Hablar hoy de educación pública en España es hablar inevitablemente del esfuerzo y del compromiso de su profesorado. Durante décadas, las docentes y los docentes han sostenido el sistema educativo afrontando reformas permanentes, aumento de responsabilidades, cambios curriculares, incremento de la burocracia, falta de recursos y una creciente complejidad social en las aulas. Y todo ello, además, sin que exista todavía un verdadero marco estatal que regule de manera integral sus condiciones laborales, sus derechos profesionales y su promoción profesional.
Esta es una anomalía que ya no puede seguir prolongándose. España continúa arrastrando una deuda histórica con el profesorado: la ausencia de un Estatuto Docente que ordene y proteja la profesión docente en todo el Estado. Mientras se multiplican las exigencias sobre los centros educativos y sobre quienes trabajan en ellos, las Administraciones siguen sin ofrecer respuestas estructurales a problemas que se han cronificado: sobrecarga laboral, altas ratios, precariedad, desigualdades territoriales, dificultades para la conciliación, deterioro de la salud laboral y falta de reconocimiento profesional.
Desde UGT Servicios Públicos llevamos años defendiendo que el Estatuto Docente no puede seguir siendo una promesa aplazada legislatura tras legislatura. Ya no estamos ante una simple reivindicación sindical: hablamos de una necesidad urgente para garantizar la calidad, la estabilidad y el futuro de la educación pública. Porque no es posible construir una escuela pública fuerte si quienes la sostienen trabajan cada vez en peores condiciones.
Un profesorado cada vez más exigido y menos protegido
El sistema educativo ha cambiado profundamente en las últimas décadas. Las aulas son hoy más diversas y complejas; el profesorado asume funciones educativas, sociales y emocionales que hace años no formaban parte de sus responsabilidades; y las Administraciones exigen continuamente adaptación metodológica, digitalización, atención individualizada y formación permanente.
Sin embargo, mientras las exigencias aumentan, las condiciones laborales no mejoran al mismo ritmo. Muy al contrario, gran parte del profesorado desarrolla su labor en un contexto marcado por el desgaste físico y psicológico, la falta de reconocimiento institucional y la sensación permanente de sobrecarga.
La burocracia se ha convertido en uno de los principales obstáculos para el ejercicio de la docencia. Cada vez más tiempo se dedica a informes, plataformas, procedimientos administrativos y tareas alejadas de la labor educativa directa. A esto se suman ratios excesivas, falta de personal de apoyo, insuficiencia de recursos especializados y un incremento constante de problemas de convivencia y salud mental en los centros. El resultado es evidente: una profesión sometida a un enorme nivel de presión y desgaste.
Por eso, desde UGT insistimos en que el futuro Estatuto Docente debe situar en el centro la mejora real de las condiciones laborales del profesorado. No basta con hablar de innovación educativa o transformación pedagógica si no se garantiza primero un marco digno para quienes trabajan diariamente en las aulas.
El Estatuto Docente: una necesidad inaplazable
La negociación de un Estatuto Docente lleva más de dos décadas apareciendo y desapareciendo de la agenda política sin llegar nunca a materializarse. Diferentes gobiernos han anunciado avances, propuestas o grupos de trabajo, pero el resultado siempre ha sido el mismo: el profesorado continúa esperando mientras se agravan los problemas estructurales de la educación pública.
La propia LOMLOE recogió la necesidad de negociar un marco normativo estatal para la profesión docente. Más recientemente, el Ministerio volvió a convocar mesas de trabajo para abordar distintos aspectos relacionados con la función docente. Sin embargo, el proceso sigue avanzando con una lentitud desesperante, muy alejada de la urgencia real que existe en los centros educativos. Desde UGT ya advertimos que no bastaba con abrir debates técnicos o crear comisiones si no existía una verdadera voluntad política de acometer reformas profundas y mejorar de manera inmediata las condiciones laborales del profesorado.
