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Hace unos días lo dejaba claro un estudio de la Fundación SM y Educo ONG, el 38 % de los docentes trabajan con desapego para evitar acabar quemados con la situación con la que tienen que lidiar, que podría resumirse en unas aulas cada vez más complicadas (por la falta de atención de las familias, en parte) y por una pesada burocracia que no deja espacio para lo importante, enseñar.
En esta ocasión, y bajo el título El estado de la profesión docente en España, Lucas Gortázar, director de Research y senior fellow de Educación en EsadeEcPol, hace un repaso de algunas de las claves que pueden estar afectando a la situación del profesorado. “Venimos de unos años de ver a mucha gente quemada en la profesión”, asegura al teléfono. “Llevo mucho tiempo recibiendo mucho feedback parecido, sobre todo a partir de la pandemia y quería entender qué está pasando”, explica.
El informe repasa tres puntos de vista, tres cuestiones que, según diversas investigaciones, están influenciando la situación de desenganche, de desafección. Por una parte está la creciente complejidad de las aulas, con un alto crecimiento de la población de origen extranjero de primera y segunda generación, al que se suma el aumento constante desde 2017 del porcentaje de niñas, niños y adolescentes (NNA) en riesgo de exclusión social o pobreza (por encima del 34 %) y, cómo no, con una situación emocional y de salud mental frágil.
Junto a este tema está el de las condiciones de trabajo del profesorado, la pérdida de poder adquisitivo, las diferencias salariales entre cuerpos, las horas lectivas y de trabajo, así como las ratios. Todas son cuestiones que, de una manera un otra han mejorado bastante desde la crisis, Gran Recesión como la nombra el informe, a partir de 2012. Pero sobre la mesa están siempre algunas de ellas.
Por otra parte, la falta de políticas dedicadas al profesorado (formación inicial, acceso a la profesión, carrera docente…) está teniendo un importante impacto y es, desde el punto de vista del investigador, la pata más preocupante. “Tenemos buenos profesores que sobreviven sin carrera docente; si la tuvieran se enfrentarían mejor a lo que les está pasando”, cree Gortázar.
Carrera docente
Este es el punto más complicado, seguramente, de mejorar. A pesar de ello, el investigador se lanza a la piscina de hacer propuestas que podrían mejorar, primero, el prestigio de la profesión y, después, el desempeño y la práctica de sus profesionales.
Tiene claro que es necesario que para estudiar magisterio o un máster de secundaria, sería interesante realizar pruebas previas a la carrera, más allá de la nota de corte. Es necesario elevar el listón para que quienes se acerquen a estos estudios lo hagan por interés laboral y personal real, y no como profesión refugio como ha sido en los últimos años en buena medida.
Para Gortázar es importante dejar claro que la profesión docente “no es para todo el mundo”. Con estas pruebas de acceso “se trata de que quiero estar seguro de que lo puedes hacer” y para ello habría que poner énfasis en las competencias académicas en primaria y en las pedagógicas y socioemocionales en secundaria, defiende.
También apuesta por la creación de un MIR educativo que hace unos años ya cifró en unos 1.500 millones de euros para liberar al profesor tutor e incentivar tanto a esto como dedicar una parte al profesorado en “prácticas”. “¿Es carísimo?, se pregunta. La inversión vale la pena, es el momento de mayor impacto de la formación (al inicio de la carrera). Y el oficio se aprende en clase; es mejor que los buenos acompañen a los nuevos en el proceso.
A la necesidad de una buena formación del profesorado en sus inicios, se suma el hecho de la gran inestabilidad, sobre todo en la pública, en los centros de más difícil desempeño. Es decir, el personal con menor experiencia está, principalmente, en los centros en donde las dificultades son mayores, lo que no hace más que acentuar las dificultades.
En el informe, Gortázar defiende también la necesidad de la existencia de algún tipo de evaluación del desempeño docente, así como de la observación entre iguales, muy minoritaria en España frente a países del entorno.
Apunta a un sistema similar el establecido en la Ley de Educación de Cataluña y que tuvo, y tiene, importantes críticas por parte de los sindicatos. Se trata de dar más poder de decisión en la contratación a las direcciones de los centros y que la experiencia laboral no sea el factor determinante en el destino del profesorado. “Que el centro pueda seleccionar perfiles y que se den complementos de destino. Al final, el poder lo tienen quienes tienen plaza y pueden elegir, mientras que el resto no tiene poder. Esto lamina la estabilidad de los claustros y se ceba con el alumnado con mayor necesidad”.
Alumnado cada vez más complejo
Es precisamente este alumnado con mayor dificultades el que se encuentra en el centro de la especie de tormenta perfecta que enfrenta la profesión docente.
Un personal en primaria que, según recoge Gortázar, no tiene unas elevadas competencias el matemáticas y lengua, y un profesorado de secundaria que, aunque las tiene, no termina de desarrollar competencias pedagógicas suficientes para lidiar con la complejidad de sus aulas.
Unas y unos jóvenes con mayores problemas de estabilidad emocional y psicológica que, en buena medida se encuentran en hogares con dificultades económicas importantes derivadas de la inflación o de la subida del precio de la vivienda; que tienen docentes que cambian cada pocos años y que, en buena medida, no tienen la experiencia ni el conocimiento sobre la labor docente más potentes.
Todo ello en un país, recoge el informe, en el que no hay una apuesta sistemática por poner apoyos y refuerzos en áreas como lengua y matemáticas. A pesar de los esfuerzos de los PROA+, el documento elaborado por Lucas Gortázar recoge que España no invierte demasiado en la comparativa internacional en que este tipo de acciones lleguen a la mayor parte posible del alumnado que lo necesita.
Aquí, el investigador cuantifica en 1.200 millones de euros la puesta en marcha de programas de apoyo socioemocional y de refuerzo individualizado en matemáticas y lectura para el alumnado de bajo desempeño y más vulnerable.
El estatuto que no llega
Todo ello en el marco de un estatuto docente que no llega a pesar de las muchas veces que se repite, desde hace 15 años (mínimo) su importancia. Desde Ángel Gabilondo y el pacto que no se llegó a firmar por el adelanto electoral, hasta Íñigo Méndez de Vigo, quien acogiera el Libro Blancdo redactado por José Antonio Marina, Carmen Pellicer y Jesús Manso, pasando por las 24 medidas presentadas por el actual Ejecutivo, sin mencionar el hecho de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hablara en su momento de la “legislatura del profesorado”. Muchas declaraciones se han hecho, pero poco o nada se ha adelantado en este sentido.
Sobre la actual negociación que hace unas semanas comenzara el Gobierno con los sindicatos de la Mesa Sectorial, Lucas Gortázar no se muestra especialmente optimista. No solo por lo anteriormente dicho, sino porque el Gobierno se encuentra en minoría en el Congreso y buena parte de los socios que tiene miran hacia sus intereses, es decir, Cataluña y País Vasco. Además, “13 comunidades autónomas son gobernadas por la oposición”, recuerda.
Y, para cerrar la dificultad, la falta de una clara unidad sindical, cada vez más diversa y con intereses más divergentes. Por una parte, los sindicatos de clase, como podrían ser CCOO o UGT; frente a ellos, los más corporativos, como CSIF o ANPE, por no hablar de otros, como el de profesores de secundaria de Cataluña, de reciente creación.
El profesorado se encuentra en uno de los momentos más complicados para la profesión, con multitud de retos que se le piden o exigen, más allá de lo netamente instructivo, con unos mimbres debilitados por la falta de inversión, por una parte, y de políticas de incentivo y prestigio por el otro.