Opiniones

Julio Rogero

Escuelas de segunda oportunidad: una responsabilidad pública Julio Rogero

Es nuestra responsabilidad que se conozca todo lo bueno que tiene la escuela de titularidad pública, difundiendo sus éxitos y no solo mostrando sus carencias, que reconocemos que son muchas, así como reivindicar más recursos y los mejores profesionales para este alumnado.

Publicidad

“La disolución de las fronteras entre lo público y lo privado alimentan una corrupción impune que envilece a las sociedades y pervierte la política en su papel de insustituible instrumento de acción ciudadana y de organización y funcionamiento de la sociedad en función de las necesidades de las personas” (Manifiesto de ATTAC-ESPAÑA (2013)

Hace unos días apareció en el Diari de la Educació la sorprendente noticia de que “Barcelona pone en marcha una escuela de segunda oportunidad. La primera de estas características de titularidad pública de todo el Estado. La gestión se ha adjudicado a Salesianos San Jordi y la Fundación El Llindar”. La noticias señala que las “escuelas de segunda oportunidad son escuela situadas en los márgenes, como sus alumnos, normalmente adolescentes que han dejado colgado sus estudios prematuramente y a los que algunas entidades sociales intentan dar una alternativa”.

Publicidad

Esas son algunas de las características de esas escuelas que recogen alumnado de fracaso y abandono escolar en riesgo de exclusión social. A raíz de la lectura de esta noticia, surgen muchas preguntas desde le asombro. La primera es: ¿Cuál es la novedad? ¿No había y hay en Cataluña centros públicos que han intentado e intentan dar respuestas de nuevas o segundas oportunidades al alumnado que ha abandonado o estaba a punto de abandonar el sistema educativo?, ¿por qué se ignora y silencia que hay muchas escuelas de segunda oportunidad que son públicas y que desde hace mucho tiempo, cuando empezaron los programas de “garantía social” (de desafortunado nombre), dan una magnífica respuesta alternativa a la que les dio de forma inadecuada la escuela ordinaria?

La segunda pregunta que surge es: ¿Cómo denominamos “de titularidad pública” a lo que es gestionado y puesto en manos privadas? ¿Es una confusión intencionada? ¿Dónde queda lo público, en facilitar el negocio de las entidades privadas? ¿Por qué no se ponen en manos de profesionales públicos bien preparados y comprometidos con este alumnado que, sin ninguna duda, hay muchos en Cataluña? No acabo de entender esta iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona, que creía que tenía una opción clara por la educación pública y el derecho de todos a la educación, y no por poner en manos del mercado a personas en situaciones tan sensibles. Si es la escuela de titularidad pública la que ha segregado a este alumnado, es la escuela pública la que debe darles respuestas de segunda oportunidad para que lleguen al éxito educativo y profesional.

Publicidad

Tenemos escuelas de titularidad pública de segunda oportunidad, aunque no se llamen así, que son modélicas en muchos sitios. Conozco directamente estas escuelas de la Comunidad de Madrid, las Unidades de Formación e Inserción Laboral (UFIL), en las que trabajé mis últimos diez años de docencia, y los resultados de su labor inclusiva son sobradamente conocidos desde hace ya 30 años. Es verdad que son escuelas silenciadas porque están en los márgenes y en las afueras del sistema educativo, como lo está su alumnado, y uno tiene la sensación de que son “no-lugares” vergonzantes de un sistema que sigue expulsando a muchas personas del derecho a la educación.

Dice la noticia que: “En España se creó hace tres años la Red Española de Escuelas de Segunda Oportunidad, de la cual forman parte 39 centros, todos ellos nacidos de la iniciativa privada, de las cuales 7 están situadas en Cataluña. Las administraciones han reconocido el valor de esta escuela, las han reconocido y subvencionado, pero por primera vez una administración pública ha decidido crear una”. Lo que no dice la noticia es que las UFIL, como centros públicos, formaron parte de la red europea de escuelas de segunda oportunidad, donde fueron un referente importante de las acciones de inclusión social que se estaban llevando a cabo con este colectivo.

