¿Cuántas historias caben dentro de un mercado? ¿Qué nos cuenta una despensa sobre la identidad de un país? ¿Y por qué la comida se ha convertido en una de las formas más poderosas de explicar el mundo? Cada receta es memoria. Cada mercado es un escenario de encuentros. Cada alimento guarda un relato de viajes, migraciones, tradiciones y formas de entender la vida. El proyecto Comerse el Mundo – III Edición parte precisamente de esta idea: la gastronomía no solo alimenta, también comunica, conecta culturas y construye narrativas sobre los territorios. La iniciativa propone una aproximación intercultural al turismo y a la comunicación gastronómica mediante encuentros, conferencias y experiencias que exploran cómo los países pueden contar su identidad a través de sus sabores, productos y tradiciones culinarias. Entre marzo y noviembre de 2026, representantes y expertos de diferentes países acercarán al público sus mercados, despensas, bebidas, recetas y alimentos tradicionales como una forma de explicar sus culturas y sus territorios.

Los mercados: escenarios donde late la vida
Los mercados son mucho más que espacios de intercambio comercial. Son lugares donde conviven generaciones, acentos, olores y costumbres. Allí se negocia, se conversa, se cocina y se transmite conocimiento de manera cotidiana. En muchos casos, recorrer un mercado permite comprender mejor un país que visitar un museo o leer una guía turística. Entre frutas exóticas, especias, pescados, panes o hierbas medicinales aparecen pistas sobre la historia económica, social y cultural de una comunidad.
El proyecto reivindica precisamente esa dimensión narrativa de los mercados. La gastronomía se convierte aquí en una puerta de entrada para hablar de migraciones, sostenibilidad, memoria, identidad y patrimonio cultural. Como explica una de las reflexiones vinculadas al proyecto, “la comida es un viaje y los mercados son parte del mapa”.
Las despensas como mapas culturales
Toda despensa cuenta algo. Los ingredientes que un país conserva, produce o consume revelan relaciones históricas, climáticas y sociales. El arroz, el maíz, las especias, el cacao, el café o el aceite son mucho más que alimentos: son símbolos culturales que conectan generaciones y territorios. Comerse el Mundo explora precisamente cómo las cocinas nacionales funcionan como archivos vivos de la memoria colectiva. Las recetas tradicionales hablan de herencias familiares, de mezclas culturales y de procesos históricos que han modelado la identidad de las sociedades.
La propuesta entiende la gastronomía como un lenguaje universal capaz de generar diálogo intercultural. Cocinar y comer dejan de ser actos cotidianos para convertirse en formas de narrar el territorio y de preservar el patrimonio inmaterial de las comunidades.
Gastronomía, turismo y storytelling
Uno de los grandes objetivos del proyecto consiste en renovar las estrategias de comunicación turística mediante la cultura gastronómica. En un contexto donde los viajeros buscan experiencias auténticas, la comida emerge como una herramienta de storytelling especialmente poderosa. Los destinos ya no se promocionan únicamente por sus monumentos o paisajes, sino también por sus sabores, sus recetas y sus formas de compartir la mesa.
La gastronomía permite construir relatos cercanos y emocionales. Un plato típico puede explicar mejor la historia de un territorio que muchos discursos institucionales. Por eso, Comerse el Mundo apuesta por entender la cocina como un espacio de comunicación cultural y de conexión humana.

Comer también es aprender
El proyecto demuestra que la comida puede convertirse en una herramienta educativa capaz de acercar realidades lejanas y fomentar la comprensión intercultural. A través de los alimentos aparecen conversaciones sobre sostenibilidad, producción local, diversidad cultural, tradiciones familiares y transformación social. Cada ingrediente abre preguntas sobre cómo vivimos, qué consumimos y de qué manera nos relacionamos con el entorno. En tiempos marcados por la velocidad y la homogeneización global, Comerse el Mundo reivindica el valor de detenerse a escuchar las historias que habitan en una cocina, en un mercado o en una despensa. Porque, al final, entender cómo comen las sociedades también ayuda a comprender cómo sueñan, cómo recuerdan y cómo cuentan el mundo.
El proyecto cuenta con el apoyo y la colaboración de diferentes consulados e instituciones diplomáticas de la ciudad de Barcelona, que participan activamente en las sesiones gastronómico-culturales dedicadas a cada país. A lo largo de las diferentes ediciones de Comerse el Mundo, han formado parte del ciclo los consulados de Argentina, Filipinas, Corea del Sur, Japón, Bolivia, México, China, Ecuador, Perú, Rumanía y República Dominicana, entre otros.
Gracias a este respaldo institucional, el proyecto puede convertir cada encuentro en una auténtica experiencia intercultural donde gastronomía, turismo, patrimonio y narración se unen para explicar la identidad de los países desde sus mercados, recetas, despensas y tradiciones culinarias.

Comunicación, educación y gastronomía
El proyecto lo impulsa el Gabinete de Comunicación y de Educación, un grupo consolidado y especializado en la investigación y divulgación científica, que pertenece al Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB. Reconocido por AGAUR (Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca) de la Generalitat de Catalunya como Grupo de Investigación Consolidado en función de su trayectoria, proyección y desarrollo, desarrolla proyectos e investigaciones en el terreno de convergencia entre la comunicación y la educación. Desde su creación, ha desarrollado iniciativas destinadas a integrar, con conciencia y libertad, las tecnologías de la comunicación en la denominada sociedad global o del conocimiento.
Bajo la dirección de Santiago Tejedor, el Gabinete organiza diferentes másteres propios, como el Máster en Periodismo de Viajes (presencial y online), el Máster de Comunicación y Educación, el Máster de Comunicación del Medioambiente y el Máster en Gestión de la Comunicación Política y Electoral. El grupo posee una colección de publicaciones, en forma de artículos científicos, libros y capítulos de libro, y otros trabajos, muy amplia y variada que se renueva constantemente. Además, cuenta con un laboratorio de proyectos de innovación docente, transferencia y nuevos formatos que se conciben y desarrollan desde una perspectiva basada en la creatividad y el trabajo multidisciplinar. El Gabinete organiza cada año una expedición académica que recorre el mundo con estudiantes de diferentes universidades y carreras. Se trata de la Expedición Tahina-Can que ha sido premiada como mejor proyecto educativo de España. Además, cuenta con el portal Tu Aventura, la plataforma educativa InfoEDU y el proyecto de newsgames y ciencia Reporteros de la Ciencia.
