Convivencia y educación en valores

Los menores no acompañados de Cataluña

Es urgente aprobar un plan de choque para acabar con actuaciones de urgencia. Hay buenas prácticas que indican el camino en relación a las infraestructuras, la formación, alianzas y la cooperación entre las administraciones y las comunidades locales en las que se debe hacer la acogida.

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© Pedro Armestre/ Save the Children

A lo largo del curso pasado se han producido reiterados incidentes con motivo de la presencia de los MENA en Cataluña. Los medios de comunicación no han cesado de enviar informaciones en las que resulta difícil distinguir entre los acontecimientos y las posiciones ideológicas. De hecho, existe un reduccionismo interesado y simplificador, por lo que se impone un esfuerzo para abordar, en su complejidad, los hechos migratorios internacionales; la aplicación del principio de acogida de los emigrados; el derecho al respeto y la tutela de los MENA; la difícil y lenta inserción de los diferentes en la sociedad receptora y mayoritaria; la reivindicación de los recursos imprescindibles y la crítica constructiva del modelo que se está implementando.

Entre la presencia y el estigma

El seguimiento sistemático de la prensa catalana, durante todo un año, permite constatar que la situación ha impactado en la sociedad y ha derivado en temas muy sensibles para la opinión pública.

Empecemos por recordar que las llegadas de MENA, en junio del año 2018, se habían multiplicado por cuatro respecto a las del año anterior. De los 8.110 menores tutelados, 1.859 eran inmigrantes no acompañados. El sistema previsto de acogida no era capaz de dar la respuesta adecuada: faltaban recursos de todo tipo para hacer frente a una situación de excepcionalidad y de urgencia. Por ello la Administración de la Generalitat, con competencias exclusivas en la tutela de menores, recurrió a entidades del Tercer Sector para habilitar albergues y casas de colonias como «instalaciones de emergencia».

Muy pronto, la situación desbordaría los centros de acogida y en algunos lugares empezaría a haber quejas de los vecinos por incidentes diversos, como hurtos, conductas incívicas, acosos, atribuidos a los MENA en Barcelona, ​​Santa Coloma de Gramanet, Canet y Arenys. También empezaría a extenderse «el estigma de la delincuencia MENA» sobre el colectivo, más allá de los casos o incidentes en que, realmente, se habían dado conductas delictivas o incívicas.

El paso a las agresiones a los MENA

De las actitudes y las palabras se pasaría pronto a las amenazas de carácter racista a los MENA en Canet de Mar; asaltos a un albergue por parte de unas veinticinco personas encapuchadas; en Castelldefels, destrozando el mobiliario y agrediendo a los profesionales y MENA residentes, seguidos de manifestaciones y contramanifestaciones a favor o en contra de los menores migrantes; en Rubí, un grupo de vecinos se opondrían a la proyectada instalación de unos ochenta menores en el edificio de un hotel. La alcaldesa apoyaría a los vecinos, mientras varias entidades sociales censuraban actitudes racistas y xenófobas. También se produjo una pelea entre un grupo de MENA, instalados en un hotel de Calella, y un colectivo gitano. El detonante había sido un robo con intimidación de un móvil a un menor de doce años. En julio se producía un sonado intento de asalto contra un Centro de Menores en El Masnou, atizado y organizado por conocidos personajes de la extrema derecha, tras una presunta agresión sexual, con el resultado de seis heridos leves y el arresto de hasta seis personas.

Algunos elementos para una reflexión crítica

Durante el último semestre hemos vivido muy de cerca, con una intensa preocupación, todos estos hechos y hemos reflexionado sobre la dinámica de los procesos migratorios internacionales y la necesaria política migratoria: las personas tienen derecho a desplazarse en el espacio, sin lesionar los derechos de los demás y sin ser objeto de violencia; el fenómeno migratorio es un elemento consustancial al desarrollo humano y no un hecho accidental; en realidad, el número de migrantes irregulares aumenta y los intentos de reducirlos resultan frustrantes. El caso de los MENA es paradigmático y bien ilustrativo.

En los países ricos se van extendiendo pulsiones racistas a medida que fracasan o resultan insuficientes las políticas de control de los flujos migratorios, por la ausencia de colaboración internacional entre países de origen, tránsito y destino de los migrantes. Cataluña tiene una realidad migratoria de dimensiones extraordinarias, con una sistemática de acogida e integración de inmigrantes y una larga experiencia. Se impone una política migratoria inclusiva.

Las dimensiones del alterofobia y la construcción de la comunidad

La acogida no funciona cuando la mirada de los que acogen o la de los recién llegados excluye, margina u ofende; cuando la alterofobia marca pautas de conductas que, gradualmente, se expresan en actitudes, opiniones y expresiones de hostilidad; en conductas y actos de exclusión o agresiones, y en ideas, prejuicios y estereotipos, con los que se legitima la discriminación y la exclusión social.

La acogida de los extranjeros, siempre y en todas partes, ha requerido tiempo y ha sufrido no pocas dificultades de adaptación de los inmigrantes y de desconcierto e inseguridad de los que acogen. La incertidumbre preside siempre las dinámicas interculturales, trastorna seguridades establecidas y cuestiona, bidireccionalmente, a todos los agentes implicados. La clave del éxito de los procesos migratorios es la voluntad de hacer y construir comunidad, entre colectivos que se saben diferentes. Una voluntad que se expresa en la empatía mutua, en aquella respetuosa distancia que conlleva la aceptación de las diferencias entre vecinos, la deferente consideración hacia las personas y, en definitiva, el respeto mutuo.

Conocer para aprender y convivir

Echamos de menos un estudio socioantropológico profundo, que nos dé a conocer la realidad y los perfiles de los MENA presentes en Cataluña, que ponga al día la información que proporcionó el trabajo de V. Quiroga y otros, de 2009, publicado por la Fundación Bofill, con el título Sueños de bolsillo. Chicos y chicas menores migrantes no acompañados. Es imprescindible disponer de una información de calidad que nos permita conocer la realidad de los MENA: de dónde proceden; cuál es su perfil personal; por qué y cómo migraron; cuáles son sus expectativas; de qué información disponían cuando decidieron venir a Europa; cuáles son los riesgos de caer en manos del tráfico de personas y cómo operan las mafias; cómo se han sentido acogidos; cuál es el tejido asociativo que empiezan a crear, cuál es el proceso de acoplamiento o adaptación que están viviendo.

Tres comentarios, a modo de conclusión

La atención a los menores emigrantes no acompañados es un tema de país y, prioritariamente, una cuestión de derechos preferentes de la infancia.

Es imprescindible que se trabaje de manera más coordinada. Hay que exigir el trabajo conjunto entre la Administración competente (responsable última y principal de la tutela de los menores), las administraciones locales, las entidades sociales y, en general, la sociedad civil.

Quizás la más urgente medida que tomar sea la mejora del modelo de intervención y la aprobación de un Plan de Choque para acabar con actuaciones de urgencia y de emergencia social. Hay buenas prácticas que indican el camino en relación a las infraestructuras, la formación, alianzas y la cooperación entre las administraciones y las comunidades locales en las que se debe hacer la acogida.

 

Salvador Carrasco Calvo. Patrono de Fundesplai

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