Estas preguntas atraviesan la experiencia que aquí presentamos. En Brasil, la medida de Prestación de Servicios a la Comunidad11 se aplica a adolescentes que han cometido algún tipo de infracción, siendo determinada por la autoridad judicial como una sanción con finalidad socioeducativa. No obstante, en la práctica, esta medida no siempre logra cumplir plenamente dicho propósito. Con frecuencia, se concreta en la realización de tareas repetitivas, poco significativas y desvinculadas de una intencionalidad pedagógica clara. En lugar de constituirse en una oportunidad formativa, puede terminar reduciéndose a una obligación vacía de sentido para los adolescentes.
En este contexto, en 2023 se inició una experiencia en una universidad pública brasileña (Universidade Estadual Paulista – UNESP, Campus de São José de Rio Preto), en colaboración con la red de asistencia social, con el objetivo de transformar el cumplimiento de la Prestación de Servicios a la Comunidad en una experiencia formativa. La propuesta consistió en abrir la universidad a adolescentes en cumplimiento de la medida judicial y reorganizar las actividades desde una perspectiva educativa, basada en la participación, el diálogo y la construcción de sentido.
Desde su inicio, el proyecto ha despertado un interés creciente entre los estudiantes universitarios, ampliando progresivamente el equipo participante año tras año. Para ello, se optó por trabajar con en el marco del Aprendizaje-servicio, entendido como una metodología que articula aprendizaje e intervención en la realidad. La apuesta fue doble: que los adolescentes no solo “cumplieran” una medida, sino que participaran en proyectos con sentido social; y que, al mismo tiempo, estudiantes de Pedagogía y otras licenciaturas pudieran formarse en contextos reales, complejos y profundamente humanos.
Del castigo esperado a la experiencia inesperada
Los adolescentes suelen llegar con una idea bastante clara de lo que les espera: limpiar, barrer y realizar otras tareas operativas. Esa expectativa dice mucho sobre cómo la medida de Prestación de Servicios a la Comunidad es percibida socialmente. Sin embargo, el primer encuentro rompe ese guion. En lugar de tareas mecánicas, encuentran un espacio universitario, propuestas de trabajo colectivo y personas dispuestas a escuchar. Ese desplazamiento inicial resulta decisivo. Poco a poco, la lógica del castigo comienza a ceder el paso a otra posibilidad: la de participar en algo que tiene sentido.

Nada sucede sin vínculo
El proceso, con todo, no es inmediato. En los primeros encuentros entre los adolescentes y los estudiantes universitarios, el silencio, la distancia e incluso la resistencia suelen ser frecuentes. Del lado de los universitarios, surgen dudas, inseguridades y la sensación de no saber cómo actuar.
La construcción de vínculo se convierte en el eje del trabajo. A través de la escucha, el diálogo y el reconocimiento de intereses comunes, comienza a abrirse un espacio de confianza. Cuando aparecen temas cercanos, como la música, el deporte, el trabajo o aspectos de la vida cotidiana, la participación del adolescente emerge y, con ella, la posibilidad de una implicación real.
Este proceso también transforma a los futuros docentes, quienes se ven interpelados a construir estrategias pedagógicas en contextos no controlados, aprendiendo a escuchar, adaptar y sostener procesos educativos en situaciones reales.
Cuando se puede elegir, algo cambia
Uno de los momentos más significativos es la elección de los temas. No hay contenidos impuestos. Los proyectos se construyen con los adolescentes. Racismo en el fútbol, desastres ambientales, tatuajes, religión, acoso escolar, experiencias personales… Los temas hablan de sus vidas. Y eso lo cambia todo. Porque cuando se puede elegir, también es posible implicarse. Los adolescentes dejan de ser sujetos pasivos para convertirse en participantes activos. Opinan, deciden, construyen.
Al mismo tiempo, los estudiantes de licenciatura dejan de ser observadores para asumir el lugar de educadores. Esta experiencia les permite comprender, en la práctica, que enseñar no es solo transmitir contenidos, sino generar condiciones para que otros piensen, participen y se transformen.
