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Entrevista a Isaac Rosa. Escritor y articulista.:

Derechos

“Se ha querido culpar a los ni-nis de su situación”

Isaac Rosa vuelve al cómic para hablar, esta vez, de los "ni-nis" y de cómo la situación económica, social y educativa no ha dejado muchas alternativas a buena parte de la juventud.

Daniel Sánchez Caballero 28/11/2017

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Escritor y articulista, entre otras cosas, Isaac Rosa (Sevilla, 1974) le está cogiendo el gusto al cómic. “Cada historia pide un lenguaje y el cómic establece una empatía muy especial con la historia y el lector”, explica. Junto al ilustrador Mikko acaba de publicar su segunda historia, Tu futuro empieza aquí (Nube de Tinta). Como hizo en su primera incursión en este formato (Aquí vivió. Historia de un desahucio, con dibujos de Cristina Bueno), Rosa escoge un colectivo maltratado por la crisis, en este caso los mal llamados ninis, para “mirar más allá” y reflexionar sobre sus temas habituales: la sociedad, la crisis educativa, la juventud y su futuro o el mercado laboral.

Siempre escribe sobre temas sociales de actualidad. ¿Concibe escribir cosas no sociales?

Cualquier cosa que escribo me acaba saliendo por un lado social, es inevitable. Todo lo que escribo está atravesado por el momento que vivimos, con sus tensiones y momentos. Ahora mismo estoy escribiendo una novela que podríamos decir que es de amor, pero según la estoy escribiendo me doy cuenta de que el terreno de las relaciones sentimentales está tanto o más atravesado por estas situaciones que el mundo del trabajo o la vivienda.

¿Por qué ha decidido hacer este cómic, qué quería contar?

El cómic no es una segunda parte, pero tiene muchas líneas de continuidad con el anterior. Queríamos seguir en esa línea de mirar desde la novela gráfica lo que está pasando en España. Si en aquel caso escogíamos un colectivo desde el que creo que se veía muy bien lo que está pasando —la crisis desde los desahucios hasta el empobrecimiento, la desigualdad, las políticas públicas, el modelo bancario o la vivienda—, ahora hemos escogido un colectivo en el que también se puede mirar más allá. No son solo los ninis. Son los jóvenes con problemas de empleo, de educación, los jóvenes precarios, parados, emigrados también.

Centrándonos en el arranque del libro en los mal llamados ninis, nos encontramos con un colectivo que comparte con los afectados por los desahucios cierta invisibilidad social, al menos, la que sufrían los desahuciados antes de organizarse y ganar visibilidad. Los ninis comparten la invisibilidad y que se les ha querido hacer culpables de su situación. Si a los hipotecados y afectados por el problema de la vivienda se les consideraba responsables de las decisiones que habían tomado, de haberse hipotecado o vivido por encima de sus posibilidades y se veía como un fracaso personal, en el caso de los jóvenes ocurre más o menos lo mismo. Se les acaba culpando, considerando responsables de haber tomado malas decisiones. Por haber dejado los estudios, por no haberse esforzado lo suficiente o por no haber aceptado cualquier tipo de trabajo. Lo que es un fracaso social se convierte, o así nos lo hacen ver, como un fracaso personal de cada uno de estos jóvenes.

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“Hemos culpado a los llamados ‘ninis’ de su situación”. ¿En qué momento se estableció esta narrativa?

Creo que forma parte de una narrativa más general, más global, que no solo se aplica a los ninis. Es esa idea de que cada uno es responsable de su suerte, de sus decisiones, y por tanto es responsable de su éxito o fracaso. Si no triunfas es porque no te has esforzado lo suficiente y si fracasas es porque has dejado pasar las oportunidades. Forma parte de este pensamiento dominante en nuestro tiempo, que nos hace dejar de ver las responsabilidades colectivas y que lleva a la culpabilización y a la frustración, al sentimiento de fracaso del desahuciado, del parado, del joven.

En el caso de los jóvenes, si arrancamos mirando solamente a los que en un momento inicial se les llamó ninis, que es despectivo en un origen, era para hacer una caricatura de un grupo social, los jóvenes que no estudiaban ni trabajaban porque más o menos no querían, habían dejado los estudios y se quedaban en casa de sus padres. A partir de ahí, lo de nini se ha hecho extensivo a todo joven que ni estudia ni trabaja independientemente de sus circunstancias y condiciones, de por qué no lo hace. Creo que ha habido una intención de convertirlo en fracasos personales y en caricaturizar a los ninis, a los que se retrata con los mismos lugares comunes y clichés. Cada vez que sale en prensa o un telediario una noticia sobre ninis en el sentido amplio siempre los ilustran con la misma imagen: jóvenes haciendo botellón, en un banco en el parque, o en su casa jugando a la Play (Station, una videoconsola). Se va alimentando un estereotipo que se aplica a todos los jóvenes.

Da la sensación de que no se habla mucho de este problema, al menos no se profundiza. Se dan los datos, se dice “España tiene un problema”, y ahí acaba la cosa. Hasta la siguiente EPA.

Partimos de que tenemos en España una crisis social enorme, que la están tapando otras crisis. Los últimos dos-tres años la ha tapado la crisis institucional, política, de los partidos. Nos hemos pasado dos-tres años hablando de política, elecciones, primarias, y no hablando de la crisis social sin resolver. Ahora, cuando parecía que hemos pasado el ciclo electoral y podíamos hablar de derechos laborales, veíamos colectivos sociales haciendo huelga y estábamos hablando de derechos sociales otra vez, la crisis territorial catalana, de modelo de país lo vuelve a parar otra vez. Pero lo que tenemos de fondo una crisis social enorme, y eso incluye la crisis laboral, el problema de empleo, no solo de los jóvenes, y por supuesto el problema educativo que seguimos teniendo.