En este contexto, sí debe reconocerse la importancia de la negociación del Proyecto de Ley de modificación de la Ley 4/2019, de 7 de marzo, actualmente en tramitación parlamentaria. Esta reforma pretende corregir las desigualdades existentes entre comunidades autónomas en cuestiones esenciales para el profesorado y para la calidad educativa, estableciendo unos límites máximos comunes tanto para la jornada lectiva como para las ratios escolares.
El texto fija un máximo de 23 horas lectivas en Infantil y Primaria y de 18 horas en Secundaria, así como ratios de 22 alumnos en Primaria y 25 en la ESO. Se trata de una medida necesaria para avanzar hacia una regulación básica homogénea en todo el Estado, evitando que las condiciones laborales del profesorado y la atención educativa dependan del territorio en el que se ejerza la docencia.
Asimismo, la propuesta incorpora medidas destinadas a favorecer una atención más individualizada y a dignificar el trabajo docente en las aulas, entre ellas la obligación de que el alumnado con necesidades educativas especiales compute como dos plazas en todos los centros sostenidos con fondos públicos. Esta medida responde a una reivindicación histórica del profesorado, que lleva años denunciando la falta de recursos y de reconocimiento de la complejidad que supone garantizar una verdadera educación inclusiva.
Desde UGT consideramos que este tipo de avances van en la dirección correcta, pero también creemos que resultan insuficientes si no forman parte de una reforma mucho más ambiciosa y estructural. El profesorado necesita un Estatuto Docente que aborde de manera integral la reducción de ratios, la sobrecarga burocrática, la estabilidad laboral, la salud laboral, la promoción profesional, la formación permanente y la jubilación anticipada.
La realidad es que miles de docentes continúan soportando jornadas excesivas, altas tasas de interinidad, falta de reconocimiento profesional y un deterioro creciente de sus condiciones de trabajo. Por eso insistimos en que ya no sirven más anuncios ni compromisos aplazados. La educación pública necesita una apuesta decidida por quienes la sostienen cada día en las aulas, y esa apuesta debe traducirse, de una vez por todas, en un verdadero Estatuto Docente con rango estatal y con capacidad real para garantizar derechos y dignificar la profesión.
Un cuerpo único docente para una profesión más justa
Junto al Estatuto Docente, desde UGT defendemos otra reivindicación histórica: la creación del cuerpo único docente.
El actual sistema de cuerpos docentes mantiene una estructura heredada de modelos educativos y administrativos del pasado que ya no responde a la realidad del sistema educativo actual. Hoy, toda la profesión docente exige una cualificación universitaria superior y unas competencias pedagógicas similares, independientemente de la etapa educativa en la que se ejerza.
Sin embargo, continúan existiendo diferencias salariales y de clasificación profesional difíciles de justificar. El mantenimiento de docentes en subgrupos distintos dentro de la Administración perpetúa desigualdades que afectan especialmente al cuerpo de maestros.
Por ello, reclamamos la integración de todos los cuerpos docentes en el subgrupo A1 de la Administración Pública. Esta medida no responde a un planteamiento corporativista, sino a una cuestión de justicia, reconocimiento profesional y coherencia con la realidad formativa y educativa actual.
Defender el cuerpo único docente significa avanzar hacia un modelo más cohesionado, más moderno y más equitativo, donde se reconozca el valor de toda la profesión docente sin jerarquías artificiales entre etapas educativas.
Frenar la desigualdad entre comunidades autónomas
Otro de los grandes problemas del sistema educativo español es la creciente desigualdad territorial en las condiciones laborales del profesorado.
La descentralización educativa ha permitido adaptar determinadas políticas a las realidades autonómicas, pero también ha provocado diferencias cada vez más acusadas en aspectos fundamentales: retribuciones, horarios, complementos, promoción profesional, ratios, permisos o medidas de salud laboral.
En la práctica, los derechos de una docente o un docente dependen en demasiadas ocasiones de la comunidad autónoma en la que trabaja. Y eso es incompatible con la igualdad que debe garantizar un sistema público estatal.
