Hace tiempo había escrito y reflexionado sobre los ejes transversales (temáticas de relevancia social) en los currículums de los diferentes niveles educativos y su importancia para la educación en valores. Ya era consciente que el concepto de eje transversal puede tener muchas acepciones y, por tanto, podía ser aplicado en muchas situaciones, la ubicación o función de una carretera, una decisión política, un proyecto, etc… Es decir que se podía aplicar en diferentes áreas, además de la educación, como la geometría, la empresa, en medicina, en urbanismo o en la investigación.
Últimamente me ha llamado la atención la existencia de un eje político, ideológico, de valores con mucha capacidad de transversalizar la vida cotidiana y la construcción de pensamiento. Usando muchos instrumentos como eslóganes o datos falsos, este eje se va dibujado de forma presencial en el territorio.
La extrema derecha y sus postulados, por ejemplo, “primero los nacionales” en todas sus versiones, van ganando territorio ideológico y físico. Este principio, se extiende por diferentes capas sociales y atraviesa todos los ámbitos de la vida y actividades, configurando y modificando criterios básicos de justicia y equidad social.
Primero los nacionales es una idea y manifestación segregadora y racista, que quiere excluir a los inmigrantes en un país en que, si rastreamos nuestros orígenes, solo en dos o tres generaciones anteriores, la gran mayoría somos inmigrantes, sin entrar en los grandes movimientos migratorios de nuestra historia.
O también podemos considerar que recientemente durante unas cuantas décadas éramos nosotros los que hemos sido emigrantes e inmigrantes en otros países europeos. Curiosamente muchos de estos que emigraron para buscar una vida mejor o sus familiares, ahora son quienes rechazan a estos inmigrantes que, como hacían ellos, ahora hacen los trabajos que nosotros no queremos hacer y en condiciones inhumanas. Les mueve el eslogan “primero los nacionales”, por muy difícil que sea concretar quiénes son los nacionales. Este principio, y otros que se defienden desde la extrema y no tan extrema derecha, atraviesan e impregnan de ‘antivalores´ la globalidad de la vida cotidiana negando los derechos básicos recogidos en los Derechos Humanos. El primero podría sr el derecho a emigrar para buscar una vida mejor.
Los inmigrantes pobres o sin recursos, pues los ricos no tienen ningún inconveniente y son bienvenidos, hacen trabajos socialmente imprescindibles por sueldos de miseria y pagan impuestos, si es que tienen papeles para poderlo hacer.
El argumento de que los extranjeros destruyen nuestra identidad cultural y la cohesión social no se sustenta
Los estudios sociológicos niegan la relación directa entre inmigrantes y delincuencia y apuntan como factores determinantes los socioeconómicos. Es por eso y por derechos humanos básicos, que el Estado les tendría que proteger, dar seguridad y asegurar su bienestar usando los recursos necesarios. El argumento de que los extranjeros destruyen nuestra identidad cultural y la cohesión social no se sustenta en tanto que históricamente nuestra identidad cultural es dinámica y resulta de un mestizaje. En todo caso, su presencia es una oportunidad de enriquecimiento mutuo y una obligación para las administraciones de establecer políticas inclusivas.
Desde una visión cosmopolita, humanitaria y de justicia social, la emigración no tendría que ser restringida pues se limitan y niegan derechos básicos, por un hecho aleatorio de haber nacido en otro lugar del que han tenido que marchar para sobrevivir. Lugares y países en los que nosotros, países desarrollados o del norte global, históricamente tenemos una gran responsabilidad en su situación económica. En todo caso las políticas tendrían que ser de ayuda a estos países para que no tengan que emigrar y evitar las grandes avalanchas que son imposibles de asimilar a corto plazo por el país de recepción haciendo que sea imposible que encuentren las condiciones de vida digna que esperaban. Nadie lo deja todo y se juega la vida sin una necesidad imperiosa. Y una vez hecho han de ser acogidos por humanidad y por cuestiones legales.
El principio supremacista de “primero los nacionales” que está atravesando con fuerza la vida política y la vida cotidiana, ahora mismo también en Europa y Estados Unidos, se fundamenta en la desigualdad y en la discriminación por razones de origen, nivel económico, etnia, religión, todas ellas de un grado elevado de arbitrariedad y aleatoriedad para los ciudadanos que lo tienen que sufrir, pero también para los que lo usan como argumento de superioridad.
Nadie ha elegido dónde ha nacido y sus condiciones de vida. El derecho a la libre movilidad para buscar una vida mejor, a la igualdad ante la ley, a tener una vida digna como persona, a participar en la vida económica, social y cultural en igualdad de condiciones, a tener garantizados los derechos fundamentales y otros derechos básicos ya están recogidos hace muchos años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Estos tendrían que ser los esos transversales en forma de red en nuestra sociedad.

