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El Optimot, buscador de información lingüística, define la interseccionalidad como la teoría que sostiene que la experiencia de desigualdad y discriminación, o de privilegio, se configura a partir de la interrelación entre diversas categorías sociales, como el género, la etnia, la clase social, la orientación sexual o la edad. Partiendo de este punto, podríamos pensar en cómo afectan todas estas categorizaciones a la infancia y a la juventud.
En el marco de esta cuestión, la Federación de entidades de atención a la infancia y la adolescencia (FEDAIA) ha organizado la conferencia “Discriminaciones interseccionales: género, origen y condiciones socioeconómicas”, en el Palau Macaya, de la Fundación La Caixa. Esta sesión, la segunda del ciclo “Garantizar derechos, garantizar futuro”, se ha dividido en dos partes: la ponencia de la doctora Maria Rodó, quien ha centrado su carrera investigadora en el análisis de las desigualdades desde una perspectiva interseccional, emocional y geográfica; y una mesa redonda con expertas en ámbitos diversos que han podido debatir sobre la cuestión de las desigualdades y la interseccionalidad y su relación con la infancia y la juventud.
Con esta conferencia, FEDAIA busca poner en el centro los derechos de las adolescencias y las infancias y urgir a una responsabilidad colectiva, a consecuencia del elevado número de niños y niñas que no tienen las mismas oportunidades.
La jornada ha sido inaugurada por la consejera de Igualdad y Feminismo, Eva Menor. La consejera ha destacado el hecho de que muchas personas se encuentran en una situación de deshumanización que se traduce en una reducción de las oportunidades presentes y futuras. Además, ha señalado que acude en representación de la Generalitat de Catalunya para rendir cuentas.
“Desde la Administración ponemos el foco en realizar mucha formación antirracista y de no discriminación. Hacemos formaciones para que los niños y las niñas puedan conocer qué son los derechos humanos, cómo se defienden y cómo reaccionar ante una vulneración de estos”, ha expresado.
Para concluir esta introducción, ha querido dejar tres mensajes: que la extrema derecha no es un peligro, sino una realidad; que la discriminación de niños y adolescentes tiene consecuencias e impactos directos sobre sus vidas; y que sus derechos no son un debate, sino una realidad incuestionable.
En la primera parte de esta conferencia ha intervenido la doctora Maria Rodó, especialista en investigación de desigualdad con perspectiva interseccional, quien ha presentado Relief Maps, un proyecto de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que ha contado con un equipo interdisciplinar. Cuando en los años 80 las feministas negras empezaron a hablar de interseccionalidad, lo hicieron para explicar que las mujeres negras sufrían desigualdad en relación con su género, pero también con su etnicidad, y que esto no se podía separar. Rodó lo ha dejado claro: la realidad es interseccional, porque no se puede entender mirando a un solo eje.
Para dar voz a estas realidades, diseñó el proyecto Intermaps, que tiene como objetivo tomar grupos específicos y observar cómo se configura la desigualdad en ellos. A partir de ahí, con un software innovador llamado ReliefMaps+, se recogen datos desde todas las posiciones y desde todos los ejes que hacen reflexionar al participante sobre su posición social. Estos deben escoger entre una serie de opciones para describir en qué punto se encuentran dentro de las diversas categorías.
Finalmente, contaron con una muestra de 1.014 participantes, de los cuales 327 eran personas de entre 8 y 19 años. Una de las dudas que surgió durante la presentación fue cómo se podría llegar a niños aún más pequeños, algo nada fácil debido a la metodología utilizada, aunque Maria Rodó no descarta poder conseguirlo y desarrollarlo en el futuro.
La muestra ha sido muy diversa y algunas de las conclusiones extraídas son que las chicas sufren malestar por su género sobre todo en espacios públicos de diferente tipo, donde en ocasiones son increpadas —el software permite dejar comentarios sobre experiencias concretas en relación con algunas de las categorías por las que se pregunta—. Una de las dudas que surgía en el momento de la investigación era si personas tan jóvenes entenderían qué se les pedía y cómo debían responder. Las investigadoras del proyecto concluyeron que lo entendieron perfectamente, porque los niños y los jóvenes saben diferenciar qué discriminaciones tienen que ver con su color de piel o con su posición económica, por ejemplo.
Algunas de las conclusiones que Rodó ha extraído a raíz del proyecto son que la infancia y la juventud no son homogéneas y, por tanto, sus discriminaciones también se configuran desde una mirada interseccional. Además, también se debe buscar la forma de darles voz para que puedan explicar los distintos malestares que les afectan y conocer las desigualdades que viven desde una perspectiva también interseccional.
La segunda parte de la conferencia ha estado protagonizada por cuatro ponentes: Elena Costas Pérez, doctora en Economía y experta en evaluación de políticas públicas en áreas de pobreza y desigualdad, e infancia y juventud; Iskra Pávez Soto, doctora en Sociología y trabajadora social; Gemma Altell Albajes, psicóloga social y socia fundadora de G360; y Marta Montoya, secretaria de FEDAIA.
Con esta mesa interdisciplinar, con ponentes procedentes de campos de especialización muy variados, se ha abordado una pregunta fundamental para abrir el debate en el panorama actual: ¿se respetan los derechos humanos?
Desde su punto de vista, Pávez ha destacado el mito de que los menas son violentos. Los menas —menores no acompañados que llegan de otros países— vienen aquí en busca de mejores oportunidades que en sus lugares de origen. Ha subrayado que, pese a los prejuicios existentes, los menas acaban siguiendo itinerarios de inserción muy positivos para su futuro.
Costas ha hablado desde una perspectiva más económica. Ha destacado datos como que somos el segundo país de la Unión Europea con las tasas más altas de pobreza infantil, una problemática que prácticamente se ha convertido en un hecho estructural en nuestro territorio.
“Las políticas públicas no están sabiendo responder. Encontramos familias monoparentales, migrantes y con baja densidad laboral; es decir, que trabajan, pero que no tienen un salario lo suficientemente digno como para salir de la situación de pobreza”, ha señalado. Uno de los ejemplos que ha puesto es que tener una madre pobre multiplica por 14 la probabilidad de que un hijo abandone los estudios antes de tiempo.
Altell ha abordado la cuestión poniendo el foco en la feminización de la pobreza y en los roles de cuidados. El sistema se encuentra desbordado, con familias atendidas por los sistemas de protección que se encuentran estigmatizadas. Existe una fuerte discriminación por motivos socioeconómicos y étnicos, encontrándose de nuevo esta interseccionalidad.
Durante toda la mesa redonda, el público congregado ha podido hacer preguntas a través de un código QR que la moderadora ha ido trasladando a las ponentes. Este debate y esta conferencia se presentan en un momento clave en el que es necesario salvaguardar los derechos de jóvenes y niños, derechos universales que deben garantizarse con una perspectiva interseccional: teniendo en cuenta todas las desigualdades y discriminaciones a las que se enfrentan diariamente.

