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Allá por 1991 Ramón Flecha, junto a su difunto amigo Jesús Gómez pusieron en marca el germen de lo que sería el CREA, un grupo investigador que después de más de 30 años de historia, tres denuncias y varias investigaciones, se autodisolvió, formalmente, las navidades pasadas.
En estos años, más allá de las polémicas y denuncias en 2004, 2017 y 2025, el CREA ha sido capaz de extenderse desde la Universidad de Barcelona a muchas otras (Rovira y Virgili, Girona, Autónoma de Barcelona, Valencia, Deusto, País Vasco, Málaga, Valladolid, etc.) y generar toda una estructura preparada para conseguir cuotas de poder académico.
Para Manuel Fernández Navas, profesor de la Universidad de Málaga, queda claro que tanto Flecha como sus colaboradoras y colaboradores más cercanos tuvieron la visión y la inteligencia suficientes para entender los mecanismos académicos con los que amasar una gran cantidad de poder.
Algo con lo que el sociólogo Mariano Fernández-Enguita está de acuerdo. «El CREA es un gran modelo de negocio que debería estudiarse», asegura.
Publicar o morir
Desde hace años es un secreto a voces. El mundo universitario, al menos en España, se ve espoleado por la obligación de investigar y publicar sus resultados en revistas de impacto, indexadas. Publicaciones que la propia Academia entiende que tienen el peso y la significación suficientes, los filtros y protocolos necesarios para garantizar lo que publican.
Hasta hace unos años, en España, con publicar algún libro o capítulo se conseguía hacer carrera, pero con las nuevas normas de las agencias de evaluación, como la ANECA en España o AQU en Cataluña, las cosas cambiaron. Hay que publicar, y mucho, para conseguir méritos y subir en la escalera de la universidad.
Esto abre puertas a sexenios, supone prestigio profesional dentro y fuera del país, ayuda a la hora de conseguir financiación para las siguientes investigaciones.
En los primeros 90 Ramón Flecha ya comienza a publicar libros en la editorial El Roure. En ella también lo hará Jesús Gómez, hasta bien entrados los 2000. Para 2007 se crea la Editorial Hipatia que comienza con algunos libros para, cuatro años después, lanzarse a las revistas científicas. Años después, en 2020 se constituye en asociación, Asociación Hipatia Press. Según su propia página web, son 13 actualmente las revistas que publican.
En los últimos años, Hipatia se ha convertido en uno de los lugares predilectos de las y los miembros del CREA para publicar los resultados de sus investigaciones. Como es habitual en estos casos, muchas de estas personas han sido y son revisores en una o varias revistas. Tienen la labor, común en el mundo académico, de revisar el trabajo de otras personas antes de su publicación.
También han formado o forman parte de sus equipos editoriales como editoras o asistentes de edición o, también, como parte de los consejos editoriales/comités científicos.
Más allá de Hipatia
A partir de 2020, las y los investigadores de CREA comienzan a publicar, de forma más o menos recurrente, en otras editoriales, en revistas también indexadas. Se trata de publicaciones en la que hay que pagar por publicar, en vez de ser el lector quien paga por leer.
Bianca Thoilliez, profesora de la Autónoma de Madrid, explica que, como en el caso de las revistas de Hipatia, las de MDPI tienen el contenido abierto. Esto implica que son las y los autores quienes han de pagar una cantidad que, habitualmente ronda los 2.000 euros, para publicar.
La principal editorial con la que trabajan es MDPI, una empresa que en los últimos años ha visto crecer enormemente su cuenta de resultados con un modelo de negocio que, en países como Noruega o Finlandia se ha puesto en entredicho. Hasta el punto de considerarlas depredadoras o revistas no científicas.
Cabeceras como Sustainability, Sexes, Education Sciences, Disabilities, Social Sciences, Healthcare, Children, Behavioral Sciences, Religionso International Journal of Environmental Research and Public Health son habituales en los currículos de las investigadoras e investigadores del grupo. Sobre todo, entre quienes llevan menos tiempo en él.
Las revistas en marcadas en negrita están en una lista negra que la academia finlandesa publicó en 2024. Se trata de casi 300 revistas de MDPI y de Frontiers (otra editorial con un modelo de negocio similar y que también han utilizado en ocasiones estas personas), que han dejado de verse como revistas científicas en aquel país.
La polémica viene por el creciente número de artículos que pasan filtros cada vez más laxos. MDPI se caracteriza por haber acortado mucho los tiempos de publicación. Han revolucionado un mercado que tardaba meses, incluso casi un año, hasta pocas semanas.
Además, han favorecido, como explicaba hace unas semanas El País, la publicación de cientos de monográficos, conocidos como special issues en los que se encarga a una persona que lo gestione y donde, por lo general, esta da un buen empujón a otros investigadores del grupo.
