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En los días previos a la celebración del 8M, es más necesario que nunca poner en valor esta fecha y redoblar su carácter reivindicativo y de lucha. Los retrocesos e intentos de involución en el camino hacia la igualdad son una terrible realidad que forma parte de los avances de la extrema derecha a nivel mundial en los últimos tiempos.
Las mujeres, y el conjunto de la ciudadanía comprometida con los derechos humanos, estamos obligadas a enfrentar esta deriva, desde todos los ámbitos de la sociedad. Por supuesto, desde los centros educativos que juegan un papel clave en esta tarea, como dique frente a la barbarie y como motor de cambio para un futuro más justo, más libre y más igualitario.
Una de las estrategias reaccionarias más miserables y retorcidas es la instrumentalización de las mujeres y la manipulación del discurso feminista para neutralizarnos, dividirnos y enfrentarnos. Si, además, esta maniobra está impregnada de islamofobia y racismo, no hay palabras para describir el asco que produce.
Con el 8 de Marzo en el horizonte, la ultraderecha consiguió introducir en el debate público una polémica artificial y falaz con la propuesta de prohibir el uso del burka y el niqab en espacios públicos que ocupó titulares durante días.
La prohibición de niqab en centros educativos la sufren las niñas y mujeres a quienes se dice proteger, persiguiéndolas, castigándolas y ahondando en la opresión
Aunque esta fue rechazada en el Congreso, las derechas preparan nuevas iniciativas y se han lanzado a imponer normas municipales similares en aquellos ayuntamientos que controlan.
Desde hace un tiempo, en algunos centros educativos se ha prohibido el velo en sus protocolos de convivencia. Todas estas medidas son especialmente sangrantes si se tiene en cuenta que quienes las sufren son precisamente las niñas y mujeres a las que se dice proteger, persiguiéndolas, castigándolas y ahondando en la opresión que sufren como mujeres, como migrantes y como trabajadoras humildes que son en la mayoría de los casos.
Aún seguiríamos dándoles vueltas a este intento deliberado de emponzoñar el 8M si no fuera porque la terrible realidad de los ataques imperialistas contra Irán lo ocupan necesariamente todo.
Precisamente esta nueva agresión del eje EEUU-Israel ha tenido como primeras víctimas inocentes a casi 200 niñas y sus maestras, asesinadas en su escuela mientras daban clase. La ONU ya ha pedido que esta atrocidad se investigue como crimen de guerra, pero después de los más de dos años de genocidio televisado en Palestina, no parece probable que vaya a tener ninguna consecuencia. Es espeluznante el intento degenerado de retorcer la realidad para plantear que el bombardeo de población civil y el asesinato de niñas se hace para liberar a las mujeres iraníes.
La lección que aprenden nuestras alumnas y alumnos de esta realidad brutalizada es que todo vale para quienes gobiernan el mundo: se han roto los grandes consensos establecidos tras los horrores del siglo XX, se impone la intimidación y ya no tienen que guardarse ni las formas. En este panorama, es lamentable ver cómo se extiende el menosprecio e incluso la mofa, también en el seno de la profesión docente, de lo que hemos llamado “educación en valores” y, en particular, de la coeducación y la educación en igualdad.
Parece que hace mil años de las gigantescas manifestaciones del 8M de 2018, cuando vivimos aquella primera huelga feminista general bajo el lema “Si nosotras paramos, se para el mundo«. Aquella jornada fue un hito en la historia de la lucha de las mujeres, por su carácter masivo y por su repercusión internacional. Pensábamos que ya no había vuelta atrás y que a partir de entonces las cosas iban a cambiar para siempre. Nos equivocábamos.
En la actualidad, los discursos machistas ganan terreno en la sociedad, incluso entre la gente más joven. No es un fenómeno aislado o inexplicable, sino que se inscribe en un panorama fuertemente escorado a la derecha en el que las posturas filofascistas avanzan posiciones políticas, sin que sea descartable que se conviertan en mayoritarias.
“¿Y para cuándo un día del hombre?”. Tiene una parte de provocación y un sentimiento genuino de agravio que debería preocuparnos
Los estudios e informes de los últimos años observan, entre la gente joven, un constante crecimiento de la idea de que el feminismo es “adoctrinamiento” o que la igualdad “ha ido demasiado lejos” y ahora los discriminados son los hombres. Esto que cualquiera puede encontrar en redes sociales y publicaciones lo escuchamos cada día quienes estamos a pie de aula.
En los últimos días, mientras en mi centro preparamos las actividades del 8M, he tenido que responder a mis alumnos, una y otra vez, a diferentes versiones de la misma pregunta: “¿Y para cuándo un día del hombre?”. Tiene una parte de provocación y un sentimiento genuino de agravio que debería preocuparnos.
¿Cómo es posible que estemos retrocediendo hasta este punto, tras años de implantación de medidas para la educación en igualdad en los centros educativos?
Aunque la LOGSE ya introdujo el concepto de educación para la igualdad, el I Plan de Igualdad entre Hombres y Mujeres en Educación de Andalucía es de 2005, ¡ya hace más de 20 años! Desde entonces, todos los centros educativos deben tener un plan de igualdad y una persona responsable del mismo.
Actualmente está en vigor el III Plan de Igualdad, cuya publicación se retrasó años y que establece fondos específicos para su aplicación. La financiación de las actuaciones de coeducación en los centros educativos se circunscriben, casi exclusivamente, a las menguantes subvenciones del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Las coordinadoras de igualdad seguimos sin tener horas lectivas asignadas en la normativa para cumplir nuestra tarea, así es que su asignación depende de las condiciones del centro y de la buena voluntad (o no) de los equipos directivos para incluirlas en su organización. Que la formación específica de las personas responsables se esté desarrollando entre febrero y marzo, con el curso más que avanzado, da una idea de la atención que la Administración educativa dedica al tema y el tratamiento que da a las personas responsables de desarrollarlo.
A pesar de todo, la educación en igualdad es una realidad en los centros educativos, gracias al empeño de las y los docentes que la hacen posible. Y aún tenemos que enfrentar las actitudes de quienes consideran que este asunto es un esfuerzo añadido a la sobrecarga docente, una distracción prescindible, una traba para cumplir con la programación o cosas peores.
Los mismos sectores que califican de “adoctrinamiento” la educación en igualdad o la educación afectivo-sexual son los que claman por un modelo de convivencia basado en la coerción y las medidas meramente punitivas.
Uno de los aspectos más serios en este ámbito son las conductas abusivas que incluyen frecuentemente componentes machistas, homófobos y racistas. En su dimensión más grave, el abuso pasa a ser acoso escolar, de consecuencias gravísimas y que puede conducir a comportamientos autolesivos e, incluso, a conductas suicidas.
Hace menos de un mes, el Gobierno andaluz anunció la próxima puesta en marcha de medidas contra el acoso escolar que, aunque dicen basarse en el enfoque preventivo, no desarrollan esta idea, pero en cambio sí incluyen la propuesta de tipificación del acoso escolar como delito. La respuesta no puede ser meramente reactiva, renunciando a un enfoque global de la enseñanza que integre la educación en valores y que ponga todo el peso no en castigar lo que ya ha ocurrido, sino en crear entornos en los que estas situaciones no lleguen a producirse.
En este 8M la comunidad educativa de Andalucía debe alzar la voz por una profundización de la educación en igualdad y la coeducación que impregnen no solamente el currículo a todos los niveles, sino la vida y la práctica diaria de colegios e institutos. Porque el futuro se construye desde hoy, formando a la gente joven que construirá el mañana y porque su dignidad personal, su bienestar y su vida dependen de ello.


