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Las niñas y niños gitanos son una de las minorías más importantes en los colegios e institutos de toda España. Son parte de uno de los pueblos que más ha sufrido la persecución y el estigma en este país, y en buena parte del mundo. Y aunque sus condiciones de vida, al menos en lo formal, han mejorado mucho en los últimos 40 años, las cosas distan de ser perfectas.
Hace pocas semanas el Ministerio de Educación y FP editó unos materiales para la inclusión de la historia y la cultura gitanas en el currículo escolar, en los centros educativos de todo el país. Hablamos con José Eugenio Abajo, uno de los autores (de los pocos no gitanos) que han participado en la confección del libro.
Comenta al teléfono, con una rapidez y vehemencia dignas de mención, cómo fue el germen de este documento. Y se remonta a la existencia del Consejo Estatal del Pueblo Gitano y de la presión que desde este organismo que aglutina al movimiento asociativo gitano de todo el país ha estado haciendo durante años. Una presión que pretendía cumplir con una «vieja aspiración», «que en el currículo que estudian todos alumnos esté presente el pueblo gitano, su historia, su cultura y también la educación frente al antigitanismo». El documento, finalmente, está redactado por tres maestras gitanas para el contenido de primaria, así como por otras dos personas de la misma etnia, para secundaria. Además, dos personas no gitanas fueron invitadas a hacer aportaciones. Uno de ellos, claro, fue él.
Abajo se ha pasado buena parte de su carrera profesional (ha sido orientador educativo y profesor muchos años) estudiando la situación del alumnado de etnia gitana en el sistema educativo, principalmente en su área de acción, Aranda de Duero y, en general, la provincia de Burgos.
Es un hombre apasionado que rápidamente se enciende por la lucha de los derechos de las personas en las condiciones más complicadas, ya sea por tener necesidades educativas especiales, por sus orígenes étnicos, por su situación socioeconómica, por su etnia. Como decía el dicho latino, nada humano le es ajeno.
El alumnado gitano es un alumnado que, mayoritariamente, está escolarizado en las etapas de infantil y primaria. Bien es cierto que el paso a la secundaria es complejo y que es el momento en el que una buena parte «desaparece», en buena medida, las chicas.Abajo no esquiva la cuestión. Tiene claro que hay muchos motivos que convergen para que esta situación sea así.
Para él hay que tener en cuenta factores a diferentes escalas que están incidiendo en la situación del alumnado gitano en España. Estas escalas son la micro, la meso y la macro. En esta última, están las políticas de las administraciones públicas (Ministerio y consejerías de Educación); en la segunda: sindicatos, asociaciones, congregaciones religiosas (a las que critica, aunque no solo, por el doble lenguaje), a la organización de los centros educativos, y, en último lugar, las micro, en donde se encuentra la comunidad educativa: profesorado, familias y alumnado.
La confianza obliga
Las expectativas familiares y, fuertemente, las del profesorado pesan mucho a la hora de que las niñas y niños gitanos tengan una continuidad en el sistema educativo. Para explicarlo utiliza las palabras que una vez le escuchara a un historiador y catedrático de etnia gitana, José Heredia Maya, cuando le preguntaron cómo había sido posible que hubiese llegado a la universidad siendo gitano de familia humilde durante los años de la dictadura: «Que confíen en ti, obliga», aseguró Heredia. Y Abajo tiene claro que el papel de las expectativas y la confianza de familiares, docentes y grupo de iguales es determinante para la continuidad en los estudios de estas chicas y chicos.
Pero esta confianza no termina de llegar. El sistema educativo les manda mensajes contradictorios: por una parte les obliga a matricularse en la escuela, pero luego les estigmatiza y les escolariza en escuelas gueto, con menos recursos y en peores condiciones. Al mismo tiempo, las familias que lo tienen más fácil (o menos difícil) buscan la manera de huir de estos centros
Como también lo es (así lo vieron después de una investigación en 2004) el impacto de los primeros años de educación. El hecho de que las niñas y niños gitanos vean y sientan que son capaces de hacerse con el aprendizaje, que consiguen logros y, de esta manera, generen vínculos de aprendizaje y afectivos con la escuela, es otro de los elementos primordiales para que continúen estudiando.
Abajo está convencido que la edición de los materiales de historia y cultura gitanas que acaba de hacer el Ministerio y en los que participa es una cuestión de justicia y reparación hacia este pueblo, ninguneado y perseguido durante cientos de años. «El que la historia y la cultura del pueblo gitano estén presentes en el curriculo, explica, en las programaciones, las clases, en las actividades así como la educación frente al antigitanismo, no puede ser un gesto vacío. El riesgo es que con hacer dos actividades sobre el pueblo gitano, sobre el caló y sobre Camarón nos llenamos la boca y pensamos que hemos hecho algo para la inclusión de la cultura y el pueblo gitanos».
El estigma persigue a este pueblo desde hace muchos años y hoy por hoy lo sigue haciendo, sostiene Abajo. Tanto es así que después de los realojos de los años 80 cuando se construyeron auténticos guetos en las ciudades para la población gitana, se ha ido desarrollando un proceso, cada vez más claro, de guetización de esta población en determinados centros educativos, de forma que su porcentaje de escolarización en según qué colegios es superior al porcentaje que representan en los barrios y territorios en los que se inscriben.
Abajo reclama no solo la creación de materiales para el currículo escolar. También que haya un importante cambio de mirada entre el profesorado. Habla de un estudio realizado por una estudiosa chilena, Ana Vázquez, en una banlieue parisina hace unos años. Hizo el seguimiento de una maestra y su grupo clase. Entre los resultados finales se encontraba el hecho de que esta maestra dedicaba claramente menos atenciones a los ocho alumnos inmigrantes de la case. Menos miradas, menos tiempo a correcciones, a darles ánimos. Sostiene Abajo que esto ocurre también con las personas gitanas.
