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Francesc Colomé

Cambios en la sociedad, cambios en el trabajo Francesc Colomé

La necesidad de adquisición de nuevas competencias se hace imprescindible: Creatividad, competencias para el trabajo en equipo o gestión del cambio serán, entre otras, las competencias requeridas.

Francesc Colomé 13/11/2017

En los últimos años la sociedad ha experimentado unos cambios importantes que han afectado fuertemente al propio concepto de trabajo y a la formación que lleva asociado, en concreto en el mundo de la Formación Profesional (FP). Un mundo global, con un alto grado de tecnificación, interconectado y con una altísima capacidad de movilidad de personas y mercancías ha hecho cambiar profundamente el modo de trabajo.

La irrupción de la tecnología ha comportado la desaparición del trabajo rutinario y ha impactado a todos los niveles de la formación de las personas, tanto a las altas calificaciones como a las bajas.

Todo ello ha propiciado nuevas formas de contratación de trabajadores en las que el concepto de puesto de trabajo se difumina cada vez más: Trabajos por proyectos, trabajo en plataformas, colaboraciones puntuales, autoempleo, mini jobs, etc. También ha propiciado que los entornos de trabajo cambien, de hecho la deslocalización del puesto de trabajo, las áreas de coworking o las formas de tele trabajo provocan necesariamente nuevas situaciones.

Al mismo tiempo han cambiado las formas de dirección de las empresas (modelos de dirección distribuida), el trabajo entre personas (trabajo en equipo), las relaciones entre las personas del entorno de trabajo (habilidades sociales), etc.

Por tanto, la necesidad de adquisición de nuevas competencias se hace imprescindible ante el cambio que se ha producido.

Creatividad, competencias para el trabajo en equipo (colaborativas), de gestión del cambio (flexibilidad, polivalencia y adaptabilidad), capacidad de comunicación, capacidad de liderazgo, capacidad de resolución de problemas, toma de decisiones, autonomía en el trabajo… Serán, entre otras, las competencias requeridas, a parte de las estrictamente técnicas, en una empresa que se desarrolle en un ámbito moderno.

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Naturalmente esto responde también a un cambio necesario en las empresas. De hecho cuando buscábamos referentes sobre innovación en general en diferentes campos de la industria o la producción, la referencia más frecuente, era de nuevas pequeñas empresas que podían competir, mediante nuevos productos innovados, con viejas empresas que tienen rutinas que les dificultan incorporar estas innovaciones.

Pero esto también ha cambiado, la media de esperanza de vida de una empresa se va reduciendo. Una gran empresa que entraba en el índice S&P de Estados Unidos, permanecía 40 o 50 años. Hoy el promedio de longevidad en el índice es entre 10 y 15 años. Y otro dato, las 10 empresas más grandes del mundo no cotizadas (# 1 es Uber) -todas sin excepción- no existían hace 10 años.

Todo ello plantea nuevos retos que afectan a trabajadores y empresas. Incrementar la empleabilidad de los trabajadores y aumentar la competitividad de las empresas se convierte ahora en un reto que presenta unos parámetros nuevos y que debería acabar planteándose como un reto de país.

En la economía global configurada a partir del la revolución de las TIC las empresas necesitan cada vez más de profesionales capaces de intervenir y actuar en un mercado altamente internacionalizado. Ello no afecta únicamente a las grandes empresas, compañías multinacionales o empresas especializadas en el comercio exterior.

Hoy la dimensión global e internacional impacta directamente en todas las actividades económicas, en mayor o menor medida. Incluso una empresa de carácter local o regional puede necesitar acceder a proveedores y puede que también a clientes establecidos lejos de su territorio.

Estos cambios interpelan directamente a la formación de los trabajadores y trabajadoras, a los modelos de Formación Profesional y a la necesaria mejora de su calidad. En este sentido, la Fundación Cataluña Europa lleva ya algunos años debatiendo en el marco europeo sobre FP. Es por ello que la Fundació ha recibido diversos encargos de la Comisión Europea o del mismo Parlamento Europeo para debatir sobre Formación Profesional, esencialmente sobre los aspectos referidos a formación dual y la movilidad transfronteriza dentro de los países de la UE.

