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Aula

Pedro Uruñuela

¿Crisis de autoridad o crisis de poder? Pedro Uruñuela

Una mayor capacidad punitiva de los docentes no mejora la convivencia. Pero con más sanciones, lo que se consigue es enquistar los problemas. No aumenta la autoridad.

Pedro Uruñuela 15/1/2018

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Fotografía: Carles Català

Al volver a clase después de las vacaciones de navidad nos hemos visto sorprendidos por un informe del sindicato CSIF, del que se han hecho eco casi todos los medios de comunicación. Los titulares señalaban que un 90% del profesorado ha convivido con algún tipo de violencia en su centro y un 75% reconoce que apenas tiene autoridad. También manifiestan que existe mucha violencia en las aulas (55%), que la disciplina que reina es insuficiente (un 32%) y que las relaciones con padres y madres son malas, no buenas o inexistentes (28%). Así, el 29% concluye que la vida en el centro es poco agradable.

Comparto con los autores/as del informe la preocupación por el clima de convivencia de los centros, por conocer aquellos factores que dificultan la buena relación y la preocupación por los recortes y medidas restrictivas que, sin duda, están detrás de determinadas situaciones conflictivas. Sin embargo, tras consultar la página web del sindicato, me preocupa la escasa base en la que asientan sus conclusiones y la posible repercusión en forma de alarma social que pueden tener sus afirmaciones.

Desde el sindicato quieren lanzar un programa de ayuda al profesorado, CSIFAYUDA profesorado 2018, y es una buena idea. Pero, como decía el clásico, de premisas falsas la conclusión es necesariamente falsa y, si no hemos realizado un buen análisis y diagnóstico de la situación, las medidas que se pongan en práctica serán poco eficaces.
Se echa en falta, en primer lugar, una información completa sobre el estudio realizado y sobre la base técnica que lo sustenta. Al menos en la página web no lo he encontrado. La lectura del resumen de las encuestas sobre violencia escolar muestra que las posibles contestaciones no están bien determinadas. Así, por ejemplo, las relaciones con las familias pueden ser “ninguna, malas, no buenas o buenas”, y la autoridad del profesorado “ningún, poca, misma que antes, cada vez más”. Un poco más de rigor hubiera sido necesario en estas y las demás preguntas.

Asimismo, hay resultados que no se corresponden con los titulares posteriores. Por ejemplo, si sumamos las respuestas “buenas” y “muy buenas” en las relaciones del profesorado con sus alumnos/as, vemos que claramente superan siempre el 82%, y lo mismo se podría decir de otras preguntas. ¿Por qué, entonces, ese interés en pintar una situación tan negativa como la que se ha transmitido?

Estudios sistemáticos, como el que llevó a cabo el Observatorio Estatal de la Convivencia publicado en 2010, muestran que el clima de convivencia y de relación entre el profesorado y el alumnado es bastante buena, limitándose al 1,5% del profesorado el haber recibido con frecuencia insultos o agresiones físicas (el 0,6%). Es cierto que hay trabajar por su completa erradicación, pero sabiendo adecuadamente las dimensiones del problema. Situaciones de violencia puede haberlas en todos los centros, pero éstas son esporádicas, no generalizadas, y no se puede alertar o alarmar sobre el clima de convivencia usando datos poco rigurosos. estudios posteriores, como el llamado “PISA social”, han ofrecido resultados muy parecidos a los del Observatorio.

Sin embargo, me preocupa sobre todo algunos planteamientos de fondo que subyacen en el informe y, sobre todo, la confusión que parece existir entre autoridad y poder. Llama la atención que en su documento de presentación de “CSIFAYUDA” dan tres definiciones: agresión, violencia y acoso escolar. Pero no concretan qué entienden por autoridad del profesorado. Sin embargo, continuamente aluden a la falta de autoridad como la causa principal de todos los problemas, demandando una acción más decidida por parte de la administración educativa, sin cuestionarse en ningún momento el papel que el propio profesorado puede estar jugando en relación con las situaciones que se denuncian.

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La autoridad y el poder son dos elementos presentes siempre en toda relación, y ambos comparten un elemento común, buscar que la otra persona haga algo, o se comporte de determinada manera, aunque no le interese o no lo quiera. La diferencia fundamental entre ambos viene por las características de los medios a los que recurren para su objetivo. Desde el poder, el empleo de la fuerza física, legal, psicológica o social; algo ligado a la posición que se ocupa. Desde la autoridad, la capacidad de influencia basada en el prestigio moral, en el saber, en el respeto y la dedicación; algo que otorgan las propias personas con las que nos relacionamos, en nuestro caso, los alumnos y alumnas.

Cuando CSIF demanda en su informe más autoridad, lo que está demandando es más poder, más capacidad de sanción, más instrumentos de fuerza para imponer su autoridad. Algo muy alejado de lo que supone la autoridad. Se trata de una vieja polémica, ya detectada en el informe del Observatorio de la Convivencia. Hay profesores y profesoras que creen que, de esa forma, se solucionarán los problemas existentes. Sin embargo, la experiencia nos dice que no es así; por el contrario, éstos aumentan y se recrudecen.

No podemos limitarnos a un solo factor, como única explicación de los problemas que existen en las aulas. Enseñar y educar hoy en día es mucho más complejo que hace unos años y sólo desde una perspectiva ecológico-sistémica que tenga en cuenta todos los factores presentes en las aulas y centros, tanto internos como del entorno, será posible una solución a los mismos.

Insistir en la formación del profesorado, algo que algún momento también sugiere el informe de CSIF, es una de las vías adecuadas. Hay que capacitar al profesorado para tareas y ambientes muy diferentes a los de hace años, dotarle de las capacidades socioemocionales y éticas necesarias. No es solución reforzar su poder, sin más. Reforcemos, pero de verdad, su autoridad, en la línea señalada.

Me alegro mucho de la discusión que pueda haber provocado este informe de CSIF, a pesar de estar bastante en desacuerdo con sus conclusiones. Además de reflexionar sobre la autoridad, puede servir para plantearnos también otros temas, como el tipo de justicia, punitiva o restaurativa, que está detrás de las actuaciones en el centro o las formas en que abordamos los conflictos que aparecen en las relaciones, así como otros tipos de violencia que se dan en los centros educativos.

Pedro Mª Uruñuela. Asociación CONVIVES

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Comentarios

  • María del catmen

    El respeto en él aula se gana por parte del profesorado , si se respeta al alumnado este es mutuo entre ambos
    No nos olvidemos que están tratando con niños-as y adolescentes al que hay que tratar como tal
    Habiendo respeto mutuo la “ autoridad “ del profesional es automática
    Desde la familia vemos como diariamente muchos de nuestros hijos son ninguneamos y faltados al respeto por muchos profesionales de la educación pero eso no interesa publicarlo
    Comentar para no alargarme que el respeto se gana no se impone y siempre que este sea bidireccional

    19/01/2018
  • Pingamona

    La educación es un derecho, no es una obligación. No puede ser un deber y un derecho al mismo tiempo, o es una cosa o es otra.
    Educar en libertad significa que no se puede obligar a estar en un centro a quien no quiere estar. Todo lo demás son pamplinas progres para justificar el sistema educativo capitalista.

    15/01/2018
  • No al fracaso escolar

    Esta es la doble cara de querer resolver los conflictos en la Escuela apelando a la “Autoridad”, y no educando en la cultura del diálogo https://youtu.be/yYTPhPtlrOE

    15/01/2018

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