Este texto quiere compartir una propuesta sencilla y, a la vez, muy potente de trabajo de valores que hemos llevado a cabo a lo largo de los últimos años. La idea original no es mía, sino de un profesor amigo (¡Gracias, Josep!). Nosotros la hemos adaptado y la hemos puesto en práctica con alumnado del ciclo formativo de Educación Infantil, concretamente en el módulo de Didáctica de la Educación Infantil.
Es una de esas actividades que, sin grandes recursos ni preparaciones complejas, suele generar un debate rico en los grupos.
La propuesta es sencilla: el alumnado debe escribir una carta a un profesor o profesora, un maestro o maestra o una educadora que haya sido un referente para él o ella, alguien que, de una manera u otra, haya tenido un impacto en su vida académica y personal. No se trata solo de recordar a una persona querida, sino de intentar poner palabras a aquello que la hizo especial. ¿Qué tenía aquella docente? ¿Qué hacía de manera distinta? ¿Por qué todavía hoy la recuerdan?
Este ejercicio nos permite iniciar una reflexión muy interesante sobre el modelo de educador o educadora que cada uno lleva dentro. Recuperar estos recuerdos es también empezar a preguntarnos qué tipo de profesionales queremos llegar a ser.
Una vez escrita la carta, se hace una puesta en común y se abre un debate sobre las características del profesorado que aparecen descritas en ellas. En nuestro caso, las cartas no llegan a enviarse a sus destinatarios —aunque seguramente sería un regalo precioso para muchos docentes—, sino que se convierten en un espacio de reflexión personal y compartida. La conversación que se origina después suele ser tan enriquecedora como la propia escritura.
Después de haber repetido esta actividad durante varios cursos, y sin haber hecho un análisis exhaustivo, sí que podemos apuntar algunas observaciones que se repiten con bastante constancia.
En primer lugar, prácticamente todo el alumnado consigue identificar a una persona referente a lo largo de su trayectoria educativa. Y, lo más interesante, es que son capaces de explicar con mucha precisión qué es lo que aquella persona les aportó. Todo el mundo recuerda con todo tipo de detalles a su Tomás, a su Carmen o a su Blanca. Los nombres cambian, pero la intensidad del recuerdo es sorprendente.
En segundo lugar, cabe destacar que estos referentes no pertenecen necesariamente a las primeras etapas educativas, como podríamos imaginar inicialmente. Aparecen maestros de educación infantil y primaria, profesorado de secundaria, de bachillerato o de otros ciclos formativos. Teniendo en cuenta que la mayor parte de nuestro alumnado todavía no ha pasado por la universidad, nos faltan referentes de esta etapa, pero es interesante comprobar que cualquier momento del recorrido educativo puede llegar a ser significativo.
En tercer lugar, cuando analizamos las características que se repiten en las cartas, aparecen de manera muy clara los valores que este profesorado ha sabido transmitir. Se repiten frases como «nos acompañó muy bien», «nos supo entender», «nos escuchaba», «siempre tenía una sonrisa», «confiaba en nosotros» o «nos hacía sentir importantes». Estas expresiones evidencian la importancia del modelo como una de las vías de aprendizaje de valores. No son grandes discursos ni actividades extraordinarias. Son formas de hacer, pequeños gestos cotidianos, actitudes sostenidas en el tiempo que, a menudo sin darnos cuenta, acaban marcando la vida de los alumnos. Forman parte de lo que llamamos soft skills, pero que, desde la mirada de los estudiantes, resultan absolutamente esenciales.
En cuarto lugar, también aparecen aspectos relacionados con el conocimiento y la competencia profesional. Expresiones como «explicaba muy bien», «dominaba mucho el tema» o «hacía interesantes las clases» se repiten con frecuencia. En este sentido, es curioso observar que lo que más valoran es el dominio del contenido y la pasión con que se explica, más que las metodologías concretas empleadas. Las promociones con las que hemos trabajado hasta ahora casi no hablan de gamificación, flipped classroom u otras. Lo que recuerdan es a la persona que les ayudó a entender, que les despertó curiosidad o que les transmitió aprecio por el conocimiento. Quizás las generaciones futuras añadirán otros elementos, pero de momento esta es una constante que nos ha sorprendido.
Vale la pena detenerse un instante: en un momento como el actual, en el que tanto se habla de metodologías, de innovación educativa y de nuevas herramientas, el alumnado sigue volviendo, cuando piensa en quién lo ha marcado de verdad, a cosas tan sencillas como la manera de escuchar, de mirar o de acompañar. Quizás es un buen recordatorio para todos los que nos dedicamos a la educación.
Finalmente, hay una última idea que aparece de manera implícita en casi todas las cartas: los alumnos recuerdan mucho cómo el profesorado les hacía sentir. Educar es también construir vínculos.
Os invito, si tenéis la oportunidad, a probar esta propuesta o a adaptarla a vuestro contexto educativo. Es una actividad sencilla y fácil de organizar, pero capaz de abrir conversaciones muy profundas sobre qué significa educar. Y quién sabe… quizás algún día seréis vosotros quienes recibáis una carta de un antiguo alumno explicándoos que fuisteis una de aquellas personas que dejaron huella. No hay muchos reconocimientos profesionales que puedan igualar este.

