Convivencia y educación en valores

Las ‘start-up’ del sector ‘edtech’ quieren conquistar la educación

El crecimiento del sector edtech se basa en las nuevas posibilidades tecnológicas, pero también en la idea de que el sistema educativo ha quedado anticuado. Ante el escenario de la necesaria actualización educativa, el sistema educativo se tensa.

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Las start-ups son iniciativas empresariales basadas en la innovación (normalmente tecnológica) y en la escalabilidad. Son una parte del tejido empresarial en crecimiento por todo el mundo, también en nuestro país. Barcelona está dentro del top 20 de la Unión Europea en captación de la inversión de hubs tecnológicos (Mobile World Capital, 2019). La mayoría de los servicios ofrecidos por estas start-ups son productos o servicios en línea, básicamente centrados en la tecnología para el hogar, para la salud y el bienestar, sobre transportes, viajes o de aplicaciones para empresas (Steigerhal, Mauer, & ESCP Europe, 2018).

La educación, y más concretamente el sector edtech (tecnología educativa), no es de los sectores que más destacan en las start-ups, pero esto podría cambiar. Por poner algunos datos, entre 2010 a 2017 se invirtieron 2.300 millones de dólares en compañías de tecnología educativa de educación infantil y primaria en los Estados Unidos (Edsurge, 2017). Hay 10 start-ups en el mundo de la edtech que tienen un valor superior a los 1.000 millones de dólares (conocidas como unicornios), de las cuales 7 están en China, 2 en Estados Unidos y 1 en la India (Zhang, 2019).

China es líder en número de start-ups y en volumen económico. Solo en Pekín hay más de 3.000 del sector edtech. Según el informe Global EdTech Ecosystem, en Londres hay 520. Según el Barcelona & Catalonia Startup Hub, en toda Cataluña hay 73. El crecimiento del sector edtech se basa en las nuevas posibilidades tecnológicas, pero también en la idea de que el sistema educativo ha quedado anticuado, que no responde a los retos de la sociedad actual (altamente tecnologizada y globalizada) y que por ello se tiene que “revolucionar” la educación. Ante el escenario de la necesaria actualización educativa, el sistema educativo se tensa.

Según la Comisión Europea, hay una falta de inversión en la educación pública en España, que se ha estancado por debajo de la media europea y, en cambio, hay más inversión en la educación privada (European Comission, 2019). ¿Cómo se puede hacer frente a los retos del siglo XXI sin las herramientas necesarias? Aprovechando este escenario, de manera oportunista surgen iniciativas de carácter privado que procuran aportar respuestas. Allí donde no llega el sector educativo público lo copará el sector privado o, cuando menos, lo acabará influenciando.

El proyecto de iniciativa privada Escola Nova XXI acabó siendo adoptado por la Administración pública del Govern de la Generalitat de Catalunya (Saura, 2019). Paralelamente, varios centros adoptan software y materiales de la industria edtech que acaban cambiando su manera de hacer como, por ejemplo, las herramientas de Google Educación o el entorno Class Dojo, plataformas de gestión de procesos educativos y de monitoreo de los estudiantes. De entrada, esto no es malo ya que pueden ganar cierta agilidad y formas de trabajo más cómodas y posibilitadoras para el aprendizaje. Pero hay varios riesgos como la pérdida de control de los datos generados, la adopción de formas de trabajo basadas en la individualización, el control de la conducta o basar el aprendizaje en la mera secuenciación de contenidos.

Aparte de las start-ups que ofrecen servicios edtech, aparecen también «escuelas start-up», es decir, centros educativos enteros que, con la excusa de la renovación pedagógica, hablan de cambiarlo todo y consiguen grandes cantidades de financiación privada que aún refuerza más su marketing. Han detectado que en el sector educativo hay margen para hacer negocio porque es un espacio muy social, con muchas personas implicadas y que dura toda la vida. Se pueden automatizar procesos y abaratar costes a través de sustituir docentes por algoritmos, vender dispositivos, contenidos, software, mobiliario, etc. En general, estas empresas no pretenden hacer un mundo mejor como las iniciativas de renovación pedagógica de finales del S.XIX y principios del siglo XX sino que pretenden crear un relato de marketing pedagógico (no siempre bien explicado) e influenciar el sistema educativo público.

En China, varias start-ups de la edtech ya han entrado en el sistema educativo donde aplican mecanismos de reconocimiento facial o diademas de actividad neuronal entre otros dispositivos que pueden hacer de la escuela un espacio asfixiante. En Estados Unidos, las Alt Schools eran centros con pocos docentes, con cámaras de vigilancia (monitorización) y educación 1×1. Un software creaba listas de aprendizaje en función de las necesidades de cada estudiante, detectadas con algoritmos de inteligencia artificial que registraban la actuación del alumno, y adaptaban el nivel de dificultad de las actividades de aprendizaje en consonancia. La matrícula era de 30.000 dólares al año. En Barcelona encontramos Learnlife, una iniciativa que cuenta con el apoyo de gente como el cocinero Ferran Adrià o el consejero delegado del GSMA, John Hoffmann, entre otros. Tiene un precio de 8.000 euros al año por los programas a tiempo completo, aunque no están habilitados para dar ninguna acreditación oficial del sistema educativo formal.

A pesar de haber reunido 174 millones de dólares de financiación, las Alt Schools cerraron en julio de 2019, tras dos años de actividad. Aun así, el sueño de hacer negocio con la educación (con la excusa de revolucionarla) sigue vivo. No olvidemos que la escalabilidad y la expansión se encuentra en el ADN de las start-up. Por ello, la perspectiva crítica en educación es imprescindible. Convendría que, desde el sector educativo (también desde las facultades de Educación) se analizaran críticamente las posibles implicaciones y riesgos que puede conllevar la adopción de ciertas herramientas, servicios y relatos promovidos por actores importantes del lucro. No para descartar directamente las opciones del sector edtech, que las puede haber muy valiosas, sino para ser conscientes y tener herramientas para evitar que el futuro del sistema educativo acabe siendo colonizado por la «tecnología del control de las personas» y por los vendedores de humo y seudo-pedagogía.

Referencias

Edsurge (2017). The State of Edtech 2016. Recuperado de: https://www.edsurge.com/research/reports/the-state-of-edtech-2016

European Comission. (2019). Education and Training Monitor 2019. Recuperado de: https://ec.europa.eu/education/sites/education/files/document-library-docs/2019-education-and-training-monitor-summary.pdf

Steigerhal, L; Mauer, R. ESCP Europe. (2018). EU Start-up Monitor. Recuperado de: http://startupmonitor.eu/EU-Startup-Monitor-2018-Report-WEB.pdf

Mobile World Capital. (2.019). Startup Ecosystem Overview 2019. Recuperado de:  https://empreses.barcelonactiva.cat/documents/20592/209207/Digital+Startup+Ecosystem+Overview+2019/b13da216-5b5a-40e2-9a6d-dd9a074e6a69

Saura, V. (18 de diciembre de 2018). ‘Educación asume el programa Escuela Nueva 21 para hacerlo llegar a todo el país’. El Diari de l’Educació. Recuperado de: http://diarieducacio.cat/educacio-assumeix-el-programa-escola-nova-21-per-fer-lo-arribar-a-tot-el-pais/

Zhang, V. (2019). China EdTech Series: Why we should be paying attention to China. Navitas Ventures. Recuperado de: https://blog.navitasventures.com/china-edtech-insights-part-1-e08bff139e73

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