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Reinventarse desde cero no es simplemente cambiar de estilo, técnica o medio. Cuando un artista atraviesa un trauma y decide volver a empezar, se enfrenta a una metamorfosis profunda. No solo debe asumir un proceso de reinvención artística, sino que debe tomar el control absoluto de su nuevo modelo de negocio, ya que, en definitiva, será su nueva forma de ganarse la vida. El primer paso exige un enorme ejercicio de honestidad, al reconocer que el modelo anterior es insostenible en el tiempo y que, además, se acaba de convertir en un emprendedor, un concepto que en esta situación concreta servirá como catalizador del cambio ante los retos venideros para el creador.
En el libro El viaje del emprendedor (2025), el profesor Jaume Teodoro recalca que este proceso de reinvención no es un mero cálculo financiero, sino una cuestión de supervivencia emocional que encaja a la perfección con la épica del viaje del héroe, un patrón arquetípico que Joseph Campbell (1904-1987) propuso por primera vez en su influyente obra El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces, 1949). Campbell es reconocido como uno de los grandes expertos en mitología y religiones comparadas del siglo XX, profesor de literatura durante cuatro décadas en el Sarah Lawrence College de Nueva York, donde ejerció como docente emérito hasta su muerte. Estudió el monomito del viaje del héroe, un itinerario iniciático hacia la transformación y el descubrimiento de sí mismo. Lo concretó en diecisiete etapas o pasos, a pesar de que son muy pocos los mitos que las cumplen todas. Todas esas etapas pueden organizarse de diversas maneras, aunque es común dividirlas en tres secciones, teniendo en cuenta el patrón narrativo: partida, iniciación y retorno. La partida trata de la aventura del héroe antes de cumplir la misión; hace referencia a la llamada, a su renuncia en primera instancia y a la ayuda sobrenatural que le facilitará el cruce de ese primer umbral; la iniciación se ocupa de la senda de las pruebas que afrontará en su trayecto; y el regreso trata de la vuelta del héroe con los conocimientos y las competencias adquiridos, para transferirlos a los demás y restaurar el orden, transformando el contexto inicial, como colofón.

Teodoro, en su investigación realizada en el TecnoCampus (centro adscrito a la Universitat Pompeu Fabra), llega a la conclusión de que emprender rara vez se parece a un aséptico plan de negocios en una hoja de cálculo; más bien, es una montaña rusa emocional que roza la épica. Por este motivo, asemeja su propuesta de itinerario emprendedor a la estructura del célebre «viaje del héroe» de Campbell. El autor nos recuerda que quien decide montar un proyecto empresarial atraviesa, a nivel psicológico y vital, las mismas etapas que los protagonistas de nuestros grandes mitos: la llamada a la aventura (esa idea que no te deja dormir), el temido cruce del umbral al abandonar la zona de confort y el inevitable descenso a los abismos de la incertidumbre. Al enmarcar la creación de una nueva iniciativa empresarial en esta estructura narrativa, el libro valida la vulnerabilidad de quien emprende, demostrando que el miedo, los obstáculos y la búsqueda de aliados no son anomalías, sino las paradas obligatorias de cualquier epopeya.
En este contexto, ese artista que decide reinventarse ha reconocido, quizás de forma involuntaria y forzosa, que el trauma no es un punto final, sino la dolorosa y obligada «Llamada a la aventura» de la que hablaba el mitólogo estadounidense. Asimismo, el pánico por volver a exponerse y ser juzgado es el clásico «Rechazo de la llamada». Al enmarcar su reinvención en este viaje mitológico, el ensayo de Teodoro ofrece un enorme consuelo al artista: le demuestra que su vulnerabilidad y su miedo no son rarezas ni debilidades, sino la antesala obligatoria para cruzar el umbral y convertirse en el protagonista de su propio rescate. La obra no se pierde en la simple metáfora, sino que detalla una propuesta táctica muy sólida, a través de una metodología que despliega un mapa estructurado e iterativo diseñado para ordenar el caos mental y transformar una simple intuición en un modelo de negocio tangible mediante técnicas adecuadas para cada etapa del proceso.

