El racismo y la xenofobia siempre han estado presentes en España, pero en los últimos años Vox ha conseguido canalizar y aumentar estos discursos gracias a conceptos como la “Reconquista” o “Prioridad nacional” que miles de sus simpatizantes lucen en pulseras con la bandera de España.
“La integración no significa que Alemania se adapte a los musulmanes; integración significa que los musulmanes se adaptan a Alemania”. “Los gobiernos Tory y Laborista han fallado a una generación de jóvenes con un currículo deficiente que socava el rigor académico y la identidad nacional en favor de promover su agenda de inmigración masiva”. Fratelli d’Italia es “fuertemente contraria a una sociedad multicultural, por considerarla capaz de minar los valores identitarios de la nación”.
El acuerdo de PP y Vox en Andalucía, parco en palabras, resulta muy similar a lo descrito más arriba por diferentes documentos de partidos de extrema derecha y neofascistas en diferentes puntos del continente. De Reino Unido a Italia.
La nueva presidencia de Juanma Moreno, considerado por muchos como un perfil moderado dentro del PP, dará sus primeros pasos con el cerrojazo al Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí (PLACM) que comenzó hace décadas en varias comunidades autónomas, amparado por un convenio bilateral entre los reinos de España y Marruecos firmado en 1980. Lo hará a partir del curso 27-28, según reza el texto.
Desde el Ministerio de Educación no se pronuncian por ser una decisión política, dicen fuentes del Departamento que dirige Milagros Tolón.
El PLACM
El programa, aunque dio sus primeros pasos con el acuerdo bilateral entre España y Marruecos en 1980, no entra en vigor hasta 1985. Pero no será hasta el primer Gobierno de Mariano Rajoy, en 2012 que se firma el Acuerdo de Asociación Estratégica en materia de Desarrollo y de Cooperación Cultural, Educativa y Deportiva.
El artículo 14 establece que España y Marruecos apoyarán el PLACM facilitando, España, la enseñanza del programa a los estudiantes marroquíes escolarizados en primaria y secundaria,“así como a los alumnos españoles interesados”.
Además, las autoridades competentes, habilitarán las aulas necesarias para los docentes marroquíes que impartan el programa y Marruecos supervisará a los docentes, “eventualmente con la ayuda de las autoridades españolas”.
Las cifras no parecen justificar que la eliminación de este programa en Andalucía ocupe el segundo lugar de las prioridades del acuerdo de gobierno que dará la Presidencia a Juanma Moreno.
Si se miran los datos de escolarización para esos años en primaria y secundaria se obtienen cifras entornos a los 800.000 jóvenes, según el Ministerio de Educación. El porcentaje más alto de estudiantes acogidos al PLACM fue en el curso 2018-19 y suponían el 0,4 % del total de chicas y chicos en el sistema público.
Hay que recordar que el coste para Andalucía, a excepción de los consumos como agua, luz y el PAS en los centros, es cero.
No injerencia
“Se muestra rechazo explícito a cualquier programa de adoctrinamiento en las aulas y a cualquier injerencia extranjera o intento de diluir la identidad”. Así termina el texto del acuerdo de investidura de Juanma Moreno en el que se habla de la eliminación de este programa en Andalucía.
El programa se sustenta en que España cede espacios y tiempos en los centros educativos para que se den clases de idioma árabe y cultura marroquí para cualquier estudiante, fuera del horario lectivo. El profesorado es personal funcionario del país vecino y se controla a través de su Embajada.
El sistema es muy similar al que estableció, un año antes, el acuerdo entre España y el Vaticano. Aunque hay diferencias.
La Conferencia Episcopal española es el brazo local que representa a la Santa Sede (un estado soberano diferente a España). Aquella decide quién es idóneo para dar clases de Religión católica y España paga los salarios y, si no hay una causa muy justificada, no puede negarse a contratar a una persona concreta.
Además, el PLACM funciona fuera del horario lectivo, al revés que el firmado con el Vaticano. Su implantación territorial es voluntaria, mientras que la implantación del convenio con la Santa Sede es de implantación estatal y obligatorio para el sistema (aunque voluntario para sus estudiantes).
Los docentes que imparten en el PLACM, son funcionarios docentes marroquíes, como lo son los españoles que trabajan en los diferentes colegios e institutos españoles más allá de nuestras fronteras. Muchos de ellos, en Marruecos.
El modelo francés
Francia, ya desde 1975 y guiada por una directiva de la, entonces, Comunidad Económica Europea, firmó acuerdos con diferentes países con la idea de que se enseñara en los centros tanto la lengua como la cultura de algunos de los países de los que recibía una importante cantidad de migrantes.
El objetivo de la directiva era que en los diferentes países de la CEE los trabajadores migrantes pudieran estar conectados con sus culturas de origen para el día en que volvieran a ellos. Portugal, España, Túnez, Italia, Marruegos, la antigua Yugoslavia, Turquía y Argelia fueron los estados con los que se firmó.
Como en el modelo español, el programa ELCO (Enseñanza de lengua y cultura de origen) contaba con profesorado funcionario del país en cuestión, contratados en origen y con formación superior en él. Francia no tenía control sobre las clases, que se ofrecían fuera del horario lectivo ordinario.
Con los años, las críticas al modelo, precisamente pro la falta de control, llevaron a una cierta transformación en 2016 de la mano de la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem.
El ELCO pasó a ser el EILE (Enseñanzas internacionales de lenguas extranjeras). Los docentes eran franceses y estaban controlados por la Inspección educativa del país vecino.
Oficialmente desde 2020 ya solo existe EILE, pero la enseñanza del árabe sigue siendo polémica. En 2024 un miembro del partido de Marie Le Pen, renombrado como Agrupación Nacional (Rassemblement National) en vez de Frente Nacional, lanzó duras críticas a Najat Vallaud-Belkacem por su origen franco-marroquí. La líder, Le Pen desautorizó las críticas.

