Alfabetización audiovisual

10 directoras extranjeras de cine que tienen que conocer tus alumnos

Desde luego esta decena de directoras no es excluyente. Cada vez que se hace una selección, muchas son las que quedan fuera. En cualquier caso, es un buen punto de partida.

Fernando Franco 4/4/2018

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Fotografía: IMDB

Este es el listado, a día de hoy, de las 10 directoras internacionales que considero más importantes para mí. O, mejor dicho, de las que me apetece compartir algunas impresiones, partiendo de la base de que, lamentablemente, se quedan muchas fuera.

1. Alice Guy-Blaché (1873-1968)

Quizás se trate de una de las figuras más ninguneadas de la historiografía del cine. Su talento fue invisibilizado por los hombres que la rodeaban, del mismo modo que le ocurrió, en otras áreas, a muchas de sus contemporáneas por el hecho de ser mujeres.

Aunque su nombre haya permanecido asfixiado bajo el de otros como, por ejemplo, Edison, los hermanos Lumiére o Méliès, conviene echar un vistazo a sus películas para darse cuenta del nivel de intuición que tenía cuando, como trabajadora de Gaumont, comenzó sus experimentos pioneros en la construcción del cine como arte narrativo. Todo esto cuando el invento estaba apenas recién nacido, aún era un bebé de un año, y sus coetáneos sólo parecían ver en él una dimensión documental.

2. Maya Deren (1917 – 1961)

La directora más experimental y menos narrativa de toda esta lista. Conocida fundamentalmente por Meshes of the afternoon (1943), co-dirigida con Alexander Hammid, su marido en aquel momento; el cine de Deren está indisolublemente ligado al retrato del cuerpo en movimiento y a la manipulación del tiempo cinematográfico a través de toda una precisa artillería de montaje: alteraciones de velocidad, dobles exposiciones, etc.

Aparte de trabajos como Witch’s Cradle (1944), At land (1944) o A study in choreography for camera (1945), conviene echarle un ojo In the mirror of Maya Deren, documental que Martina Kudlácek realizó en 2001 donde, además, encontraremos uno de los trabajos musicales más interesantes de mi querido John Zorn y que, de hecho, me sirvió a mí mismo de puerta de entrada al cine de Deren.

3. Agnés Vardá (1928)

Fotografía: Michel Amado CC BY 2_0

Aunque nacida en Bruselas, Vardá es, sin duda, una de las personalidades más importantes del cine francés, del que atraviesa más de 60 años de historia, desde antes de la Nouvelle Vague hasta nuestros días.

Me parece un clarísimo exponente de cineasta completa, integral: en algunas de sus películas puede asumir roles tan diversos como guionista, directora, cámara, montadora e, incluso, es protagonista de varios de sus documentales.

Su cine se mantiene libre, transitando de la ficción a la no ficción, pero siempre con un claro compromiso político en el que la fuerte presencia de la mujer y de personajes marginales se revelan como piedra angular de sus películas.

Mis favoritas, seleccionando muchísimo de su extensa filmografía: Cleo de 5 a 7 (1962), Le bonheur (1965) y Sin techo ni ley (1985).

4. Forough Farrokhzad (1934-1967)

Quizás por su prematura muerte en accidente de coche, la filmografía de la poeta iraní Forough Farrokhzad es de lo más escueto: tan sólo figura The house is black (1963), un cortometraje documental sobre un sanatorio de leprosos de algo menos de media hora.

Sin embargo, es una de las películas que, sin lugar a dudas, figura en mi top cinematográfico de cabecera por su extrema belleza a la hora de retratar la fealdad, por su poesía y por el misterio que se desprende detrás de sus imágenes y su montaje.

5. Larisa Shepitko (1938-1979)

Fotografía: IMDB

Otra directora tristemente fallecida, muy joven, en accidente de tráfico. Sólo he visto dos películas de los cuatro largos que dirigió. Ambos fascinantes, eso sí. Krylya aka Wings (1966) supone un fantástico retrato de una cierta frustración femenina; en este caso, la de un personaje que vive adocenado por una serie de decisiones que han acabado apegándola demasiado a la tierra, amputando de raíz esas alas que anteriormente tuvo y que dan título a la película.

The ascent (1977) son palabras mayores. Un alegato antibelicista bellamente pintado en negro sobre blanco: el blanco nuclear de una nieve omnipresente que convierte la pantalla en un lienzo helador. Planteada estructuralmente como si de un díptico se tratara, su final es de los más escalofriantes que haya podido ver, además de ser, en sí mismo, un auténtico ensayo sobre la mirada y el punto de vista. Obra maestra.