Ese viaje del emprendedor es el que probablemente ha realizado Luz, pseudónimo del artista francés Rénald Luzier. Nació el 7 de enero de 1972, y ese mismo día en 2015, cuando celebraba su cuadragésimo tercer cumpleaños, decidió comprar una tarta antes de llegar al trabajo, para festejarlo con sus compañeros en la redacción de la revista Charlie Hebdo, donde llevaba veintitrés años trabajando. Diferentes casualidades, entre otras el propio paso por la pastelería, hicieron que llegara con retraso a la reunión semanal del consejo editorial en la que se decidían los temas del siguiente número. Cuando llegó, vio perfectamente cómo los hermanos Chérif y Saïd Kouachi, terroristas vinculados a la organización Al Qaeda, acribillaban a agentes de policía, rematándolos en el suelo. Logró esconderse y salvar su vida, pero pronto se encontró con la realidad de lo que había acontecido aquella trágica mañana. En total, fueron asesinadas doce personas y otras once resultaron heridas, algunas de extrema gravedad. Entre los fallecidos estaban el director de la revista, Charb, y varios de los historietistas más importantes de Francia, como Cabu, Wolinski, Tignous y Honoré, todos ellos amigos íntimos y mentores de Luz.
Luz es el autor de la mítica portada del siguiente número de la revista, en la que se representaba al profeta Mahoma sobre fondo verde, sujetando un cartel con el lema «Je suis Charlie» [Yo soy Charlie], recuperando así el eslogan que se viralizó después de los atentados en los medios de comunicación y en las redes sociales. Pero la polémica surgió con el texto que apareció escrito justo encima de dicho personaje, donde se podía leer la frase: «Tout est pardonné», en castellano: «Todo está perdonado». La portada del número 1178, conocido popularmente como el «número de los supervivientes» («le numéro des survivants»), es probablemente una de las imágenes periodísticas más importantes y analizadas de la historia reciente de Europa. Su publicación, apenas una semana después de la masacre (el 14 de enero de 2015), representó un momento de tensión global, dolor profundo y un rotundo reclamo por la libertad de expresión.

Ese número tan significativo de la revista Charlie Hebdo alcanzó unas ventas estimadas en más de ocho millones de ejemplares en todo el mundo y se tradujo a varios idiomas, con un respaldo internacional contundente a la libertad de prensa. Sin embargo, el simple hecho de volver a representar gráficamente al profeta Mahoma (algo considerado tabú y blasfemo por corrientes conservadoras del islam) provocó indignación en varios países de mayoría musulmana. Se desencadenaron protestas masivas, algunas de ellas violentas con víctimas mortales, en países como Níger, Pakistán y Argelia. Esto reabrió un intenso debate global sobre los límites del humor, lo que generó aún más tensión en los supervivientes de la revista, que gestionaron la experiencia vivida cada uno a su manera. Luz decidió dimitir de la revista pocos meses después, pensando en empezar de cero tras llevar toda su vida profesional trabajando en blanco y negro mediante viñetas editoriales de humor gráfico, la mayoría de una única viñeta o de una página.
Su primera obra en solitario fue una historia autobiográfica que narraba el proceso personal del autor tras el atentado, explorando el duelo, la ira y la búsqueda de reconstrucción a través del dibujo. Catharsis (2015), que permanece inédita en castellano y catalán, sirvió a Luz para luchar contra los efectos petrificantes y catatónicos del estrés postraumático. «Al volver a trazar líneas y crear personajes, el dibujante inicia un movimiento hacia la vida, alejándose de la omnipresencia de la muerte que dominaba su psique tras la masacre. Catharsis es un álbum de transición o de pasaje. Es una obra que marca el final de una etapa oscura y traumática y el comienzo de una nueva era personal para el autor», indica el profesor de la Université du Québec à Montréal (UQAM), Mouloud Boukala, en su artículo académico Le dessin ou la vie: parcours d’un deuil dans la bande dessinée Catharsis ([El dibujo o la vida: recorrido de un duelo en la novela gráfica Catarsis], 2016), lo que pone en valor la decisión de Luz de exponer su dolor privado al público. Boukala se apoya en teorías sociológicas y antropológicas para explicar que, «al convertirse él mismo en un personaje de cómic, Luz recupera la capacidad de dominar su propia experiencia y vuelve a ser “sujeto de su existencia”. Mediante el dibujo, Luz pudo “dialogar, llorar, reír y gritar”. Este proceso activo de externalizar el dolor le permitió apaciguarse gradualmente y vencer el terror que le provocaba enfrentarse a la página en blanco tras el asesinato de sus compañeros».

Después de varias colaboraciones puntuales, Luz publica su primer trabajo de ficción, Testoterror (2023), con una singular premisa de partida: imaginar un mundo privado de la hormona masculina por culpa de un virus, una ciencia ficción sociológica sobre masculinidades frágiles que, también, permanece inédita en nuestro país. No tenía claro cuál sería su siguiente trabajo, por lo que decidió empezar a investigar diferentes temas con la esperanza de encontrar la semilla de una nueva idea. Sin embargo, había un tema que le atraía desde hacía tiempo y que sirvió como punto de partida: el arte que el nazismo consideró como «degenerado». Estaba en fase de «búsqueda», como él mismo reconoce en las entrevistas, y pensó en ir directamente a la histórica exposición de 1937 en Múnich (Alemania), una rara acción contundente que en realidad atentaba contra el arte que precisamente se estaba exponiendo. Una evidencia clara de lo que el gobierno nazi consideraba que no se debía pintar.
Sin ser consciente de ello, Luz empleaba diferentes técnicas de diseño creativo en su particular viaje emprendedor, en la jerga de Teodoro. En esta primera etapa creativa se topó con la excelente obra «Degenerate Art»: The Fate of the Avant-Garde in Nazi Germany ([«Arte degenerado»: El destino de la vanguardia en la Alemania nazi], 1991), un exhaustivo catálogo editado por la historiadora del arte y curadora Stephanie Barron, con motivo de una gran exposición retrospectiva que reconstruyó la fatídica muestra nazi de 1937. Para el régimen nacionalsocialista, el «arte degenerado» era un término despectivo utilizado para clasificar y prohibir prácticamente todo el arte moderno y de vanguardia. Movimientos como el expresionismo, el cubismo, el dadaísmo, el fauvismo y la nueva objetividad fueron tachados de elitistas, incomprensibles y estéticamente repulsivos. La ideología nazi afirmaba que este arte era producto de mentes enfermas, judías o comunistas. Sus dirigentes creían que las vanguardias buscaban destruir los valores tradicionales alemanes.