¿El problema educativo se refiere a la falta de formación de muchos jóvenes o a que el sistema educativo no acaba de funcionar?

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Son muchos frentes. Aunque parece que es un lugar común en todo debate hablar de las reformas educativas y todo el mundo propone soluciones, seguimos teniendo una serie de problemas, algunos estructurales y otros agravados por los recortes. Ahora te hablo como padre con hijas en centros públicos, que he visto cómo en la Comunidad de Madrid se ha deteriorado mucho la educación pública.

Igual esto se sale un poco de la entrevista, pero usted es muy crítico con el sistema bilingüe de la Comunidad de Madrid.

Mi hija mayor viene de una de las primeras promociones que hizo toda la primaria en un colegio bilingüe y las pequeñas no están en colegios bilingües porque no queríamos. Es un sistema falto de una verdadera evaluación. Se lleva aplicando desde hace años y lo único que hemos evaluado son las competencias en inglés. Oímos que el sistema funciona porque mejora el inglés (estaría bueno que no mejorara el inglés en un sistema bilingüe). Pero a mí, y creo que a muchos padres, nos preocupan otras cosas que no tienen nada que ver con el aprendizaje del inglés: cómo se favorece a colegios bilingues frente a otros que no lo son y tienen sus propios modelos, la presión que hay para que las familias opten al modelo bilingüe. Pero, sobre todo, la ideología de fondo del modelo: es un bilingüismo que ni siquiera es un bilinguismo, es tramposo. Se llama así y dan asignaturas en inglés, pero no es real. Lo que tiene de fondo es que se están tapando otras urgencias del sistema educativo. Se está desplazando una parte importante de recursos, energía y dinero al desarrollo del modelo bilingüe, un modelo de educación que tiene que ver poco con lo educativo y sí con otras cosas. Por ejemplo, esa idea que hemos acabado aceptando las familias de que gracias a que nuestros hijos estudian inglés van a tener mejores salidas laborales. Estamos pensando ya desde el colegio en las salidas laborales y ahí es donde nos han colado el bilingüismo.

Vuelvo al tema de la entrevista…

[Interrumpe] Es que es todo lo mismo. El problema de los ninis, del fracaso escolar, de los jóvenes que se quedan descolgados del sistema, pero también de los que completan su ciclo educativo y luego no tienen trabajo, es la realidad de un sistema educativo que en los últimos tiempos se ha volcado a las salidas laborales, en el futuro de las empresas. Todo se orienta al futuro laboral, a que nuestros hijos tengan más posibilidades de salida al mercado. Todos los itinerarios, los currículos, priman esas asignaturas sacrificando las humanidades, las artísticas, la música y la filosofía, porque todo tiene que ir a la enseñanza con salida laboral. Pero lo que se encuentran los jóvenes es un sistema laboral en el que no caben porque no hay empleo. Si tenemos un sistema educativo que lo vuelca todo a la salida laboral, pero luego no la hay, obviamente algo está fallando. Incluyo aquí el bilingüismo y la idea de que es una oportunidad de futuro.

Le he leído que “ha habido un cambio cultural laboral entre padres e hijos” y que ese cambio abre una brecha entre generaciones. ¿Puede explicarse?

No es solo una cuestión de la llamada crisis de la última década, aunque la crisis lo ha acelerado y profundizado. Es un cambio de fondo, cultural, que viene de más atrás. En nuestro libro lo hemos querido mostrar en términos de brecha generacional entre el padre y el hijo. El padre, que pertenece a un mundo que está en vías de desaparición, y el hijo, que está en un punto nuevo, que es el que tenemos hoy y apunta al futuro. Cada uno está a un lado de la brecha y eso hace que cuando hablan entre ellos no se entiendan. El padre le habla al hijo con el lenguaje del tiempo pasado. El hijo no lo entiende porque no se corresponde ese lenguaje con la realidad que vive. El padre viene de un tiempo del mundo laboral fordista, en el que había una serie de elementos de seguridad y cohesión social que, con todas las carencias que había, permitían un trayecto de vida más o menos previsible. Si uno estudiaba o se esforzaba podía encontrar un trabajo, ascender, aspirar a unas mejoras condiciones de vida, montar un proyecto y tener una familia. Había una linealidad que se iba cumpliendo, que tenía como fondo la cultura del esfuerzo y el mérito, que es lo que el padre trata de transmitir al hijo. Pero lo que se encuentra el hijo, y cada vez más jóvenes hoy, es un mundo en el que eso ya no se cumple, o no necesariamente. Uno puede estudiar, y estudiar mucho, pero no tener trabajo. O aceptar todo tipo de empleos y no por eso tener claro que va a seguir trabajando. Incluso puedes tener un trabajo, un sueldo y unos derechos y no ser capaz de montar una familia y tener un proyecto de vida. Cáritas Europa habla de una nueva categoría, los sinkies (de sink, “hundir” en inglés), siglas de single income no kids. Son parejas jóvenes, hogares de dos personas, con dos ingresos, dos trabajos, pero que entre ambos no consiguen sumar un salario suficiente y no pueden tener hijos.

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Es pesimista declarado. ¿Cree que tiene solución esta situación?

Soy pesimista, o pesimista de la razón. Pero desde hace un tiempo pienso, y en esto tiene que ver mi condición personal de padre de hijas pequeñas, que no nos podemos permitir el pesimismo, aunque haya muchos elementos racionales para serlo. Tenemos que practicar el optimismo de la voluntad. Aunque es verdad que buena parte de mis escritos, mis novelas sobre todo, transmiten es una visión pesimista, deseperanzada, intento no extender el pesimismo.

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