A lo largo de 13 sesiones formativas, un grupo de 17 docentes brasileños fue invitado a revisar su propia trayectoria, analizar las decisiones que les habían llevado hasta el momento actual e imaginar nuevos caminos para el futuro.
En lugar de centrarse en el currículo, la evaluación o las metodologías, la propuesta perseguía otro objetivo: reflexionar sobre el sentido de la vida y el de continuar en la docencia. En un contexto marcado por la desvalorización social de la profesión, el desgaste emocional y el abandono de la docencia, la formación abordó estas cuestiones a partir del concepto de proyecto de vida, entendido como una fuerza motivadora que orienta nuestras decisiones y contribuye a construir un futuro con sentido.
Al invitar al profesorado a proyectar el futuro, resulta inevitable volver la mirada al pasado para replantearse las decisiones que les llevaron hasta ese momento y reflexionar sobre si estas contribuyen – o no – a alcanzar aquello que desean para sus vidas. Este proceso movilizó pensamientos, emociones, creencias, valores y representaciones sobre sí mismos, sobre la profesión docente y sobre la práctica educativa, favoreciendo una resignificación de sus trayectorias personales y profesionales.
Los encuentros formativos
Los encuentros se estructuraban siempre en dos momentos. En el primero, se proponía una actividad inicial, como la creación de una obra artística, la escritura de una carta o la interpretación de imágenes sugerentes. En el segundo, se abría un espacio de diálogo y reflexión en torno a la experiencia realizada, vinculando las vivencias compartidas con conceptos teóricos como el proyecto de vida, el bienestar, los valores y las creencias. A continuación, se presentan dos de estos encuentros.
Imaginar el futuro a través del arte
En el primer encuentro, se invitó al profesorado a realizar una pintura que representara cómo les gustaría verse dentro de diez años. Se pusieron a su disposición diversos materiales y dispusieron de treinta minutos para la creación artística. La pintura permitió expresar de forma simbólica deseos que no siempre resultaban fáciles de comunicar con palabras: muchos se representaron en la playa, descansando o disfrutando de su tiempo libre, por ejemplo. A continuación, organizamos un diálogo en grupo para que cada participante compartiera su creación.
Tras las presentaciones, la formadora invitó al profesorado a identificar patrones comunes en sus producciones, lo que permitió constatar que gran parte de las imágenes estaban relacionadas con el descanso y el ocio. Al reflexionar sobre ese patrón en la forma de proyectar el futuro, los participantes pudieron reconocer que esa forma de imaginar el futuro estaba vinculada al cansancio que experimentaban en el presente. A partir de esta constatación, fue posible profundizar en la reflexión sobre su realidad, los caminos que les habían conducido hasta ella y los cambios que serían necesarios para acercarse al futuro que habían imaginado.
Reconocer el propio camino
En el último encuentro, el profesorado fue invitado a escribir una carta de agradecimiento a sí mismo por la vida que había construido. Este encuentro resultó especialmente emotivo y, durante la puesta en común, los participantes reconocieron la fortaleza con la que habían afrontado los desafíos de su trayectoria, las dificultades que superaron para convertirse en docentes y cómo su vida actual representaba ya la realización de un sueño que habían tenido en el pasado. Al finalizar, escribieron compromisos para el futuro, estableciendo nuevas proyecciones a partir de las reflexiones compartidas durante la formación.
Formar a quienes forman, cuidar de quienes cuidan
La formación fue valorada muy positivamente por el profesorado, que llegó a comentar que era la primera vez que una actividad formativa ponía el foco en ellos y no únicamente en el alumnado. A lo largo del proceso, la interacción dentro del grupo se convirtió en una valiosa oportunidad para revisar creencias, cuestionar ideas preconcebidas y construir nuevas formas de comprender la profesión. Especialmente enriquecedor fue el intercambio entre las mujeres sobre los retos de conciliar la maternidad con la docencia, así como el diálogo entre las mujeres negras acerca del impacto del racismo en sus vidas.
Además, la formación contribuyó a que muchos docentes resignificaran la imagen que tenían de sí mismos. Al escuchar las dificultades de sus compañeros, comprendieron que no afrontaban solos los problemas y las frustraciones del trabajo docente y, a partir de ese reconocimiento, comenzaron a construir una red de apoyo para afrontar los conflictos con el alumnado, sus familias y el equipo directivo. En definitiva, la experiencia mostró que, al reconocer sus trayectorias, compartir los desafíos y fortalecer los vínculos con sus colegas, los participantes encontraron nuevas formas de comprender su práctica, fortalecer su identidad profesional y renovar el sentido de continuar en la docencia.

