La Unión Europea y los demócratas de Hungría son los grandes vencedores en las elecciones celebradas el domingo en Hungría. En sus 16 años en el poder, Viktor Orbán había construido un régimen político. Había transformado el Estado de derecho en un Estado controlado por un partido. Para ello, había desmontado todos los mecanismos democráticos: primero el judicial, la fiscalía y el Ejército; luego la televisión y la radio públicas y, después, el Tribunal Constitucional y los medios de comunicación privados, las instituciones culturales y los consejos de las empresas públicas.
El líder opositor, Péter Magyar, arrasa en las elecciones. Anoche, con el 80 % de los votos escrutados, el candidato del partido Tisza obtiene 138 escaños, frente a los 54 del actual primer ministro. Ahora, Péter Magyar tendrá que emprender un proceso de democratización del país. Para ello, gozará de una mayoría constitucional suficiente que le permitirá revertir los retrocesos impuestos por Orbán, que era el referente de Donald Trump en Europa y de los partidos de extrema derecha, como es el caso de Vox.
Cómo llegamos a esto
La gran pregunta es cómo, en el seno de la Unión Europea, Viktor Orbán había logrado imponer un sistema que recordaba el totalitarismo de Vladimir Putin en Rusia. La respuesta no es fácil. Luis G. Prado es autor de dos libros de referencia para comprender lo que ha ocurrido en la Hungría de Viktor Orbán: Crepúsculo en Budapest. Hungría en los tiempos de Orbán (Báltica, 2021) y Vida en un clima iliberal. Despachos húngaros, 2020-2022 (Alamut Bibliópolis, 2022). Su diagnóstico en 2023 resultaba desolador: «Lo que se está produciendo en Hungría —afirmaba— es un cambio de cultura política que, sin querer ser alarmista, lo compararía a la Rusia de Putin o la Alemania nazi. La sociedad se ve embarcada en un proyecto político radical por un poder suficientemente consolidado que lo normaliza. Y la sociedad se deja llevar en su mayoría por esa radicalización» (1).
El sociólogo Bálint Magyar es otra de las grandes voces de referencia para comprender lo ocurrido en Hungría. Fue uno de los intelectuales que, en los años ochenta, luchó en la clandestinidad contra el régimen soviético en el país. En los noventa fundó el partido Alianza de los Demócratas Libres y fue ministro de Educación en dos gobiernos (1996-1998 y 2002-2006). Es investigador en el Democracy Institute de la Universidad Centroeuropea y coautor, entre otros, del libro Anatomía de los regímenes postcomunistas (Hypermedia, 2023).
Magyar explicaba (2), justo después de la última victoria de Orbán en 2022, que su régimen era «una empresa política que ocupa todos los espacios del Estado y los transforma en un aparato criminal para controlar todas las posibilidades de corrupción. Su objetivo es el enriquecimiento privado de sus élites con los recursos públicos, también a través de acciones ilegales. Para blindar sus prácticas mafiosas necesitan gozar de impunidad; por ello, el Gobierno de Orbán ha acabado con la Oficina de la Fiscalía, con la Corte Criminal… Y por ello se niega a suscribir la Oficina de la Fiscalía de la Unión Europea, que podría investigar la corrupción de su gobierno».
Y lo que resultaba especialmente grave para la Unión Europea, afirmaba Magyar, es que «Orbán mantiene una relación muy estrecha con Putin, con quien lleva años aliándose con otros Estados autocráticos poscomunistas mafiosos. Sus gobiernos se basan en regímenes iliberales, que van suprimiendo la libertad de prensa, los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, y que intentan abolir la separación de poderes. Estas autocracias están dominadas por una red de familias que controlan, como un monopolio, las relaciones clientelares con el resto de los actores económicos y políticos. Y van creando un Estado paralelo controlado por aquellos a los que van nombrando».
Todo este entramado resultó derrotado en las elecciones. Un proceso parecido ocurrió en Polonia en las legislativas del 15 de octubre de 2023. El partido ultraconservador Ley y Justicia, en el poder desde 2015, fue el más votado, pero no tuvo posibilidades de formar Gobierno (en un proceso muy parecido al ocurrido en España). Toda la oposición logró llegar a un acuerdo de Gobierno con la misión de recuperar los derechos perdidos y la vocación europeísta. Hungría se quedó sin un aliado en su proyecto reaccionario, mientras la Unión Europea respiraba aliviada. Y un dato clave: la movilización del voto femenino fue decisiva en la victoria del bloque liberal. Este es un fenómeno creciente que ofrece un signo de esperanza ante el avance de la ultraderecha en las democracias.
Extrema derecha en Europa
La fuerza de la extrema derecha representa una amenaza latente en Europa. En Italia, el neofascismo alcanzó el Gobierno, mientras que formaciones de ultraderecha han participado en la configuración de gobiernos de coalición durante algunos períodos en países como Suecia, Austria y Finlandia. En Francia y Alemania, los cordones sanitarios por parte del resto de los partidos han evitado su ascenso al poder. No obstante, en Hungría, el largo período de gobierno de la extrema derecha permitió la creación de un régimen político que incumplía los mínimos requisitos democráticos. Por todo ello, la derrota de Viktor Orbán es un fracaso de la extrema derecha, de Vladimir Putin y de Donald Trump. Y una victoria de la democracia.
- Forti, S. (24/3/2023). «Luis G. Prado: La retórica de Orbán suena cada vez más a la de Putin antes de la invasión de Ucrania». CTXT.
- Simón, P. (18/3/2022). «Bàlint Magyar: “Rusia y Hungría son Estados autocráticos mafiosos”

