A un grupo de futuros profesores, estudiantes de una universidad pública brasileña, se les propuso elegir una institución educativa, de carácter formal o informal, para realizar una actividad de la asignatura Psicología de la Educación. Las instituciones incluían escuelas públicas, museos, ONGs y cursos preparatorios para el ingreso en la universidad1. Divididos en grupos, los estudiantes visitaron esos espacios, conocieron a las personas que los frecuentaban y conversaron con ellas con el fin de entender qué actividades se realizaban allí. Y, sobre todo, ¿cómo esas actividades les impactaban?, ¿influían en la manera que esas personas se ven a sí mismas?, ¿transformaban la idea que tienen sobre lo que quieren ser?, ¿les ayudaron a entender cómo querían actuar en el mundo?
Los alumnos acudieron a las instituciones con estas preguntas en mente y con el desafío de elaborar un proyecto de intervención, que exigía conocer bien el lugar y elegir algún aspecto que pudiera ser mejorado con el objetivo de contribuir de manera significativa sobre quienes lo frecuentaban. Los aspectos se eligieron de común acuerdo con los representantes de cada institución y fueron variados, entre los cuales podemos citar: la accesibilidad en el museo de anatomía humana, la asistencia a la escuela pública periférica, la representación de cuestiones de género en el museo del juguete, la enseñanza del idioma local en una ONG para refugiados, las perspectivas de futuro en las clases de Educación de Jóvenes y Adultos (EJA) y en los cursos sociales de preparación para el ingreso en la universidad, entre otros.
En constante diálogo con los directores, educadores y alumnos de las instituciones, y con el apoyo de la profesora y de los monitores de la asignatura universitaria, los grupos estudiaron la temática elegida y buscaron una forma de abordarla. En ese proceso, fue necesario que se adentraran en el mundo de la edición de vídeo, de la educación museística, de la enseñanza del portugués para hablantes de persa, del derecho a la educación en las distintas etapas de la vida, de las políticas públicas dirigidas a la permanencia universitaria y mucho más. Los proyectos de intervención desarrollados incluyeron desde producciones audiovisuales para el museo de anatomía hasta formaciones para educadores de la ONG, pasando por talleres en escuelas y cursos preuniversitarios, así como por cartillas informativas sobre derechos estudiantiles y materiales para el desarrollo de actividades específicas en museos.
Enseñanza del portugués a personas refugiadas
Describiremos la trayectoria realizada por uno de los grupos a fin de ilustrar el proceso. El proyecto de intervención de un grupo de estudiantes del grado en Letras se desarrolló en colaboración con una ONG que acoge a personas refugiadas, especialmente procedentes de Afganistán. Durante la investigación inicial, un aspecto que llamó la atención del grupo fue que la ONG ofrecía, mediante clases presenciales o remotas, enseñanza del idioma portugués a las personas refugiadas. El grupo las entrevistó y descubrió que no se sienten pertenecientes al nuevo país. Sus proyectos de vida se han visto alterados por circunstancias ajenas a su control y, ante las adversidades, necesitan trabajar para lograr un mínimo sustento con el que sobrevivir. Sin embargo, el idioma es una gran barrera.
Al entrevistar a las voluntarias encargadas de impartir las clases de portugués, los estudiantes universitarios percibieron las dificultades en la enseñanza del portugués debido a algunas características del idioma persa. Ante esta situación, el grupo decidió elaborar una guía para las voluntarias sobre la enseñanza del portugués a hablantes de persa. La intervención consistió en formar a las profesoras voluntarias a partir de la guía, incluyendo espacios para el intercambio de experiencias entre ellas, y en acompañar las clases con el fin de fortalecer esa colaboración. Además, la guía presenta una fundamentación teórica sobre los proyectos de vida y sobre cómo introducir esta temática para promover la concientización y el apoyo mutuo entre las personas refugiadas y los miembros de la ONG.
El proyecto realizado por los futuros profesores se inspiró en el aprendizaje-servicio (ApS). En este enfoque, los participantes se implican en las necesidades reales de la comunidad —como en la ONG para refugiados— con el objetivo de mejorar algún aspecto de su experiencia cotidiana. Para buscar soluciones, se movilizan tanto conocimientos específicos de su formación académica como valores morales y cívicos, de manera que el proyecto ofrece una doble formación: profesional y ética.
¿Cómo afectó la experiencia al alumnado universitario?
Al proponer que los alumnos fueran a las instituciones con la mirada puesta en las actividades que allí se desarrollaban y en su impacto en sobre las personas, también pretendíamos que, de algún modo, se movilizaran los proyectos de vida de los implicados. A través de las reflexiones registradas por los estudiantes en los diarios de campo, un documento que los acompañó durante todo el desarrollo del proyecto, percibimos que esa movilización se produjo de innumerables formas. Veamos algunos ejemplos de diferentes ámbitos de intervención:
“[…] Llevarles un material útil y relevante […] que ayudará mucho en la preparación de futuras clases, me dejó bastante feliz y con un sentimiento diferente respecto a la educación, que, honestamente, ni siquiera es mi primera opción profesional. Participar de esta experiencia, por lo tanto, transformó mi visión tanto como educadora como como alumna […].”