Es peligroso publicitar como positiva la penetración de lo privado en lo público, con el apoyo de instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona. No es este el papel que deben jugar las administraciones públicas que, como en este caso, parecen no fiarse de sus profesionales de la educación y ponen un programa tan importante en manos de entidades sociales privadas de las que podemos dudar que puedan dar mejor respuesta que los servidores públicos. La noticia nos llena de sonrojo a muchas personas que luchamos por una escuela pública de todos, para todos y con todos.

Publicidad

Me parece bien que la Administración reconozca a estas escuelas. Lo que no es comprensible es magnificar un hecho, sin duda importante, como el de la noticia, cuando se silencian las realidades positivas, consolidadas y esperanzadoras de la escuela pública. Quizás sea que no somos capaces de hacer visibles los valores y éxitos de nuestra escuela. Quizá es que la escuela privada sabe vender, en el mercado educativo y propagandístico, como buenas sus virtudes e, incluso, sus defectos y errores. Es nuestra responsabilidad que se conozca todo lo bueno que tiene la escuela de titularidad pública, difundiendo sus éxitos y no solo mostrando sus carencias, que reconocemos que son muchas, así como reivindicar más recursos y los mejores profesionales para este alumnado.

Comentarios

  • Roser Batlle

    Hola, Julio, desde mi máximo respeto y cariño, quisiera aportar otra cosa más al diálogo sobre este tema. Sin ánimo, por supuesto, de querer convencer a nadie.

    No es lo mismo iniciativa privada (entendida como empresa con afán de lucro) que iniciativa social o comunitaria (entendida como entidad sin afan de lucro). Y, por supuesto, ambas son diferentes de la iniciativa pública (entendida como «titularidad pública»).

    Esta diversiad de iniciativas se da en muchos ámbitos, no sólo en el educativo: también en el social, cultural, medioambiental… Por poner un ejemplo, Open Arms, OxfamIntermón, la Fundación Secretariado Gitano, Plena Inclusión, o las mismas asociaciones de vecinos son iniciativas sociales. No son «públicas» en tanto que no son propiedad de la administración pública, pero tampoco podríamos calificarlas como empresas privadas. Se las suele considerar «sector asociativo» o «tercer sector». En Latinoamérica, por ejemplo, suelen denominarse «organizaciones sociales» o bien «organizaciones de la sociedad civil».

    Es verdad que a veces nos puede ir bien separar las cosas en sólo dos estantes bien diferenciados, pero la realidad suele ser un poco más compleja. Y la verdad es que muchas entidades sociales, no siendo de propiedad pública, tienen vocación y praxis de servicio público, de servicio al bien común.

    Vamos a suponer que nos parece bien tener una sociedad, población, barrio, etcétera, dinámicos y plenos de asociaciones y entidades sociales, como manifestación de la vitalidad democrática. En ese caso, el asunto, relacionado con tu reflexión, sería… ¿nos parece igualmente bien que este tipo de entidades saquen adelante iniciativas educativas? O, por el contrario ¿creemos que toda la educación debería estar exclusivamente en manos del sector público y que las iniciativas sociales no deberían entrar en el sector educativo?

    Personalmente, creo que la educación no debería ser en ningún caso objeto de lucro. Y, al mismo tiempo, reconozco que muchas iniciativas sociales y comunitarias no lo tienen, sino que las mueve una auténtica voluntad de servicio público. Me siento comprometida a defender la escuela pública, pero también a defender la escuela que, no siendo pública, se pone al lado de los niños y niás con menores oportunidades. Quizá en mi caso la palabra clave es «también».

    No lo digo sólo por convicción filosófica, sino sobretodo por haberlo comprobado y vivido en el día a día de nuestros pueblos y barrios. En el caso de El Llindar en Cornellà de Llobregat y en L’Hospitalet de Llobregat no tengo ninguna duda, siento absoluta admiración por lo que hacen y ojalá pudieran consolidar su proyecto.

    Querido Julio: me siento obligada a subrayar que todo lo expuesto lo hago desde el máximo respeto a quienes no opinan lo mismo que yo, personas expertas, responsables y cargadas de autoridad moral. En circunstancias normales no sería necesario aclarar esto, pero en un momento tan polarizado, creo que es necesario. ¡Que la discrepancia no sea un obstáculo para la reflexión y el diálogo!

    24/07/2019

Escribe tu opinión