Hace unos días, en un reportaje, un nuevo directivo del Superordenador Mare Nostrum, especialista en IA, vino a decir que había una cosa segura: que la IA ha venido para quedarse, no se puede concebir el mundo occidental poniendo cortapisas o barreras a esta nueva tecnología. Parece evidente, sí.
En el decurso de la entrevista, surge el tema de su impacto en el campo laboral, ¿Cuántas profesiones quedaran obsoletas, absorbidas, sin necesidad de intervención humana en su desarrollo? La respuesta confirmó una intuición que tengo cada día más clara: “muchísimas”. La actividad laboral y motor de la economía doméstica de la mayoría de nosotros quedará profundamente afectada…
No obstante, el eminente tecnólogo dio un mensaje optimista y positivo: no pasa nada, la humanidad se inventará actividades que den sentido a su vida, como ha hecho siempre… ¿Cómo?
Tenemos delante un cambio social que sabemos a ciencia cierta que se queda y que transformará en profundidad nuestro sistema laboral…. y los más técnicos ni se plantean cómo se gestionará esto a nivel social. Pero tranquilos, será positivo y todas comeremos perdices… ¡Madre mía!
¿Una transformación laboral sin plan social?
Me doy perfecta cuenta de que este fenómeno no es nuevo. Con la invención de las máquinas agrícolas, el mundo laboral también quedó profundamente afectado. Trabajar una finca de cereal de 20 ha necesitaba el trabajo de varias familias durante meses, ahora una máquina hace el trabajo en pocas horas… ¡Y es bueno y positivo!!
¿Estamos en una realidad similar? Puede ser, no obstante, vale la pena darle alguna vuelta para evitar no tropezar con alguna piedra.
La revolución industrial de los siglos XIX y XX supuso un cambio radical en la sociedad occidental. Cantidades ingentes de población campesina se quedaron sin trabajol y la alternativa surgió de la industria urbana. Se podría decir que de manera paralela, clara, visible, no impredecible… No hace falta recordar el impacto social, educativo y económico que supuso. ¿Ahora se puede considerar similar?
De la revolución industrial a la revolución de la IA
El impacto de las máquinas en el mundo laboral fue grande, y se superó. No obstante, observemos que delante de la no-necesidad de caminar o llevar pesos o arrastrar cargas, subir o bajar, etc. hemos encontrado el placer de caminar por caminar, ir al gimnasio a levantar pesas por placer, inventar actividades en modalidades orginales, crosfit, ultra-trails, irons,… Pero. Siempre hay un pero.
Tenemos grandes cantidades de personas, de todas las edades y condiciones, con problemas de obesidad, colesterol, y otras dolencias vinculadas al sedentarismo… Practicar cualquier actividad física es opcional en nuestra vida, y los hábitos alimentarios fomentados por la propia industria que los ha provocado, no ayuda a fomentar el bienestar de una gran parte de la población… La perfección no existe, y todo lo bueno de la revolución industrial algún defecto ha de tener. Nos conformamos.
La revolución de la IA, como bien indican las personas más duchas en el tema, es de incierta resolución en aspectos básicos de nuestra cotidianidad, como el trabajo.
Aunque se sea optimista, se ha de “creer” que se encontrará una solución para el cambio que aporta, que seguro que será bueno, teniendo en cuenta que la perfección no existe y que deberemos “conformarnos” con algún efecto secundario, como ocurrió en la revolución industrial.
En este caso no se trata de máquinas que realizan esfuerzos físicos que ya no es necesario que realicemos los humanos (subir a una tercera planta donde residimos, o caminar varios km para ver a un ser querido, por ejemplo), sino que lo que hace la tecnología es suplir algo tan intangible como relacionar datos o ideas, generar nuevas perspectivas ante un dilema, buscar conexiones entre la información que recordamos…
Los efectos de no caminar o realizar obligatoriamente esfuerzo físico ya los he comentado. Las consecuencias de poder consultar CUALQUIER cosa a través de una tecnología, sin necesidad de rebuscar en nuestros recuerdos, o de elaborar CUALQUIER discurso sin necesidad de pensarlo, únicamente pidiéndoselo a la tecnología y, en el mejor de los casos, corrigiéndolo un poco en algunos detalles… ¡Es una incógnita!
