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Plataforma de Infancia, entidad que engloba a 70 entidades de infancia, ha presentado un informe (La pobreza infantil en España. Análisis de la Encuesta de Condiciones de Vida con Enfoque de Infancia 2026) sobre la situación de la pobreza infantil con los datos del INE de la encuesta de condiciones de vida. En ella participan 70.000 personas, de las que 12.000 son menores de edad.
Por primera vez en los últimos años, los datos de pobreza infantil han mejorado, en líneas generales, según los datos con los que ha trabajado la Plataforma. A pesar de eso, cuando se miran las estadísticas, hay puntos oscuros.
El primero de ellos es el lento ritmo de descenso que supondría llegar a la convergencia con los ODS en 12 años, cuando quedan cuatro para su cumplimiento. El pasado 2025 debería estar la tasa de pobreza infantil en el 22 % y está unas décimas por encima del 32 %.
La pobreza no es homogénea
Según han explicado los responsables del estudio, así como de la propia Plataforma, las y los niños con mayor vulnerabilidad, precisamente, son el colectivo en el que no solo no ha disminuido la pobreza, sino que ha aumentado.
«Aunque el nivel general de pobreza disminuye, entre los colectivos más vulnerables, la tasa de pobreza ha aumentado», ha explicado Débora Quiroga, coordinadora del informe. Entre estas infancias se encuentran las de familias monomarentales, en las familias con más de tres menores al cargo o de origen migrante.
También hay diferencias si se atiende a la edad. Para realizar el estudio, el equipo ha dividido la muestra en tres grupos: de los 0 a los 3 años; de los 4 a los 12, y de los 13 a los 16.
La adolescencia, según han comprobado, es la que presenta mayores tasa de riesgo de pobreza, con el 34 %. Esta situación se explica, han comentado, porque la mayor parte de las ayudas se diseñan para la primera infancia, entre los 0 y los 6 años.
Cuando se nace en una familia monomarental es muy probable que se esté en riesgo de pobreza, puesto que la mitad de ellas están en ella. Peor situación tienen las y los niños que nacen en familias migrantes, puesto que el 67 % tienen riesgo de pobreza.
Los estudios de los progenitores también influyen, cuanto más bajos, mayor riesgo de pobreza. Aún así, Quiroga ha destacado que el 16,4 % de los hogares con progenitores con estudios superiores están en esta situación.
Algo parecido en el caso de los hogares en los que todas las personas adultas trabajan. En su caso, el 14,9 % están en el índice Arope (de riesgo de pobreza y exclusión social). «El empleo no siempre protege, tiene que ser de calidad», ha explicado Quiroga.
Pobreza y residencia
El lugar y el régimen de la vivienda también marcan la situación de las familias y las y los menores en relación a la pobreza.
Para el informe se han estudiado los microdatos recogidos por el INE en su encuesta de condiciones de vida, de las que se desprende. De ellos se desprende que las mayores tasas de Arope se dan en los núcleos de población intermedios.
Las familias que peor lo pasan no están en las grandes ciudades ni en zonas rurales. Quiroga ha hablado de familias que se mudan a estas poblaciones pero en ellas hay menor cantidad de oferta laboral y peores servicios que pueda utilizar la población.
Junto a esto han visto que el quintil más pobre de población vive mayoritariamente de alquiler, el 37,7 %, con lo que esto supone de arbitrariedad ante posibles subidas de precios.
Y es que el precio de la vivienda es uno de los grandes problemas sociales. Hay un 8.6 % de hogares que dedican más del 40 % de sus ingresos al pago de sus hogares. Este porcentaje sube hasta el 27 % en el quintil de familias de menores ingresos. Y el 16 % de los hogares con menores tuvieron retrasos a la hora de pagar alquileres o hipotecas.
Propuestas
Según los datos que han recabado y analizado los expertos en este nuevo informe de la Plataforma de Infancia, las ayudas sociales de diferentes tipo tienen un impactos sustancial en las vidas de las familias. No solo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), sino los complementos autonómicos, que algunos territorios suprimieron tras la puesta en marcha de aquel.
Es por eso que Ricardo Ibarra, director de la Plataforma de Infancia ha reivindicado la necesidad de mayores y mejores ayudas a las familias con menores al cargo para reducir, de la manera más drástica posibles unas estadísticas que nos sitúan como el país con mayor tasa de infancia en riesgo de pobreza.
Ayudas universales a la crianza, reducciones fiscales reembolsables para las familias que no tienen obligación de hacer la renta pero podrían beneficiarse de ayudas, retroactividad para las dos semanas de baja por maternidad/paternidad, mejoras en las políticas de conciliación son algunas de ellas.
También la mejora del diseño del IMV o del complemento de ayuda para la infancia (CAPI) del que el 70 % de los potenciales beneficiarios se quedan fuera según ha explicado Ibarra. En este sentido ha comentado la necesidad de que llegue en mayor medida a la población adolescente.
Ha pedido la universalización del 0-3, de la creación de políticas específicas para jóvenes de 13 a 17 años, de comedores escolares que garanticen que, al menos, las niñas y niños en riesgo de exclusión puedan acceder de forma gratuita a él.
La batería más amplia de medidas tienen que ver con la vivienda. Adaptar umbrales de renta, hacer una reserva exclusiva de viviendas sociales, garantizar el no desalojo de las familias con menores sin alternativa habitacional, la prohibición del corte de suministros en cualquier situación si hay menores en la vivienda o la creación de una prestación especial para evitar el sobre coste que supone el pago de la vivienda. Y, por supuesto, terminar con las situaciones de chabolismo e infravivienda.
Ibarra ha insistido en que estas medidas, más que asumibles, son necesarias para que España acelere la reducción de la tasa de pobreza infantil que, desde hace décadas, se encuentra por encima del 30 %.
Uno de cada tres niñas, niños y adolescentes se encuentran al otro lado de una línea que marca no solo su presente, sino su futuro también.

