Ecoescuela abierta

La salud planetaria pide ayuda a la escuela porque necesita un cambio de dieta urgente

A lo largo de varios cursos, en primaria y secundaria, la escuela enseña algo sobre los alimentos y da a conocer a los escolares qué es mejor que coman y por qué, cuáles son los alimentos y nutrientes que más convienen a su cuerpo.

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Foto: Pixabay

Convirtamos las escuelas en escenarios múltiples relacionados con la alimentación: campos de cultivo, supermercados, cocinas de casa y mesas de comedor. Dado que puede que el alumnado, en general, no esté muy implicado en este asunto cotidiano, podemos fomentar su curiosidad con un par de frases que se atribuyen a personajes célebres, haciendo hincapié en qué dijeron y cuándo, y pedirle que opinen sobre ellas. Dicen más o menos así: “Nuestra comida debería ser nuestra medicina y nuestra medicina debería ser nuestra comida” (Hipócrates, médico griego que vivió hace 2.500 años) y “comer es una necesidad, pero comer de forma inteligente es un arte» (La Rochefoucauld, filósofo moralista francés y escritor del siglo XVII). Ahora que se están poniendo de moda concursos televisivos sobre cocina, incluso los hay infantiles, se debería incidir en que la alimentación está muy ligada a la salud, por eso necesita seleccionar alimentos y nutrientes con inteligencia. Demos tiempo a que el alumnado exprese sus ideas, hable de sus hábitos y tomemos nota en la pizarra o en la PDI de sus saberes y desconocimientos, de sus deseos, para trabajarlos posteriormente.

En este sentido, y dirigida a todo el mundo, la FAO tiene una página especial dedicada a la alimentación y nutrición escolar en el mundo, en donde da consejos sobre la nutrición en general con una serie de directrices sobre las comidas escolares o la conveniencia de utilizar los productos locales para la alimentación. Incorpora guías alimentarias por países. También se puede consultar la estrategia Naos Come sano y muévete. 12 decisiones saludables de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Una buena guía para programar actividades con el alumnado, pues plantea situaciones de la vida corriente y da sencillos consejos para la práctica personal y colectiva. Es la edición de 2012, pero hay más números de la Estrategia Naos que resultan de utilidad para abordar cuestiones de alimentación y salud en la escuela. La página de la FAO incluye otros enlaces por países con estrategias de salud como El plato del bien comer en la página de México, las Guías alimentarias de Costa Rica o Chile, entre otras de los países latinoamericanos. También habla de un asunto trascendente y sujeto a comentarios varios: anima a preservar la biodiversidad como sistema complejo que nos asegura una alimentación variada.

Por si no se había reparado en ello, las dietas humanas están totalmente vinculadas con la sostenibilidad ambiental. Es indudable que el incremento de la producción de alimentos en los últimos 50 años ha contribuido a mejorar la reducción del hambre severa y la esperanza de vida pero también ha generado cambios de dieta poco saludables. Las tradicionales –basadas más en alimentos de origen vegetal– han cambiado hacia un «modelo alimentario de estilo occidental» –un alto consumo de calorías, alimentos altamente procesados, bastantes azúcares añadidos, sodio y grasas no saludables– procedentes de altas cantidades de productos animales, con los consabidos peajes ambientales de los que ya hemos hablado en este blog; en ellos, el gran incremento de productos utilizados en la ganadería intensiva para hacerla económicamente rentable, que después dañan el planeta y nuestra salud. Por otro lado, no se está priorizando el consumo de alimentos vegetales de temporada y de agricultura de cercanía.

Todo esto está teniendo sus impactos en la salud humana, a escala personal y colectiva, con elevados gastos sanitarios, pero también es insostenible a escala ambiental. La producción actual de alimentos ya está impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y demasiados cambios drásticos en los usos del suelo y el agua; seguramente nuestros alumnos desconocen que para producir un kilo de ternera hacen falta 15.000 litros de agua según la FAO. La revista Science publicaba un artículo de título esclarecedor “Reducir los impactos medioambientales de la comida a través de los productores y consumidores” en mayo de 2018; en él afirmaba que el 83% de la superficie cultivable del mundo se destina a alimentar animales. Por eso no debe extrañar que mucha gente haya adoptado dietas basadas principalmente en los vegetales, veganos o no, y que otras personas colaboren en ONG animalistas, o que Greenpeace recomiende reducir la ingesta de carnes y lácteos un 50% en el año 2050. Si quieren más fundamentación de esta cuestión, lean el artículo Plate and the Planet de Harvard Chan; no tiene desperdicio ese plato del planeta. Alíñenlo con La dieta perfecta para salvar el planeta y la salud del ser humano, publicado en El País. Y mantengan siempre en la despensa EAT Lancet, que se titula como la plataforma mundial basada en la ciencia para la transformación del sistema alimentario.

No se queden únicamente con estos aperitivos. Comenten en equipo entre el profesorado si apuestan por “la dieta de salud planetaria” que han recomendado los científicos, y recoge en parte un artículo publicado por la CNÑ (la CNN en español), que aseguran que puede salvar muchas vidas y al planeta. Revisen con el alumnado lo que comieron el día anterior. Hagan grupos de alimentos y razonen si su dieta es más o menos saludable, para cada uno y para el planeta. El debate que se puede plantear en clase es sumamente interesante. De todo lo que hemos dicho aquí cabe hablar: el largo o corto viaje desde el campo a la mesa tiene repercusiones en la vida individual, colectiva y en la del planeta.

Por cierto, seguro que en el desarrollo curricular de su curso se habla, en su materia o en otras, de alimentación y nutrición, tanto a escala individual como atendiendo a las producciones alimenticias planetarias y al comercio mundial de alimentos. Abordarlo en clase es conveniente pero cabría que todo el centro educativo colaborase en un proyecto de trabajo, secuenciado y progresivo, sobre esta temática. Es más, resulta imprescindible si en su centro hay comedor escolar.

Carmelo Marcén Albero (www.ecosdeceltiberia.es )

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