Aquella mañana, en uno de los talleres con periodistas dominicanos que trabajan cubriendo la actualidad en la frontera, uno levantó la mano y pidió la palabra. Primero, se dirigió a todos sus colegas allí presentes: “¿Cuántos de nosotros hablamos criollo haitiano?”. Ninguno dominaba la lengua “del otro lado”. Luego siguió. Explicó que en su medio de comunicación el redactor jefe les pedía que se refirieran al puente que conecta Dajabón (frontera norte entre República Dominicana y Haití) con Juana Méndez (en francés arrondissement de Ouanaminthe; y en criollo haitiano: awondisman Wanament) como “el puente que separa” o “el puente que divide”.
Las palabras son uno de los grandes desafíos del periodismo que anhela ir, mirar y contra con rigor, ética y precisión. La palabra “frontera” se torna compleja. El diccionario dice que es “lo que está al frente, el límite donde se enfrenta o se separa”. En el castellano medieval, que la adoptó del francés en los siglos XII-XIII, tuvo primero un sentido militar de “línea de defensa o zona de combate frente al enemigo”. De este modo, el término ha virado desde la zona avanzada o de defensa de un reino donde se enfrentaban los ejércitos hasta designar el límite o confín que separa dos territorios, estados o regiones.
El proyecto “Frontera Caribe: Taller de periodismo y educación mediática para la cobertura informativa del territorio fronterizo entre República Dominicana y Haití desde la co-creación y la construcción colaborativa de miradas alternativas sobre la violencia, la mujer y la inmigración”,respaldado por el Fons de Solidaritat de la Fundación Autònoma Solidària de la Universitat Autònoma de Barcelona, es un intento de redefinir las maneras de mirar a los territorios fronterizos. Este proyecto, que comenzó con una primera edición en Tijuana (México), parte de la hipótesis de que si contamos las fronteras de otro modo estaremos contribuyendo de forma superlativa a mejorar muchos de los problemas que han estigmatizados a estos lugares. Por ello, creemos que es tan importante escoger las palabras desde otros puntos de vista. El rol y el liderazgo de la mujer como motor de cambio; los proyectos que humanizan estos “no lugares”; las historias de superación, esfuerzo y vida de los que llegan buscando un provenir mejor… Son muchas las posibilidades de contar las fronteras sin condenarlas.
Martín Caparrós, cronista y periodista vinculado a este proyecto, nos explicaba que escribir es elegir palabras. Y cada una de estas elecciones va acompañada de una responsabilidad crucial. Nos situamos ante un desafío que interpela a los periodistas, pero igualmente a sus superiores en los medios, a las instituciones gubernamentales, las ONG que trabajan sobre el terreno, la ciudadanía… El pensamiento crítico y la capacidad para discernir información de calidad de contenido sesgados o manipulado será clave. Esta vez no basta con ir, mirar y contar. Es clave ir, mirar críticamente y después contar. Y es más importante todavía escoger bien las palabras.
Abro el navegador. Le pregunto a Google sinónimos de la palabra frontera. Y dice: límite, confín, divisa, borde, margen, linde, raya, línea divisoria, franja, perímetro, zona limítrofe, región fronteriza, franja fronteriza, paso, barrera, umbral, interfaz (en contextos técnicos o metafóricos). Luego añade, e n sentido figurado (como límite de lo posible o de lo conocido): Horizonte, cota, borde o extremo.
Resulta, no obstante, más interesante indagar sobre los antónimos. El buscador vuelve a responder con un listado: centro, interior, núcleo, corazón (de un país o territorio), unión, apertura, continuidad, integración o conexión. En sentido figurado de superar unos límites, alude a infinitud, libertad, expansión o amplitud.
Me gustaría que, algún día, no muy lejano, estos antónimos fueran auténticos sinónimos de la palabra “frontera”. Leo a Octavio Paz en El laberinto de la soledad: “Toda frontera es una herida, y toda herida puede ser una puerta”. Y pienso: la frontera como puerta de bienvenida, encuentro o reencuentro. Reviso El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano: “Las fronteras no son los bordes del mundo: son los lugares donde el mundo se toca”. Y me encanta: las fronteras se convierten en un punto de contacto. Y no de ruptura. Termino con Gloria Anzaldúa que, en su texto La Frontera, apunta que “la frontera no es una línea, sino una herida abierta donde el Tercer Mundo roza al Primero y sangra. Pero también donde las dos sangres se mezclan y hacen nuevas culturas”. Qué bonito, ¿no? La frontera se transforma en un espacio de mestizaje y de creación. La frontera es un territorio donde nace lo nuevo a partir del encuentro. La frontera ese lugar que sabe convertir el antónimo en un sinónimo o, mejor, en un adjetivo epíteto, en una redundancia luminosa que quizás hoy hemos olvidado.