“[…] Era un aporte y una forma de ayudarlas, pues su rica experiencia y empatía, y aún más, ellas como seres humanos que buscan acoger e identificarse con sus estudiantes, ya eran muy valiosas. Sentí que me gustaría mucho poder convertirme en un ser humano así […]”
(Maria Cecília e Isadora, estudiantes de la Licenciatura en Letras, desarrollaron el proyecto en la ONG “Estou Refugiado”).
En los relatos de María Cecília, Isadora, notamos que no sólo se movilizaron nuevos conocimientos sobre la enseñanza del portugués, área a la cual se dedican, sino también nuevas posibilidades de actuación profesional. Y el movimiento fue todavía más profundo. Cuando dicen que la experiencia “transformó mi visión tanto como educadora como como alumna” y que “me gustaría mucho poder convertirme en un ser humano así”, refiriéndose a personas que conocieron durante el proyecto, entendemos que también se movilizaron reflexiones sobre quiénes son y quiénes desean ser.
“[…] Me resultaba difícil distanciar mi mirada de las realidades descritas y analizadas, cuando muchas veces también se referían a mí y a los míos, sujetos periféricos, que encuentran dificultades en el choque con la visión de las desigualdades en la universidad. […] Espero que la cartilla pueda cumplir su propósito, el de mostrar a los postulantes el horizonte que existe después de la aprobación y, además, espero que esto pueda fortalecer la estructuración de sus proyectos de vida, evitando el sufrimiento psíquico causado por esos choques y por las dificultades económicas y subyacentes. […].”
(Gislayne, estudiante de la Licenciatura en Letras, desarrolló el proyecto en el Curso Popular de la POLI-USP, que prepara a jóvenes para las pruebas de ingreso universitario).
En su relato, Gislayne cuenta que, desde un lugar distinto al que estaba acostumbrada, regresa a un entorno conocido, habitado por jóvenes cuyas historias se parecen a la suya. Al recordar las dificultades que vivió tras ingresar en la universidad —el choque con las desigualdades, el sentimiento de no pertenecer, las limitaciones económicas— se compromete a ofrecer información clara y a fortalecer a quienes recorrerán el mismo camino. Así, la elaboración de la cartilla se convierte para ella en una forma de cuidado: transformar su propia experiencia de sufrimiento en apoyo para que otros jóvenes puedan estructurar sus proyectos de vida con menos dolor y más horizonte.
“[…] Un proyecto de vida no es solo un plan individual orientado a la carrera, sino un proceso relacional que se construye en el encuentro con el otro. […] La propuesta del video nació del intento de crear vínculo, de abrir camino para que más personas se sintieran parte del proceso de aprender. […] Educar exige escucha, afecto y mediación, y el conocimiento solo se sostiene cuando tiene sentido para quien lo accede. Mi proyecto de vida, hoy, pasa por este compromiso con prácticas educativas que no naturalicen exclusiones y que produzcan experiencias donde el saber pueda ser, de hecho, compartido.” – Bruno, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Sociales, desarrolló el proyecto en el Museo de Anatomía Humana de la USP.
En sus reflexiones, Bruno llama la atención sobre la importancia de crear vínculos en los espacios educativos, sean formales o informales, como los museos, y recuerda que todo proceso de aprendizaje necesita mirar hacia el otro: sus necesidades, sus emociones, lo que tiene que decir. Al pensar en formas para conseguir que los conocimientos del museo de anatomía sean más accesibles, teniendo en cuenta a personas con discapacidades o que, por alguna razón, no pueden visitarlo de manera convencional, Bruno se vio evaluando los compromisos que desea asumir como profesor. Para él, hacer accesible el contenido no es solo una cuestión técnica, sino una opción ética: evitar que la educación reproduzca exclusiones y apostar por experiencias en las que el saber circule realmente y pueda ser compartido por todos.
Los fragmentos de los relatos presentados dejan muy claro que cada estudiante vivió la experiencia de forma singular y única. La manera en que las instituciones y los proyectos movilizaron sus historias de vida, incluidas las de los alumnos que fueron y los desafíos que enfrentaron, así como las proyecciones sobre el tipo de educadores en que desean convertirse y la forma en que desean contribuir a la sociedad, señala la importancia de ofrecer actividades prácticas a futuros profesores.
Resulta significativo también que las reflexiones no fueron autocentradas; es decir, los estudiantes fueron sensibilizados sobre su relación con el otro, la importancia de los vínculos y la preocupación por determinados grupos sociales. Pienso que la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática comienza en las escuelas, en los valores que fomenta en nuestro alumnado y en el significado que damos a las pequeñas acciones cotidianas. Sin embargo, para que eso ocurra, es necesario contar con profesores comprometidos en incidir de forma positiva en la sociedad. Proporcionar experiencias que lleven a los futuros educadores a cuestionarse qué tipo de educación desean promover, qué sentimientos quieren suscitar en sus alumnos y si sus prácticas son o no excluyentes me parece un camino importante para seguir en esa dirección.
1 En Brasil, el ingreso a las universidades se realiza a través de exámenes que abarcan los contenidos curriculares enseñados principalmente en los últimos tres años de la educación básica obligatoria. A este proceso selectivo lo llamamos “vestibular”, y las instituciones educativas que preparan a los estudiantes para dicho proceso reciben el nombre de “cursos pré-vestibulares”. Existen numerosos cursos de este tipo dirigidos a personas de bajos ingresos, conformados por profesores voluntarios y, por lo tanto, sin costo para los estudiantes, los llamados “pré-vestibulares sociales”.