Citas cruzadas
El hecho de contar con una editorial propia y decena larga de revistas, así como el publicar de forma regular en otras editoriales como MDPI o Frontiers ha supuesto un incremento importante de artículos del grupo en el mundo académico.
En paralelo, ha supuesto la posibilidad de que unas y otros citan trabajos del resto de compañeras y compañeros de grupo, de manera que el impacto de las publicaciones tienden a multiplicarse, más allá de la idoneidad de las citas que se hacen en los artículos.
La referencia a textos de otras personas del grupo no suele bajar del 30 % de las referencias que se citan en cada texto y, en algunos casos, llega al 80 %.
Artículos como “Achieving the same educational opportunities for all: overcoming hoax interpretations of the PISA results” tienen un 60 % de citas a otros textos de personas del grupo. El mismo porcentaje que en este artículo que, además, firman 17 personas.
Otros ejemplos son este (55 %), este (47 %), este (46 %) o este (24 %).
Si no puede hablarse abiertamente de endogamia, sí está claro que hay una dependencia importante del grupo a la hora de tener impacto y generarlo, así como de construir un corpus y un sentido a lo que se hace.
La importancia de las citas, así como otros elementos como las veces que se ha visto un artículo en cuestión, tienen que ver con el hecho de que agencias de evaluación como la ANECA, las tienen en cuenta para los sexenios o para conseguir méritos cuando se quiere acceder a una plaza o a una cátedra.
Una manera de medir el impacto social, lo que supone el 60 % del baremo para los sexenios en 2025 se calcula con el “uso de la aportación” (medido en lecturas, visualizaciones y descargas), las “citas recibidas por la aportación”, la “calidad del medio de publicación/exhibición” y el “impacto científico del medio de difusión”.
Asociaciones y congresos
El círculo casi se cierra por completo con la Asociación Multidisciplinar de Investigación Educativa (AMIE), presidida por Esther Roca, docente de la Universidad de Valencia y una de las voces más reconocidas del CREA en la Comunidad Valenciana desde hace años.
Roca también aparece como editora de una de las revistas de Hipatia así como preside la Asociación Universitaria de Ciencia, Feminismo y Masculinidades (AUCFEM), responsable del Congreso Internacional Ciencia, Feminismo y Masculinidades CIFEM, que se celebrará a finales de este mes en la Universidad de Valencia.
En cualquier caso, la AMIE lleva varios años organizando el CIMIE, un congreso en el que, principalmente, se presentan resultados y papers de investigaciones realizadas por personas cercanas o miembros más o menos activos de la red de CREA en todo el país.
Es posible consultar los libros de actas, así como los programas de todos los CIMIE desde 2013 en su web.
En la comunidad valenciana también se encuentra la asociación Iris Abea, associacióper l’Educació Basada en Evidències. Esta es la encargada de organizar el Encuentro Internacional de Comunidades de Aprendizaje. Su última edición, según la web, se celebró en 2024. También ofrecen formación para profesorado relativas al funcionamiento de las comunidades de aprendizaje.
Existen otras similares, como Hipatia Habea Cantabria, que llegó a firmar en 2022 un convenio de formación con la Consejería de Educación del Gobierno autonómico. (pantallazo)
“Periódicos”
Junto a todo lo anterior, hace cerca de una década, se empezaron a publicar sendos periódicos también por parte de personas cercanas al CREA y a Ramón Flecha.
Por una parte está el Periódico Educación y, por otra, Diario Feminista, que protagonizó una denuncia por parte del profesor Jaume Trilla contra una de sus colaboradoras, la directora del medio y de la asociación que lo edita.
Ambos medios sirven, en muchos casos, como canales de difusión de los puntos de vista del grupo y, en los últimos meses, también han sido parte de la defensa pública que se ha hecho alrededor de Ramón Flecha tras la denuncia de julio.
Tanto es así que el Consell de l’Informació de Catalunya (Consejo de la Información de Cataluña) publicó una resolución el pasado diciembre en la que asegura que el Diario Feminista viola el apartado 1 del Código Ético tras recibir una denuncia sobre el caso.
Nada de lo descrito hasta aquí puede, como se decía, considerarse ilegal, o conflictivo, al menos, por separado. El problema subyacente es la creación de toda una estructura que ha procurado, al menos en los últimos 25 años, la capacidad de hinchar el peso de lo conseguido con sus investigaciones a base de generar todo un mecanismo de publicación y citación cruzada que ha terminado por poner en el candelero al grupo.
En posteriores artículos intentaremos adentrarnos en algunas de las prácticas habituales del grupo y en el análisis de algunos de sus publicaciones científicas para saber hasta qué punto, la evidencia internacional de la que hablan es tal.
También veremos cómo han llevado a cabo algunas prácticas, cuando menos, extrañas, utilizando el nombre de personas, profesoras y profesores y catedráticos universitarios sin que haya mediado comunicación alguna con dichas personas.