Desde UGT defendemos que el futuro Estatuto Docente debe establecer un marco básico común que garantice unos mínimos homogéneos para todo el profesorado del Estado. Las competencias autonómicas no pueden servir como excusa para consolidar desigualdades laborales entre territorios.
La educación pública necesita cohesión y equilibrio territorial. Y eso solo será posible si existe un compromiso estatal firme con la homologación de derechos y condiciones laborales.
Reivindicaciones imprescindibles para dignificar la profesión
El Estatuto Docente debe traducirse en mejoras concretas y tangibles para el profesorado. Es prioritario avanzar en varios ámbitos fundamentales.
En primer lugar, es imprescindible reducir las ratios y la carga lectiva. No puede hablarse de atención individualizada ni de educación inclusiva con aulas masificadas y docentes desbordados. La reducción de alumnado por aula es una medida pedagógica, pero también una medida de salud laboral.
Igualmente, es urgente combatir la burocratización creciente de los centros educativos. El profesorado debe dedicar su tiempo a enseñar, orientar y acompañar al alumnado, no a asumir tareas administrativas interminables.
También resulta prioritario reforzar la estabilidad laboral y reducir la interinidad. La temporalidad perjudica tanto a los profesionales como a la continuidad de los proyectos educativos y a la calidad del sistema.
En materia de salud laboral, reclamamos el reconocimiento efectivo de las enfermedades profesionales vinculadas a la docencia, especialmente aquellas relacionadas con la salud mental, el estrés, la ansiedad o las patologías de la voz. La Administración no puede seguir ignorando el desgaste real que soporta el profesorado.
Asimismo, defendemos un sistema real de promoción profesional que reconozca la experiencia, la formación, la innovación educativa y el compromiso con los centros. La promoción profesional no puede limitarse a mecanismos burocráticos o simbólicos; debe tener un reconocimiento efectivo tanto profesional como retributivo.
La formación permanente también debe abordarse desde otro enfoque. Actualizar competencias no puede depender exclusivamente del tiempo personal del profesorado. La formación debe integrarse dentro de la jornada laboral y contar con recursos suficientes.
Y, finalmente, es imprescindible avanzar hacia fórmulas de jubilación anticipada y relevo generacional que permitan proteger la salud del profesorado veterano y facilitar la incorporación estable de nuevas generaciones docentes.
Defender al profesorado es defender la educación pública
Con demasiada frecuencia se intenta presentar estas reivindicaciones como demandas corporativas o privilegios laborales. Nada más lejos de la realidad.
Defender mejores condiciones para el profesorado significa defender una educación pública de mayor calidad. Significa garantizar una atención más personalizada al alumnado, reducir el desgaste profesional, mejorar la estabilidad de los equipos docentes y fortalecer el sistema educativo en su conjunto.
No existe innovación educativa posible sobre plantillas agotadas. No existe inclusión real con ratios inasumibles. No existe calidad educativa sin reconocimiento profesional.
El profesorado ha demostrado durante años un compromiso ejemplar con la escuela pública, incluso en los momentos más difíciles: crisis económicas, recortes, pandemia, cambios legislativos continuos o falta de recursos. Ha sido el esfuerzo colectivo de miles de docentes el que ha permitido sostener el sistema educativo pese a las dificultades.
Ahora le corresponde a la Administración cumplir con su responsabilidad.
Las excusas presupuestarias y los retrasos políticos ya no son aceptables. La educación pública necesita una apuesta decidida por quienes la hacen posible cada día en las aulas.
Desde UGT Servicios Públicos seguiremos defendiendo en todos los ámbitos de negociación un Estatuto Docente y un cuerpo único que reconozcan, protejan y dignifiquen la labor del profesorado. Porque defender los derechos de las docentes y los docentes es defender el futuro de la escuela pública y el derecho de toda la ciudadanía a una educación pública de calidad, equitativa y democrática.