Luz empezó a trabajar sobre el tema, boceteando páginas en paralelo a la búsqueda de información. No buscaba un cuadro de un autor universal que fuera muy conocido, en especial para los lectores contemporáneos, como Kandinsky, Chagall o Picasso. De las cerca de 20.000 obras de arte confiscadas por el régimen nazi, entre pinturas, esculturas, dibujos y grabados extraídos de las colecciones de más de 30 museos e instituciones públicas y privadas de toda Alemania, en la muestra inaugurada el 19 de julio de 1937 en el edificio del Hofgarten de Múnich se seleccionaron únicamente 650 obras creadas por 112 artistas diferentes para conformar la infame exposición Entartete Kunst [Arte degenerado]. Uno de esos cuadros llamó la atención de Luz; el periplo de ese lienzo se convertiría en el tema central de su siguiente novela gráfica.
Dos mujeres desnudas (Deux filles nues, 2024) se ha editado en castellano en marzo de 2026 por el sello Reservoir Books del Grupo Editorial Penguin Random House, con traducción de Carlos Mayor Ortega. La novela gráfica muestra la historia de la humanidad del siglo XX a través de la perspectiva del cuadro que da nombre a la obra, pintado en 1919 por Otto Mueller (1874-1930), un destacado pintor y litógrafo, nacido en la región histórica de Silesia, que en aquel momento pertenecía al Imperio alemán y que hoy pertenece a Polonia. Mueller pintaba a menudo desnudos en la naturaleza y a personas de la etnia gitana, por cuya cultura sentía una profunda fascinación. Murió prematuramente por tuberculosis, tres años antes del ascenso al poder de Hitler, por lo que no vivió en carne propia la persecución nazi. Sin embargo, su obra sí la sufrió: en 1937, el régimen confiscó casi 400 de sus obras de los museos alemanes, declarándolas «arte degenerado» por considerarlas contrarias al ideal de pureza racial aria.

Luz fue galardonado con el prestigioso Fauve d’Or al mejor álbum por Deux filles nues el sábado 1 de febrero de 2025, pocos días después de cumplirse una década del atentado a Charlie Hebdo. Este premio es el máximo galardón que otorga el Festival International de la Bande Dessinée d’Angoulême, y le fue entregado durante la ceremonia oficial de la 52.ª edición del certamen, consolidando esta novela gráfica como una de las obras más importantes y aclamadas de la temporada en el mercado francófono y europeo. El jurado resaltó que el cómic «aborda el poder del arte como fuente de libertad de expresión y figura de resistencia». Asimismo, subrayó que es un relato inteligente que no es ni patético ni acusador, y que muestra el arte como un «acto de amor desinteresado que se mantiene por encima de lo vulgar». Una de las frases más contundentes que se escucharon durante las valoraciones fue que el lector experimenta un cambio profundo: «No eres la misma persona antes y después de la lectura».
Los medios de comunicación la catalogaron como obra maestra, especialmente por las decisiones creativas, como mostrar el mundo a través de la mirada de la propia obra, los colores bitono escogidos y la reflexión que realiza sobre la censura, el fanatismo y la supervivencia del arte sin referirse a su propia vivencia. Impacta la doble página que muestra cómo el lienzo de Mueller escucha la orden de destruir obras para poder hacer espacio en el almacén donde amontonaban las confiscaciones. Muchas fueron vendidas en el mercado internacional para financiar la maquinaria bélica nazi (destaca la gran subasta de Lucerna en 1939), otras fueron robadas por altos jerarcas, y cerca de 5.000 fueron directamente quemadas en una gran hoguera en Berlín en 1939.
En la novela gráfica descubrimos las tribulaciones del periplo seguido por el cuadro y cómo el azar y las circunstancias consiguieron que sobreviviera a la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que pudo ser retornado en 1999 a la familia judía de la que fue sustraído por la Gestapo, aunque su lugar definitivo ha acabado siendo el Museum Ludwig de la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanece en la actualidad. Luz afirmó con contundencia ante quienes tuvimos la suerte de hablar con él, con motivo de la presentación de la novela gráfica en castellano, que «la única manera de matar el arte es matarnos a todos. Hay que aceptar que el arte puede ser radical y que, en ese caso, puede tener un impacto en el espectador», tal y como él mismo ha conseguido.


