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«Uno de los pretextos de los periodistas de la vieja escuela es que, con poca preparación, pueden ir a parar a cualquier rincón del mundo, arrancar a toda marcha y empezar a hacer preguntas», afirma Joe Sacco en el inicio de los agradecimientos de su última novela gráfica. Un texto que sirve de preámbulo al reconocimiento de todas las personas que le ayudaron en su realización, especialmente a los periodistas rurales de la India, a los que les dedica la obra, quienes fueron fundamentales en ese trabajo, tal y como descubriremos en su lectura. En una era dominada por la inmediatez y los titulares, la labor de este periodista maltés-estadounidense se erige como un dique de contención, recordándonos que la realidad es demasiado compleja para caber en un titular, y que le basta su cuaderno y su charla para desentrañarla. Sin embargo, para ello deberá visitar los lugares donde ocurren los sucesos y, sobre todo, tendrá que quedarse un tiempo para poder hablar con los verdaderos protagonistas de la noticia.
Su trabajo se ha popularizado como resultado de su periodismo en formato cómic, la mayoría de denuncia como los dedicados a los refugiados palestinos, a los supervivientes bosnios, a los indígenas norteamericanos empobrecidos y, más recientemente, a la guerra de Gaza (véase el artículo Una Navidad manchada de sangre palestina). Su último trabajo publicado se centra en las víctimas de la furia comunal en la India: El disturbio eterno (The Once and Future Riot, 2025), editado por Reservoir Books del Grupo Editorial Penguin Random House, con traducción al castellano de Montse Meneses Vilar. Una vez más, el dibujo obliga al lector a detenerse, a respetar el enorme esfuerzo creativo que hay detrás y que va mucho más allá de una fotografía que ilustra un texto periodístico. Sacco es protagonista de sus propias historias porque el proceso informativo es parte fundamental para comprender lo acontecido, como si el lector fuera un espectador acompañante de su periplo durante los días intensos que vivió en lo que se describe en la novela gráfica como el país democrático más grande del mundo.
Publicada en noviembre de 2025 en varios idiomas a la vez, esta novela gráfica marca una evolución en su diagnóstico social, dejando de lado los frentes de guerra tradicionales, para analizar un conflicto más insidioso: la ingeniería de la violencia civil. En este caso, el autor denuncia cómo las narrativas políticas y religiosas son manipuladas para convertir al vecino en enemigo. Es una investigación soberbia sobre la violencia cultural, de cómo los mitos, las noticias falsas y los discursos de identidad se utilizan para alimentar un arma que luego disparará la multitud. En este sentido, Sacco se convierte «en el cronista gráfico de nuestra era de polarización, mostrándonos que el verdadero campo de batalla del siglo XXI no es solo el territorio físico, sino la mente del ciudadano bombardeada por la propaganda», como se describe en los mensajes promocionales de la obra.
El disturbio eterno es una disección de los hechos ocurridos en el estado de Uttar Pradesh, el más poblado del norte de la India, y bastión electoral clave. En concreto hace referencia a la revuelta surgida en septiembre de 2013 en tres distritos, Shamli, Bagpat y Muzaffarnagar, y lo hace a través de su visita a la zona justo un año después. La obra analiza la tensión subyacente en la región desde la proclamación de la independencia de India y Pakistán en 1947, que permite contextualizar el origen de los dramáticos acontecimientos concatenados en aquel año fatídico, así como su influencia en los resultados electorales desde entonces, culminados con la victoria del actual Primer Ministro, Narendra Modi, y de su partido, el BJP (Bharatiya Janata Party), que ejerce el poder en el país desde el 26 de mayo de 2014.
Sacco recuerda someramente cómo la caída del Imperio Británico propició la división del territorio en zonas sectarias: «hablando en plata, India para los hindúes y Pakistán para los musulmanes», afirma en una de las viñetas. «La partición fue una catástrofe humanitaria. Más de 12 millones de personas fueron expulsadas de sus casas o huyeron a uno u otro lado para evitar formar parte de una población minoritaria», un desplazamiento que causó más de un millón de muertes en los años posteriores a la independencia. «Hoy en día, los musulmanes representan menos del 14% del total de la ciudadanía», aunque durante décadas estuvieron relativamente seguros en una nación que se había proclamado laica y cuyos gobernantes consideraban a sus habitantes por igual.
La novela gráfica denuncia que lo que está sucediendo en realidad es exactamente lo contrario: la pasividad por parte de las autoridades ante situaciones de abuso y violencia contra los musulmanes, mostrando el desarrollo de un nacionalismo que busca redefinir la India como una nación exclusivamente hindú, marginando a las minorías religiosas, especialmente a los musulmanes, que representan unos 200 millones de personas en el país. Sacco documenta cómo una disputa local fue amplificada políticamente para provocar decenas de muertos y miles de desplazados. Y aunque el pogromo es rural, conecta con protestas ocurridas en las ciudades más importantes, mostrando un patrón nacional a lo largo del país. También queda en evidencia la intencionalidad política de no identificar líderes ni agresiones, justificando los hechos imposibles de esconder como la expresión de una turba enfurecida y descontrolada. Todo ello ante la inacción de la policía, en ocasiones incluso a causa de ella, pues algunas de las agresiones acreditadas correspondían a miembros corruptos de las fuerzas de seguridad, hindúes, evidentemente.