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Está bien establecido que existen dos aspectos organizativos que incrementan la calidad de la formación profesional: En primer lugar, la alternancia entre la empresa y el trabajo (modelo dual) y, en segundo lugar, la estancia de formación en el extranjero (formación en movilidad).

Para la adquisición y el desarrollo de las competencias necesarias que hemos descrito estos dos aspectos aparecen como fundamentales. Aún más si se combinan los dos diseñando estancias en empresas extranjeras para los jóvenes estudiantes de Formación Profesional. En definitiva, la movilidad en formación dual se percibe hoy como un instrumento muy importante para capacitar a los jóvenes en formación.

Los beneficios de estas actividades están bien estudiados para alumnos universitarios, desde el programa Erasmus, como gran herramienta para impulsar y facilitar dicha movilidad. Gracias a este programa han podido acceder desde hace 30 años a la formación en países extranjeros.

Tal como hemos descrito los cambios en las formas de trabajo afectan a todos los sectores y a todos los niveles de la empresa, suponer que solamente los cargos directivos o altos cargos en general necesitan de estas competencias podría ser un grave error para el desarrollo de la economía de un país. Por ello entendemos que los estímulos a la movilidad para la adquisición de competencias deberían extenderse de forma potente a la Formación Profesional.

Pero frente a la facilidad de organización de movilidades en el campo universitario nos encontramos con mayores dificultades en el campo de la FP. Efectivamente: La movilidad en la FP inicial requiere al menos de la colaboración de tres actores: la persona interesada en realizar una experiencia formativa en un entorno profesional distinto al de su país; el centro de formación en el que esta persona cursa sus estudios técnicos; la empresa de otro país que acoge a la persona y le permite llevar a cabo su experiencia de prácticas formativas.

Además debemos añadir la corta duración de los ciclos formativos (en comparación con los estudios universitarios), la fuerte disparidad de los sistemas de Formación Profesional Inicial entre los distintos estados europeos y el origen socio-económico de la juventud en FPI.

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Fácilmente podremos concluir que la movilidad en el campo de la FP es más complicado que en el campo universitario y que factores de discriminación que en el mundo universitario pasan prácticamente desapercibidos, aunque existan, en el mundo de la FP aparecen con mucha potencia, esencialmente los factores socio-económicos.

En el caso de la FP debemos destacar el fuerte impacto que puede tener el conocimiento de la lengua extranjera hablada en el país de llegada para un joven que quiera realizar estancias en formación dual en el extranjero, pensemos en que se trata de relaciones que se deben establecer en el seno de la empresa, en la que no necesariamente todos los empleados hablan inglés como lengua común.

En el conjunto de esta problemática describiremos uno de los aspectos más graves que aparecen ya ahora en la movilidad en FP: La creciente fractura entre los grupos de estudiantes que salen fuera de su país para prepararse y los que no lo hacen.

Sabemos que existen centros de formación que efectúan intercambios regulares con el extranjero mientras que otros centros no pueden hacerlo y, por tanto, ni tan siquiera se lo plantean. Además, existen empresas que practican acciones de movilidad entre sus empleados o con jóvenes estudiantes (incluso a nivel interno en el caso de las multinacionales), mientras que otras no se plantean esta posibilidad.

La fractura en la formación, en concreto en la adquisición de las competencias básicas transversales, empieza a ser muy importante entre unos y otros y los efectos sobre la empleabildad de los jóvenes y la competitividad de las empresas empiezan a ser ya muy visibles. Entramos en lo que podemos considerar ya un problema de país que debe afrontarse con toda la complejidad que lleva asociada y que afecta a múltiples variables que quedan fuera del abasto de este artículo.

Las iniciativas que faciliten la movilidad de las personas serán las que nos permitirán reducir dicha fractura e incrementar la empleabilidad y la competitividad de las personas y empresas. El compromiso de las administraciones u organizaciones intermedias tales como las regiones, los ayuntamientos, o aquellas que puedan intervenir como Cámaras de Comercio, Sindicatos y Agentes Sociales en general, nos permitirá que se constituyan en facilitadores de la movilidad en formación simplificando los trámites a seguir para conseguir becas de movilidad, ayudando económicamente a las personas interesada en esta movilidad, conectando centros y empresas en países extranjeros para asegurar la calidad de dicha movilidad y el progreso en la igualdad del acceso a esta movilidad.

 

 

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