Desde la Vall Fosca queremos generar espacios de cultura, reflexión y encuentro. Espacios que permitan compartir experiencias, plantear preguntas y observar la realidad desde perspectivas diversas. Este festival es una buena muestra de ello. Nace con la voluntad de acercar la cultura audiovisual al territorio, pero también de que la ciudadanía no sea simplemente espectadora, sino que participe activamente en la construcción del proyecto.
El Festival Internacional de Cortometrajes de la Vall Fosca parte, por tanto, de una idea sencilla pero ambiciosa: llevar el cine al territorio y, al mismo tiempo, convertirlo en una herramienta de participación, educación y diálogo. No se trata solo de proyectar unas películas, sino de crear un proceso en el que las personas puedan observar, valorar, debatir, decidir y compartir.
La convocatoria internacional se difundió a través de Festhome, una de las principales plataformas especializadas en la gestión y difusión de festivales de cine. La propuesta giraba en torno al tema «Infancia, juventud y vejez. Principios y finales», una temática que invita a reflexionar sobre las distintas etapas de la vida y sobre aquello que compartimos como seres humanos, más allá de la edad, el origen o el lugar donde vivimos.
La respuesta superó las expectativas iniciales. Se recibieron 90 cortometrajes procedentes de más de diez países, con obras llegadas de lugares tan diversos como Colombia, Argentina, Estados Unidos, Francia, Italia o Japón. Esta participación internacional permitió que, desde un pequeño territorio de montaña como la Vall Fosca, pudiéramos abrir una ventana al mundo y descubrir historias, culturas y formas de ver la vida muy diferentes de la nuestra.
Un festival construido desde el territorio
Para seleccionar las obras que formarían parte de la programación, se constituyeron tres grupos de visionado y selección. Uno estaba formado por vecinos y vecinas de la Vall Fosca; otro, por alumnado de 4.º de ESO del Institut de La Pobla de Segur; y el tercero, por personas usuarias del Casal Cívic de La Pobla de Segur. El cartel del festival nació también de la participación directa del alumnado. Dos alumnas de 3.º de ESO del Institut de La Pobla de Segur fueron las ganadoras del concurso convocado entre todo el alumnado del curso para elegir la imagen del festival. Así, el cartel se convirtió en la imagen que identifica esta primera edición.
Una selección de los cortos participada
De los 90 cortometrajes presentados, se seleccionaron 30 para pasar a la fase final. Para poder desarrollar esta tarea con criterio, los tres grupos encargados de la selección participamos en una sesión de formación impartida por Irena Visa, cineasta y profesional del sector audiovisual.
A partir de esta formación, cada grupo inició el proceso de visionado. Vimos los cortometrajes, los comentamos, compartimos impresiones y los puntuamos de acuerdo con los criterios establecidos. Este proceso convirtió el visionado en una experiencia colectiva. No se trataba solo de ver cine, sino de aprender a mirarlo, argumentar nuestras opiniones y escuchar las de los demás.
Y esta es una de las aportaciones más interesantes del proyecto: aprender que la cultura también se puede construir desde la participación ciudadana. Las personas que habitualmente desempeñan el papel de espectadoras pasan a formar parte del proceso de selección y programación.
Los días 19 y 20 de junio se celebró el festival, estructurado en tres sesiones de proyección, con una asistencia de público de unas cincuenta personas por sesión. Los asistentes podían votar hasta tres cortometrajes. El cine se convirtió así en el punto de partida para hablar de la infancia, la juventud y la vejez, pero también de las relaciones humanas, los cambios vitales, las pérdidas, los aprendizajes, los conflictos y las esperanzas que forman parte de nuestra vida.
El proyecto tampoco se ha limitado a las fechas del festival. Durante estos meses se han desarrollado diversas actividades paralelas, como proyecciones acompañadas de debate. Estas actividades han permitido profundizar en el lenguaje audiovisual y, al mismo tiempo, utilizar el cine como una herramienta para abordar cuestiones de actualidad y generar conversaciones entre los participantes.
El cine: herramienta educativa, intergeneracional e inclusiva
El festival también ha querido llegar a los más pequeños. En la Escola Vall Fosca se celebró un Minifestival de Cortometrajes, en el que el alumnado pudo ver una selección de obras especialmente pensadas para él, compartir sus impresiones y votar sus cortometrajes favoritos. Su participación incorporó una mirada imprescindible al proyecto: la de la infancia. En la nueva edición se prevé celebrar el festival en las escuelas de primaria de la comarca y se crea un premio especial que recibirá el cortometraje más votado por el alumnado.
El festival está organizado y producido por el Ayuntamiento de La Torre de Capdella, con el apoyo de un equipo coordinador responsable del desarrollo y la ejecución del proyecto. También queremos agradecer la participación de la Cooperativa Alba Jussà, que ha colaborado en la elaboración de los programas de mano en lectura fácil. Esta iniciativa representa un paso más en la voluntad de avanzar hacia una cultura más accesible y de facilitar que el mayor número de personas pueda participar y disfrutar de las actividades.
El 21 de agosto el proyecto culminó con el acto de entrega de premios, una jornada que permitió volver a ver algunos de los cortometrajes mejor valorados y compartir el cierre de esta primera edición. El cortometraje más votado por el público, y ganador del festival, fue Ya nos tocaba. Resultaron finalistas La Silla y Papá.
Esta primera edición del Festival de Cortometrajes de la Vall Fosca se configura, así, como un espacio de encuentro entre generaciones, culturas y miradas. Un proyecto con una clara vocación educativa, participativa y cultural, arraigado en el territorio, pero a la vez conectado con realidades muy diversas de todo el mundo.
Un festival con continuidad en 2027
Por eso, más que hablar de un festival de cine social, preferimos hablar de un festival social de cine. La diferencia puede parecer pequeña, pero expresa una forma distinta de entender la cultura. No queremos hacer simplemente un festival que muestre historias de carácter social. Queremos que el propio festival sea un espacio social: un lugar donde las personas se encuentren, participen, aprendan, opinen, escuchen y construyan juntas.
Ya se ha empezado a poner en marcha la segunda edición del festival, prevista para la primavera de 2027. La buena acogida de la primera edición y la implicación de personas, entidades e instituciones del territorio han animado a dar continuidad al proyecto.