Una incógnita, a mi modo de ver, incómoda, inquietante… Quizás, los efectos secundarios de la solución a esta situación serán menores que las del sedentarismo actual, pero da que pensar. O quizás podamos preguntárselo a ella misma… No, no, mejor pensar por nosotras mismas.
Cuando la tecnología sustituye lo cognitivo
De la misma manera que los efectos de la imparable IA en el mundo laboral dan que pensar, en nuestro campo, la educación, también va a implicar profundos y significativos cambios de paradigma.
No tengo claro que el optimismo del tipo “no pasa nada, la humanidad se inventará actividades que den sentido a su vida” sea muy evidente. Me cuesta visualizarlo en la escuela, nuestra escuela que ya sufre con los cambios sociales previos a la IA.
Hace algún tiempo alguien me comentó que si una persona de la Edad Media apareciese en nuestro tiempo, uno de los lugares donde podría “entender” lo que está pasando es en las escuelas o universidades. Quizá sea demasiado simplista para pensar lo difícil que está resultando adaptar las instituciones escolares a los nuevos contextos.
Sea como sea, creo que nos vemos en la obligación de “inventar” algo para encajar el impacto de esta tecnología en los esquemas de nuestro sistema educativo.
Hasta no hace mucho, y creo que aún ahora para mucha gente, el sentido último de la escuela era enseñar cosas para volver al alumnado más inteligente y adaptado a su entorno y, así, desarrollarse y aportar cosas a la sociedad para mejorarla y ser feliz a nivel individual. ¿Es así?
¿Qué sentido tendrá la escuela en la era de la IA?
Con la implantación de la IA ¿es necesario enseñar cosas? No se… Básicamente solo hace falta aprender cómo preguntar cualquier cosa a la tecnología. Sí, es cierto que hoy por hoy muchas de sus respuestas no son correctas, pero tengamos en cuenta que solo hace dos años que está entre nosotros en formato IA generativa. Se hace mayor y efectiva a pasos agigantados, aprende rápido y no olvida lo que sabe. ¿Cuántas respuestas erróneas dará en cuatro o cinco años?
En mi reflexión, las “cosas” que importan en la escuela ya no pueden ser “cosas” (fórmulas, ríos, ejercicios, deberes, adjetivos, números primos, trabajos de investigación,…) sino actitudes, hábitos, gestión de situaciones reales, directamente vivir… Ya no hace falta crear entornos donde practicar, las “cosas” que había de aprenderse están al alcance. No sé si tiene sentido que sea simulado para que se interioricen.
Quizás solo en las actuales etapas de infantil y primaria sea necesaria la escuela como la entendemos hoy. A partir de ahí ¿llevamos la escuela a la vida real directamente? ¿Enseñar pasará a acompañar en el mundo cotidiano y no en centros específicos de aprendizaje? ¿Las personas que acompañen serán docentes? ¿La docencia pasará a manos de quien comparta la vida con las personas jóvenes? ¿Pasaremos de centros con docentes a la docencia en la vida misma e impartida por todas las personas?
¡Madre mía! ¡Cuántos interrogantes! Parece lógico que las personas expertas no intuyan lo que nos viene…
En fin, esperemos que lo que nos depare el futuro no tenga muchos efectos secundarios, ya que la capacidad de relacionar, explicar, recordar, deducir, inferir, buscar, es decir, todo lo que puede hacer por nosotros la IA, ya lo hará por nosotros, y practicarlo será opcional. A ver qué ”gimnasios” o “paseos” sustituirán estas capacidades.
Por cierto, y para acabar, lo único ARTIFICIAL en este escrito es la utilización del corrector, el resto es del todo NATURAL, salido del trabajo de lo que queda en mis neuronas (relacionando experiencias, datos, teorías, estudios, vivencias… situadas en mis recuerdos). Espero, a mi vez, que las reflexiones que genere (apoyando o matizando lo escrito) también sean NATURALES, fruto de las conexiones neuronales, aunque no creo que a la ARTIFICIALIDAD se le pida nada al respecto.

