La entrada en vigor de la LOMLOE ha supuesto una revisión importante de muchos aspectos del sistema educativo, y la FP no ha sido una excepción.
La evaluación y promoción en FP tras la LOMLOE se basa en la evaluación continua, formativa y global orientada a la adquisición de los resultados de aprendizaje, no solo en la superación de módulos.
Por lo tanto, el centro de formación profesional donde se realiza la FP desempeña un papel esencial en este ámbito. No solo por su capacidad para adaptarse a las nuevas normativas, sino también por su enfoque en una formación práctica, actualizada y conectada con el mundo laboral.
Entender cómo ha quedado el sistema después de la entrada en vigor de la LOMLOE es muy importante para quienes están pensando en estudiar un ciclo formativo o ya lo están cursando.
Un nuevo modelo de evaluación: por competencias y continua
La LOMLOE refuerza un modelo de evaluación continua, formativa y global, que se centra más en el desarrollo de competencias que en la simple superación de exámenes. Esto implica que el alumnado será evaluado a lo largo de todo el proceso de aprendizaje, valorando no solo sus conocimientos técnicos, sino también sus habilidades prácticas y conductuales.
Cada módulo profesional se evalúa de manera independiente, pero siempre con una visión integral. El profesorado tiene en cuenta tanto el progreso como el esfuerzo, la participación en actividades, el trabajo en equipo y la resolución de problemas en contextos reales.
Además, la normativa introduce una mayor coordinación entre los docentes, de manera que las evaluaciones serán más coherentes y ajustadas al perfil profesional del título que se estudia.
Se busca que la FP se acerque aún más a la realidad de las empresas y a las demandas del mercado laboral.
Elementos para realizar la evaluación según LOMLOE
Para poder llevar a cabo las labores de evaluación se requieren de varios elementos, todos ellos imprescindibles a la hora de realizar la integración curricular y determinar el grado de consecución de los objetivos generales de etapa y de las competencias clave para el aprendizaje permanente.
Competencias específicas
Las competencias específicas representan las acciones o desempeños que el alumnado debe ser capaz de demostrar al enfrentarse a distintas actividades o situaciones que requieren aplicar los saberes básicos de cada área o ámbito.
Estas competencias actúan como un vínculo fundamental entre el perfil de salida del estudiante, los saberes básicos de las áreas o ámbitos y los criterios de evaluación, garantizando la coherencia entre lo que se aprende, cómo se evalúa y los objetivos formativos que se persiguen.
Criterios de evaluación
Los criterios de evaluación establecen los niveles de desempeño esperados en el alumnado al afrontar las actividades o situaciones vinculadas con las competencias específicas de cada área, en un momento concreto de su proceso de aprendizaje.
Estos criterios funcionan como guía y referencia para valorar el progreso del estudiante, indicando qué aspectos se deben observar y qué resultados se esperan alcanzar.
Evalúan tanto la adquisición de conocimientos como el desarrollo de las competencias clave que el alumnado debe consolidar al finalizar una etapa o unidad de aprendizaje.
Competencias clave

Las competencias clave representan los desempeños esenciales que el alumnado debe adquirir para avanzar con éxito a lo largo de su itinerario formativo y afrontar con solvencia los principales retos y desafíos, tanto a nivel local como global.
Estas competencias se recogen en el perfil de salida del alumnado al finalizar la enseñanza básica, actuando como referencia de los aprendizajes imprescindibles para continuar su formación y desarrollarse personal y profesionalmente.
Perfil de salida
El perfil de salida refleja la correcta adquisición de las competencias clave una vez completada la enseñanza básica y cada etapa del itinerario educativo. Este perfil incorpora una serie de descriptores operativos que orientan sobre el nivel de desempeño alcanzado en cada competencia.
Su estructura combina una visión global y funcional del aprendizaje, ya que concibe las competencias como elementos esenciales para el desarrollo integral del alumnado, no solo académico, sino también personal y social.
Descriptores operativos
Los descriptores operativos son los indicadores o niveles de logro que concretan cada una de las competencias clave definidas en los Reales Decretos de enseñanzas mínimas. En conjunto, conforman el perfil de salida del alumnado al finalizar la enseñanza básica.
Cada descriptor operativo se asocia con un grado específico de desempeño dentro de la competencia a la que pertenece, y sirve de guía para valorar el progreso del estudiante y orientar las estrategias de enseñanza y evaluación.
La calificación final y la obtención del título
La calificación de cada módulo profesional se expresa mediante una nota numérica de 1 a 10, siendo necesario obtener al menos un 5 para superarlo. Una vez aprobados todos los módulos, incluyendo el de FCT y el de Proyecto, el estudiante obtiene el título correspondiente.
Una novedad importante es que, con la LOMLOE, se da más peso al perfil competencial del alumno, y la titulación no solo acredita conocimientos, sino también la capacidad de aplicar lo aprendido de forma práctica, creativa y responsable.
La evaluación y la promoción en FP tras la LOMLOE buscan un equilibrio entre la exigencia académica y la flexibilidad pedagógica. Por lo tanto, se valora el progreso continuo, la adquisición de competencias reales y la capacidad del estudiante para desenvolverse en contextos profesionales.

