n lo hace por su culpa, porque no se ha esforzado suficiente y, en consecuencia, los vencedores quedan liberados de la obligaci\u00f3n moral de prestar ayuda.<\/p>\n<p>Por su parte, los perdedores acumulan humillaci\u00f3n y resentimiento, que a menudo deriva en irritaci\u00f3n e ira cuando descubren que el juego no ha sido en realidad tan igualitario como se les dijo. Sea como fuere, los perdedores, que en un r\u00e9gimen meritocr\u00e1tico son la mayor\u00eda, quedan relegados, agraviados, culpabilizados y sin reconocimiento social. No es el momento de analizar las consecuencias pol\u00edticas de la desigualdad, que sumada a la humillaci\u00f3n de unos y a la prepotencia de los otros, ha puesto en crisis la democracia, como no cesamos de ver un poco por todas partes. Quede dicho al menos que meritocracia y crisis de la democracia son procesos m\u00e1s conectados de lo que parece.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, la meritocracia, que se ha instalado en la educaci\u00f3n y en el conjunto de la sociedad, produce sentimientos morales nocivos: soberbia y humillaci\u00f3n. Sentimientos anclados en formas socialmente muy potentes y ante los cuales no es f\u00e1cil luchar. Es por eso que hemos calificado a la meritocracia de veneno moral y por el contrario a la igualdad de aliado moral.<\/p>\n<h3>\u00bfQu\u00e9 se puede hacer?<\/h3>\n<p>Este tipo de an\u00e1lisis provoca pesimismo en el mundo de la educaci\u00f3n y entre el profesorado. Una larga tradici\u00f3n de ideas deterministas afirma que la educaci\u00f3n cumple con un papel oculto que no decide ni controla: no queda espacio para una acci\u00f3n esperanzada. No comparto esta postura y creo que tampoco la comparten nuestros autores de referencia. La educaci\u00f3n puede contribuir a modificar el statu quo. Puede hacerlo impulsando acciones que apuntan a otro modo de proceder. Propuestas quiz\u00e1s parciales y fragmentarias, pero que pueden contribuir a crear otra realidad. Aunque sea a peque\u00f1a escala, cualquier aportaci\u00f3n ayuda a cambiar la l\u00f3gica social imperante. Por lo tanto, realismo, compromiso y esperanza. Y esto es precisamente lo que hacen muchos docentes y lo que ejemplificaremos con cuatro propuestas de autores cl\u00e1sicos para combatir la desigualdad y la meritocracia.<\/p>\n<ul>\n<li>Con una terminolog\u00eda peculiar, Ferrer Guardia propone una escuela que practique la coeducaci\u00f3n de clases; es decir, la mezcla de alumnado procedente de todas las clases sociales. As\u00ed la escuela evita discriminar y segregar al alumnado, logra su inclusi\u00f3n y un trato igual, y consigue una experiencia de convivencia democr\u00e1tica entre personas distintas.<\/li>\n<li>Evitar la segregaci\u00f3n es el primer paso en la tarea de conseguir la igualdad, el segundo paso lo proponen los alumnos de la escuela de Barbiana: nadie debe suspender, hemos de avanzar todos juntos. La igualdad educativa no se reduce a dar las mismas oportunidades al principio, sino en conseguir unos resultados parejos al final que permitan a todos un pleno reconocimiento social.<\/li>\n<li>Combatir la soberbia de unos y la humillaci\u00f3n de los otros se consigue con mayor igualdad y tambi\u00e9n implicando todo el alumnado en tareas de servicio a la comunidad o de acci\u00f3n com\u00fan, una idea que Dewey propuso con su acci\u00f3n asociada con proyecci\u00f3n social. Participar juntos en tareas destinadas a paliar necesidades sociales permite darse cuenta que todos y todas somos igualmente \u00fatiles a la sociedad; permite recibir un reconocimiento similar por el esfuerzo conjunto.<\/li>\n<li>Finalmente, no es posible prescindir de momentos de reflexi\u00f3n y di\u00e1logo que permitan al alumnado compartir puntos de vista sobre sus experiencias personales y colectivas. Freire nos dio suficientes indicaciones sobre c\u00f3mo conducir una pedagog\u00eda atenta a la toma de conciencia que aqu\u00ed permitir\u00eda aumentar la sensibilidad frente a la desigualdad y activar el compromiso a favor del trabajo en beneficio de la comunidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>No se trata de un programa completo, ni obviamente ninguna de las medidas est\u00e1 desarrollada ni pensada para ser aplicada a una situaci\u00f3n concreta. Sin embargo, son cuatro ideas que apuntan hacia un modo de hacer escuela atenta a la igualdad y al trabajo conjunto en favor del bien com\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La igualdad no est\u00e1 de moda, y as\u00ed nos va. En los \u00faltimos decenios la brecha entre ricos y pobres ha crecido hasta la obscenidad. Pero las consecuencias de la desigualdad van mucho m\u00e1s all\u00e1 del aumento de la distancia econ\u00f3mica que separa a las personas. 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