Y todo eso lo sabemos porque Sacco entrevista a los protagonistas de las dos partes, y queda sorprendido en varias ocasiones de las mentiras con las que responden algunos de ellos. Como el abogado que le recuerda que una de las personas agredidas en el disturbio llegó herida al hospital mientras le enseña el parte médico donde se puede leer en un perfecto inglés que llegó muerta, y muestra el documento para que lo lea el entrevistador mientras afirma lo contrario de lo que está escrito.
Sacco sostiene con datos sobre el terreno que la violencia en la India moderna no es un accidente, sino una política de Estado no oficial. El «disturbio» es presentado como una herramienta electoral cíclica y perpetua diseñada para mantener la polarización y consolidar el poder del nacionalismo hindú. De ahí que en el título de la obra aparezcan los conceptos «Eterno» y «Futuro» (el original en inglés es The Once and Future Riot), un título que parece inspirarse en la novela clásica El Rey que Fue y Será (The Once and Future King, 1958), de T. H. White (1906-1964). La expresión «El Rey que fue y será» es una promesa de esperanza: Arturo volverá cuando Inglaterra más lo necesite para salvarla.
Aunque, en realidad, White tomó prestada la frase de otro clásico, en concreto de la obra La muerte de Arturo (Le Morte d’Arthur, 1485), de Sir Thomas Malory (1416-1471). Según la leyenda, es la inscripción en latín que aparece en la tumba del Rey Arturo: «Hic iacet Arthurus, rex quondam, rexque futurus» [Aquí yace Arturo, rey una vez, y rey que será]. Al usar esta cita para su obra sobre la India (The Once and Future Riot), Sacco está ironizando sobre esta inscripción sagrada. Convierte la promesa gloriosa del retorno de un rey justo (esperanza) en la promesa macabra del retorno de los disturbios (condena): la violencia volverá cuando los políticos necesiten votos. Sacco no cita explícitamente a White, pero es evidente su advertencia del eterno retorno de la violencia sectaria, y el juego de palabras en el título.
Una violencia que, además, se encarniza especialmente en las mujeres. Los abusos, agresiones y violaciones descritos en uno y otro bando son desgarradoras, y a menudo el detonante de disturbios o de nuevos ataques para que la familia no denuncie, incluso con la participación de la misma policía en los ataques. El autor se pregunta: «¿puede el salvajismo convivir con una democracia? ¿son las turbas y no los líderes quienes deciden el curso de los acontecimientos? ¿cómo pueden coexistir relatos tan distintos sobre lo sucedido? ¿cómo logran esconder los violentos su participación en esos actos homicidas?». Sacco, en el fondo, realiza una advertencia universal sobre la fragilidad de la democracia.
El sociólogo y matemático noruego Johan Galtung (1930-2024) define la violencia cultural específicamente como «cualquier aspecto de una cultura que puede ser utilizado para legitimar la violencia en su forma directa o estructural». En su elogiado artículo Cultura y violencia (Cultural Violence, 1990) (publicado originalmente en la revista Journal of Peace Research, 27(3), y cuya traducción al castellano de Teresa Toda está disponible desde 2003 gracias a Gernika Gogoratuz), llega a la conclusión de que las narrativas mediáticas actuales operan como mecanismos de violencia cultural. Según el autor, esta forma de violencia no mata por sí misma, sino que actúa legitimando la violencia directa y estructural, volviéndolas aceptables a los ojos de la sociedad: «al deshumanizar a un colectivo a través del lenguaje, se desactivan los mecanismos morales que impedirían su agresión».
Galtung propuso el concepto del «Triángulo de la Violencia», en el que el vértice de la violencia visible (directa, ya sean agresiones físicas, verbales, psicológicas) es solo la punta del iceberg. Para que esa violencia física exista, debe estar sostenida por otras dos formas de violencia invisibles: «violencia estructural entendida como la injusticia incorporada en el sistema (pobreza, desigualdad legal, falta de acceso a salud), y la violencia cultural, donde tienen un protagonismo especial la política y los medios». Son los aspectos de la cultura (religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia) que se utilizan para justificar o legitimar la violencia directa o estructural, para que la sociedad acepte, tolere o incluso aplauda la agresión contra ciertos grupos minoritarios, y más pobres, como en el caso descrito por Sacco. Y no solo bastará con sesgar la atención, será habitual la mentira y la deshumanización. Solo hay que leer esta novela gráfica para descubrir que lo que vemos, en realidad, no está muy alejado de lo que sucede a nuestro alrededor.



