La infancia atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Así lo advierte el informe Humanitarian Action for Children 2026 de UNICEF, que describe un escenario global marcado por conflictos prolongados, desplazamientos masivos, sistemas básicos devastados, crisis climáticas intensificadas y un desplome histórico del financiamiento humanitario. Más de 200 millones de niños y niñas necesitarán ayuda urgente en 2026, distribuidos en 133 países y territorios.
Esta radiografía del sufrimiento infantil no se limita a señalar carencias: muestra un deterioro acelerado de indicadores que antes permitían prever cierta estabilidad. El año 2024 registró el mayor número de violaciones graves contra niños desde que existen registros; escuelas y hospitales continúan siendo atacados; y millones de familias, especialmente en contextos de conflicto armado, se ven privadas del acceso a alimentos, agua potable y servicios esenciales como salud y educación.
El informe de UNICEF subraya tres grandes tendencias que convergen y agravan la situación. La primera es el avance de los conflictos de enorme intensidad y duración, como los de Gaza, Sudán y Ucrania. Por otra parte, el aumento de los desastres climáticos y el empeoramiento de fenómenos ya existentes, como la sequía en el Sahel o los terremotos en Asia. Finalmente, está la caída drástica de los fondos humanitarios tras la llegda de Trump a la Casa Blanca y la eliminación de su agencia de cooperación (USAID) y el recorte drástico de su apoyo económico a Naciones Unidas. Unos recortes que obligan incluso a UNICEF a reducir programas, espaciar servicios o priorizar a unos territorios sobre otros.
La educación, en riesgo crítico: millones de niñas y niños sin acceso
La educación en emergencias se ha convertido en uno de los sectores más afectados por la reducción de fondos. UNICEF advierte que un recorte global de 3.200 millones de dólares en ayuda educativa podría dejar fuera de la escuela a 6 millones de niñas y niños adicionales para 2026, la mayoría en contextos humanitarios.
Las consecuencias ya se observan, aseguran. En los campamentos rohingya en Bangladesh, por ejemplo, la agencia para la infancia de la ONU —responsable del 83 % de los centros educativos— solo pudo abrir el 17 % hasta junio de 2025 por falta de recursos.
Además, las clases de secundaria fueron priorizadas para evitar riesgos como reclutamiento armado, matrimonio infantil o trabajo forzoso. A esto se suma que la educación inicial estuvo cerrada durante meses por la falta de fondos.
El mensaje es claro: sin educación, no existe recuperación posible para una comunidad afectada por una emergencia.
Financiación en caída libre: un sistema humanitario al límite
El documento denuncia que UNICEF se ha visto obligada a tomar “decisiones imposibles”: reducir la frecuencia de servicios, recortar programas o priorizar regiones en detrimento de otras. La razón es directa. Según sus datos, el llamamiento humanitario en 2025 requería 9.710 millones de dólares, de los que se consiguieron solo el 42 % hasta el mes de octubre.
Para el próximo año, UNICEF solicita 7.660 millones, menos que el año pasado, a pesar de que las necesidades han aumentado y lo seguirán haciendo. Además, las contribuciones de emergencia para 2026 se estiman en 1.430 millones, menos de la mitad de lo que se recaudó en 2023.
Los países más mediáticos (Afganistán, Palestina, Sudán, Ucrania) concentran el 47 % de los fondos, mientras que crisis igualmente graves pero menos visibles —como las del Sahel, República Democrática del Congo o Myanmar— quedan sistemáticamente olvidadas.
Ante el panorama, UNICEF ha iniciado un proceso de reforma al que llama Humanitarian Reset, destinado a simplificar los mecanismos de coordinación, dar más poder y recursos a actores locales, mejorar las cadenas de suministro y priorizar intervenciones de mayor impacto.
Pero el organismo advierte de que, sin financiación flexible, multianual y previsible, estos esfuerzos no serán suficientes para salvar vidas ni para garantizar derechos básicos.
Gaza: una infancia marcada por el hambre y la devastación total
UNICEF describe la situación en la Franja de Gaza como una de las crisis más extremas del planeta. Tras meses de violencia, bombardeos y destrucción masiva, todas las infraestructuras esenciales están prácticamente colapsadas. La población, y especialmente la infancia, enfrenta niveles sin precedentes de hambre, vulnerabilidad y desprotección.
El informe señala que en septiembre de 2025 toda la Franja estaba en situación de hambruna, según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC). En ese momento, 100.000 menores de 6 a 59 meses y 37.000 mujeres embarazadas y lactantes necesitaban tratamiento inmediato para la desnutrición aguda (wasting).
Más de 3,3 millones de personas requerían asistencia urgente. Aunque el reciente alto el fuego fue recibido como una “oportunidad histórica”, UNICEF recalca que solo será útil si permite un acceso humanitario sostenido y la restauración de servicios que llevan meses destruidos: agua, saneamiento, electricidad, salud, educación y protección infantil.
