Esta primavera hemos vivido, sin duda, una primavera educativa: el despertar de un movimiento de trabajadores de la enseñanza contra los recortes y a favor de la educación pública. Un fuerte movimiento de lucha que ha contado con el apoyo de las asociaciones de familias, conscientes de que nuestra lucha es la suya.
La huelga indefinida, las manifestaciones y las acciones directas que hemos desarrollado han despertado la admiración y la solidaridad de la sociedad. Hemos recibido dinero para nuestra caja de resistencia y comunicados de los comités de empresa de todos los sectores, desde bomberos y estibadores hasta trabajadores de la sanidad y los servicios sociales.
El gobierno de la Comunitat Valenciana ha negado las mejoras y los recursos que pedimos y, por ese motivo, el conflicto sigue vivo. Se ha detenido la huelga indefinida y, en este momento, nos encontramos en la encrucijada de decidir las acciones que emprenderemos el próximo curso.
En este contexto, durante las asambleas de los centros educativos ha irrumpido una idea: no realizar salidas ni actividades extraescolares como medida de presión para el próximo curso.
Sin embargo, no pensamos que sea una idea acorde con todo lo que hemos estado creando durante estas semanas. Por ello, rechazamos que se adopte esta medida y pedimos a los claustros que reflexionen en torno a las siguientes ideas:
- La esencia de la educación progresista. Salir de los centros educativos y buscar el conocimiento desde la observación y la experimentación es una de las bases de la educación progresista. Las salidas rompen con la forma tradicional de enseñar en el aula y con la presión del currículo. Salimos a buscar las realidades sociales, la naturaleza y la cultura en toda su dimensión (pero especialmente en la creativa: los teatros, los conciertos, los museos…). Todas esas vivencias y contextos son los que permiten un aprendizaje vivencial y emocionado, imprescindible para estimular la motivación y el deseo de aprender. Conectar lo que dicen los libros con la vida es lo que enseña a amar los libros.
- Compensación de las desigualdades sociales. Gran parte de nuestro alumnado solo tiene acceso a viajes o experiencias culturales a través de estas salidas escolares. Los viajes de estudios son sus únicas vacaciones, la única oportunidad de salir de su barrio, conocer otros contextos, otras formas de vivir, empezar a conocer la amplitud del mundo y ver el mar. La pública tiene el deber de compensar estas desigualdades sociales.
- Defensa del tejido cultural aliado. Hay muchas pequeñas empresas del sector cultural a las que dañaríamos si tomamos esta medida. Una granja escuela ecológica o una pequeña compañía de teatro no son la patronal contra la que luchamos los trabajadores. Al contrario, son un tejido cultural muy valioso al que la Conselleria también está atacando con sus recortes en cultura; por lo tanto, no es una medida que afecte negativamente al gobierno ni que nos ayude en nuestras reivindicaciones.
- Preservar nuestras alianzas. Dejar de realizar salidas extraescolares degrada la educación pública y, consecuentemente, puede poner a las familias en nuestra contra, cuando hasta ahora han sido nuestra fuerza y alianza principal. La Conselleria pretende degradar la educación pública e imponer una línea educativa retrógrada y autoritaria; es por eso que en este periodo deberíamos hacer más extraescolares y no eliminarlas.
Hay muchas otras medidas de presión que podemos tomar, mucho más coherentes con nuestros objetivos de mejora de la educación pública, que tendrán un impacto mayor en la opinión pública, serán mucho más efectivas y desgastarán las defensas de este gobierno.
Esta lucha debe continuar como empezó: con la certeza de que estamos defendiendo nuestra dignidad, la de nuestro alumnado y esos enormes ideales que nuestra sociedad ha materializado en dos realidades: la sanidad y la educación públicas.