6. Claire Denis (1946)

Fotografía: Nicolas Genin CC BY-SA 2_0

Su cine me inquieta profundamente. Hay un profundo misterio en las imágenes de las películas de Denis. Por citar algunas de las que más me gustan: Trouble everyday (2001), Vendredi soir (2002), L’intrus (2004) o Les salauds (2013).

En cualquier caso, en general, siempre me queda una huella indeleble cuando veo algún trabajo suyo previo a Un beau soleil interieur (2017), película de la que no me considero especialmente fan y que ha supuesto un tremendo cambio de registro en el que desaparece por completo esa atmosférica combinación de poesía y crudeza que, para mí, define lo que más me fascina del cine de Denis.

7. Chantal Akerman (1950-2015)

Fotografía: Mario De Munck CC BY-SA 4.0

También de Bruselas, como Vardá y, en cierto modo deudora de ella, Akerman es una de las cineastas más radicales en el sentido etimológico del término: su cne llega a depurarse hasta la mismísima raíz en términos de forma y contenido.

En este sentido, quizás el exponente más claro sea Jeanne Dielman, 23 Commerce Quay, 1080 Brussels (1975), un monumental estudio de cuatro horas sobre la mujer, la rutina, el espacio y el tiempo que marca un antes y un después en la historia del cine (y en mí mismo cuando la veo por primera vez, hasta el punto de llegar a hacer un ensayo fílmico Les variations Dielman).

Sin embargo, no se trata de su única película memorable. Me apasionan y recomiendo fervientemente: Je, tu, il elle (1974), News from home (1977), D’est (1993), Là-Bas (2005) y, cómo no, No home movie” (2015), su premonitoria carta de despedida, del cine y de la vida, terminada poco antes de suicidarse.

8. Katheryn Bigelow (1951)

La incluyo en esta lista fundamentalmente por dos de sus películas, que me parecen maravillosas en su tremenda depuración narrativa y en el preciso equilibrio con el que se desenvuelven en terrenos éticos incómodos, delicados y conflictivos: The hurt locker (2008) y la más reciente Detroit (2017).

Además, me parece que, sencillamente, filma como los ángeles, con un pulso firme y preciso capaz de sostener una película completa con unas pocas secuencias que se dilatan hasta la exasperación, llegando a provocar reacciones de lo más físico en los espectadores… o, al menos, en un servidor.

9. Kelly Reychardt (1964)

Fotografía: PunkToad CC BY-SA 2_0

Probablemente mi directora en activo favorita y, lamentablemente, una desconocida para el gran público español ya que sus películas, de manera incomprensible, apenas se han distribuido en las pantallas de nuestro país.

Su cine, minimalista y bressoniano hasta la médula, es todo un prodigio de ejercicio del subtexto. Hechas con la mayor de las delicadezas y con sencillez absoluta, películas como Oldjoy (2006), Wendy & Lucy (2008) o Certain women (2016) se hacen grandes a costa del retrato minucioso de lo minúsculo.

Tras ver una película suya me queda el poso, quizás ingenuo, de haber entendido un poco más ciertos interrogantes del ser humano.

10. Lucrecia Martel (1966)

Fotograma de La ciénaga de Lucrecia Martel

Aunque disfruto con toda su filmografía, La ciénaga (2001) es probablemente una de mis películas favoritas en lo que llevamos de siglo. La manera que tiene Martel de construir y retratar atmósferas enrarecidas me parece absolutamente portentosa: sus encuadres y sus personajes se erigen como tremendos interrogantes para el espectador que, como a ella misma le gusta decir, vive sus películas como una experiencia inmersiva, como el que se zambulle en una piscina que, en este caso, es la pantalla.

En general, su cine consigue una de las cosas que más aprecio cuando me siento en la butaca de una sala: inquietarme.


Fernando Franco (Sevilla, 1976)

Licenciado en Comunicación Audiovisual y Titulado en Montaje por la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM).

Ha editado más de una veintena de largometrajes mientras que, en paralelo, viene realizando sus propios proyectos como guionista y director. Concretamente, los largometrajes La herida (2013), por el que ganó el Goya al Mejor Director Novel, y Morir (2017).

En el terreno docente, coordina la Diplomatura de Montaje en la ECAM, escuela en la que también estudió dicha especialidad, y colabora con diversos centros como Escac, Universidad Autónoma de Barcelona, Pompeu-Fabra, la EICTV (Cuba) o Veritas (Costa Rica), entre otros.

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