En el conjunto del Estado de Palestina, más allá de Gaza, más de 800.000 personas necesitan apoyo en salud y agua y saneamiento, y más de 150.000 niños enfrentan barreras para acceder a la educación. El mensaje central es claro: sin una inyección inmediata de recursos y sin garantías de acceso, la supervivencia y desarrollo de la infancia gazatí seguirán en riesgo extremo.
Sudán: la emergencia más grande y menos visible del mundo
Sudán se ha convertido —según UNICEF— en el epicentro de una de las peores crisis humanitarias globales. 33,7 millones de personas, de las cuales 17,3 millones son niños, necesitan ayuda urgente. El conflicto, que se prolonga desde hace casi tres años, ha provocado 9,5 millones de desplazados, el colapso de servicios esenciales y un avance acelerado de la hambruna.
Más de 21 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda. Regiones como Darfur y Kordofán ya presentan condiciones de hambruna, lo que exige un acceso inmediato y sin restricciones para una respuesta multisectorial a gran escala. UNICEF habla de un “policrisis”: conflicto, desplazamiento, enfermedades, violencia y hambre entrelazados en un círculo devastador.
La violencia también se ha extendido a países vecinos. El informe recuerda que más de 35.000 personas huyeron entre enero y abril de 2025 hacia Chad, en su mayoría mujeres y niños, tras los combates en torno a El Fasher. En el campo de Oure Cassoni, UNICEF y autoridades locales han debido instalar depósitos de agua y distribuir kits de higiene para atender a familias completamente desprovistas de recursos, como la de Aïcha Souleymane, desplazada con siete hijos tras caminar durante días sin comida ni agua.
El Sahel: violencia creciente, desplazamientos y servicios en colapso
El Sahel central —Burkina Faso, Mali, Níger— junto con áreas de Camerún, Nigeria, Chad y la República Centroafricana enfrenta una escalada de violencia armada y una profunda crisis alimentaria y educativa.
UNICEF advierte que esta región vive un deterioro acelerado de todos los indicadores de bienestar infantil por tres razones principales: la expansión de grupos armados y multiplicación de ataques contra civiles; el colapso de servicios públicos básicos, entre ellos las escuelas y los centros de salud, y la crisis climática, que intensifica sequías, inundaciones y pérdidas agrícolas.
En países como la República Democrática del Congo, parte del área más amplia del África central afectada por estas dinámicas, la situación es desgarradora: casi 10.000 casos de violencia sexual en los primeros meses de 2025, y el 40 % de las víctimas son menores. Más de 1.200 escuelas han sido destruidas o convertidas en refugios, dejando 1,6 millones de niñas y niños fuera de la escuela y expuestos a explotación y reclutamiento armado.
Burkina Faso, Mali, Níger y países vecinos forman parte además de los llamados “conflictos olvidados o crónicamente subfinanciados”; pese a representar el 31 % de los niños que UNICEF intenta atender, solo reciben el 17 % de los fondos humanitarios totales.
América Latina: violencia, desplazamiento y crisis institucional
La región latinoamericana no queda al margen del deterioro global. UNICEF dedica apartados específicos a Haití, Colombia, Venezuela y a la crisis regional de niñez en movilidad y violencia armada.
La combinación de violencia extrema, colapso institucional, catástrofes climáticas y crisis sanitaria ha situado a Haití al límite de la supervivencia. Según el informe, el 90 % de Puerto Príncipe (la capital) está controlado por grupos armados. En 2024 se verificaron más de 300 casos de reclutamiento infantil, casi el doble que el año anterior. 1,4 millones de personas están desplazadas, entre ellas 741.000 niños y casi seis millones enfrentarán inseguridad alimentaria aguda (IPC 3+) hasta mediados de 2026.
Unicef alerta de que las rutas humanitarias han sido cortadas y que el colapso de los sistemas de salud, educación y agua profundiza el riesgo para millones de niños.
El informe regional para América Latina destaca que millones de niños migrantes, desplazados o afectados por violencia armada requieren protección. La respuesta multipaís “Children on the Move” tiene necesidades de más de 106 millones de dólares, mientras que Venezuela y Colombia suman más de 164 millones adicionales en requerimientos.
La violencia armada —particularmente en zonas fronterizas, rurales y en rutas migratorias— continúa afectando a comunidades enteras, mientras que los sistemas de salud, nutrición y educación enfrentan graves limitaciones de capacidad.
Una llamada urgente ante una década decisiva
El informe de UNICEF constituye una advertencia clara: la infancia está pagando el precio más alto de un mundo en crisis y profundamente desigual. Gaza, Sudán, el Sahel y América Latina muestran que la violencia, el hambre y el desplazamiento masivo no son fenómenos aislados, sino parte de un sistema global cada vez más inestable y subfinanciado.
Frente a ello, la organización apela al compromiso internacional para garantizar que cada niño —sin importar dónde viva o qué crisis le haya tocado atravesar— pueda ejercer su derecho fundamental a vivir, aprender y desarrollarse en paz.