Abajo habla del efecto Pigmalión en sentido negativo y de cómo los prejuicios y el antigitanismo que está enmarcado en la sociedad impacta en el trato al alumnado gitano y cómo este lo percibe y ve afectados sus resultados académicos, así como su vinculación al centro educativo. «A menudo, consciente o inconscientemente, el profesorado y otros adultos transmitimos un efecto Pigmalión negativo hacia el alumnado gitano o migrante», asegura. «No somos conscientes de que proyectamos unas expectativas negativas hacia determinados alumnos y otras positivos hacia otros».
Influencia de las políticas
Este estudioso señala la segregación como uno de los problemas más importantes. No solo es que se generen centros gueto y que las familias payas que pueden «huyan» más o menos rápido de los centros educativos que les correspondería. El propio sistema educativo idea diferentes maneras de continuar con la segregación. Una de las primeras es, dice Abajo, la creación de las aulas de compensatoria. Aunque nacieron para dar respuesta a las necesidades especiales de determinado alumnado, se han ido convirtiendo en un aparcadero de minorías. Denuncia este antiguo orientador cómo hay institutos públicos en los que algunas de estas aulas son nombreadas como «aulas de minorías étnicas».
Abajo es muy crítico aquí con determinadas maneras de organizar los centros educativos, con «grupos B», clases de compensatoria o el uso de los docentes de apoyo para atender a los chicos y chicas fuera de las aulas normalizadas. Y como todo ello empuja al 20% de las y los jóvenes al fracaso escolar.
Estas prácticas se vienen a sumar a otras como la creación de los proyectos bilingües en las diferentes comunidades autónomas. Proyectos que de una manera u otra empujan a determinado alumnado hacia los márgenes. Así lo ve Abajo cuando habla del programa en Castilla y León, pero también nombra al euskera o podría hablarse de lo que sucede en la Comunidad de Madrid.
Por todo esto, además de los índices de repetición, especialmente elevados entre la población que lo tiene más complicado, supone una importante hipocresía del sistema educativo «que debería darnos vergüenza».
Por supuesto, estas cuestiones se solucionarían, además de con cambios de actitud hacia las personas gitanas, o migrantes o pobres, con recursos económicos que no se detraigan de la pública. Con ratios menores y recursos materiales y humanos suficientes. Y que «cada consejería de Educación tengan como objetivo prioritario la equidad, inclusión, la compensación de las desigualdades».
Asegura que allí donde se ha hecho esta apuesta se han conseguido importantes avances y nombra el proyecto de comunidades de aprendizajes del CREA en la Universidad de Barcelona como uno de los que, gracias al trabajo de las y los docentes, y a algunas administraciones que han facilitado, ha logrado mejoras en la situación educativa de las chicas y chicos gitanos. También allí donde la administración ha organizado clases de apoyo bien hechas por asociaciones o entidades; o donde se ha reducido las ratios.
Algunos consejos
Para Abajo es importante que las y los docentes hagan un importante ejercicio de empatía a la hora de acercarse a las familias y alumnos gitanos. Que piensen en qué harían si ese chaval o chavala fuera suyo, qué le gustaría que ocurriese, como querría que la institución lo tratase.
También es importante que se genere un vínculo, no solo académico del estudiante, sino casi personal, afectivo con el centro. También por parte de la familia. Asegura que es importante conseguir que las chicas y chicos lleguen a casa hablando de lo bien que les tratan en el centro educativo. «No tienes que convencerlas de nada, lo que convencen son los hechosNo tienes que convencerlas de nada, lo que convencen son los hechos», comenta Abajo.
Y habla del caso específico de las niñas, las grandes desaparecidas de la secundaria obligatoria. Para él, las adolescentes y sus familias tienen clara la importancia de la educación pero «no encuentran ese aliento y esos resultados para que merezca la pena seguir estudiando»
El viejo estigma antigitano
José Eugenio Abajo ha pasado mucho tiempo estudiando la historia del pueblo gitano. Una historia, recuerda, que está llena de agravios, persecución y situaciones de semiesclavitud, cuando no de esclavitud (en Rumanía fueron esclavos hasta mediados del XIX).
Recuerda Abajo cómo los Reyes Católicos, además de perseguir a musulmanes y judíos fueron los primeros que dictaron normas para que los gitanos fueran vigilados y perseguidos. Algo que siguió ocurriendo durante la construcción del poderoso imperio español. Además de los reos condenados a las peores penas, como la muerte, los gitanos también fueron utilizados para remar en las naves de la fuerza naval y mercantil española.
Esto se produjo mediante el mandato de que los hombres a partir de los 12 años fueran perseguidos y utilizados en estos trabajos. Pero es que, además, también tuvieron que trabajar en condiciones insalubres en las minas de mercurio de Almadén. El mercurio era utilizado en esstado líquido y a altas temperaturas, para separar el oro y la plata del resto de materiales a los que venían unidos desde las Américas. El mercurio es un metal tremendamente tóximo.
No hace, tal vez, falta retrotraerse tanto en el pasado. Hasta poco después de que finalizara la dictadura franquista, la Guardia Civil tenía orden expresa de vigilar y perseguir a los gitanos en todo el país.
El estigma pesa sobre este pueblo, que supone alrededor del 6% de la población española, desde hace cientos de años. Un estigma que ha calado hondo y que supone graves problemas para que, primero, sus chicas y chicos, cuminen los estudios; segundo, para que consigan, en su caso, trabajos acordes a estos niveles de estudios y, tercero (aunque no único), que lo tenga complicado para conseguir vivienda en alquiler o comprada.