Aprender juntos: más allá de los contenidos
Cada adolescente encaminado a cumplir la medida socioeducativa en la universidad participa en las actividades junto a una dupla de estudiantes universitarios, lo que favorece un acompañamiento cercano y la construcción de vínculos significativos. El tiempo de permanencia de los adolescentes en el proyecto varía entre uno y seis meses, dependiendo de la determinación judicial en cada caso. Esta organización posibilita que el proceso educativo se desarrolle de manera más personalizada, permitiendo que las propuestas se ajusten a los intereses, ritmos y necesidades de cada participante.
Las actividades integran procesos de investigación, discusión y producción de materiales, apoyados en los recursos disponibles en el entorno universitario. A lo largo del trabajo, adolescentes y estudiantes organizan información, construyen ideas de forma colectiva y elaboran presentaciones y contenidos informativos sobre temas de relevancia social. En este proceso, los contenidos ocupan un lugar central, favoreciendo la ampliación de conocimientos y la comprensión crítica de problemáticas contemporáneas.
De forma coordinada, las actividades también promueven el desarrollo de capacidades fundamentales para la formación integral, tales como la expresión y comunicación de ideas, la escucha activa, el trabajo colaborativo, la argumentación y la reflexión crítica. Desde esta perspectiva, el Aprendizaje-servicio posibilita la integración entre el aprendizaje de contenidos, el desarrollo de habilidades y la construcción de valores, configurando un proceso formativo que incide simultáneamente en los adolescentes y en los estudiantes universitarios.
En este sentido, el aprendizaje se produce en doble dirección. Mientras los adolescentes amplían sus horizontes, los futuros docentes desarrollan competencias fundamentales para su práctica, como la mediación, la sensibilidad social, el pensamiento crítico y el compromiso ético. Este proceso también los interpela a repensar su papel como educadores y a construir nuevas formas de relación pedagógica.

Tal como expresa una de las estudiantes: “El contacto con el joven fue fundamental para mí. El ejercicio de la escucha y del acompañamiento durante los encuentros aporta una nueva perspectiva a mi formación como futura pedagoga, y me muestra la importancia de reconocer el protagonismo del otro. Además, abre la posibilidad de salir de nuestra propia realidad y entrar en contacto con otras formas de vida. Siempre recuerdo que el sujeto con el que trabajamos es un ser histórico y social.”
En la misma línea, otra estudiante señala: “Me ha gustado mucho la experiencia y, de hecho, me ha sorprendido. Se ha convertido en algo placentero, especialmente al observar la evolución del adolescente. Poco a poco, se ha ido mostrando más abierto y participativo y, para mi sorpresa, incluso comenzó a demostrar interés por la vida universitaria, algo que considero muy significativo. Tal vez la propia dinámica de los encuentros, realizados dentro de la universidad, haya contribuido a despertar esa curiosidad y a ampliar sus perspectivas de futuro.”
Estos testimonios permiten comprender que la experiencia no solo contribuye al desarrollo de habilidades pedagógicas, sino que también favorece la construcción de una mirada más sensible, reflexiva y comprometida con la realidad social. Asimismo, evidencian el papel del espacio universitario como un dispositivo simbólico potente, capaz de ampliar horizontes y resignificar las trayectorias de los adolescentes. De este modo, la práctica en contextos reales desafía a los futuros docentes a ir más allá de la transmisión de contenidos, situando la escucha, el reconocimiento del otro y la implicación ética como elementos centrales de la acción educativa.
Entre lo que se hace y lo que se transforma
Las producciones finales (carteles, presentaciones y materiales digitales) se comparten en el entorno universitario, así como en la red socioasistencial, en escuelas y en espacios comunitarios. Estas acciones permiten dar visibilidad a los temas trabajados por los adolescentes y contribuyen a que ellos resignifiquen la experiencia vivida, describiéndola como positiva, diferente y significativa. Estar en la universidad, un espacio muchas veces distante de sus trayectorias, amplía horizontes y abre nuevas posibilidades para imaginar el futuro. En este sentido, sus relatos evidencian procesos de concienciación y aprendizaje que trascienden una lógica punitiva: “Me pareció muy tranquilo, me gustó la forma en que ustedes trabajan, porque lo hacen más desde la concienciación; no quieren hacerlo para castigar, sino para que tomemos conciencia de lo que hicimos. Y los proyectos que realicé allí fueron muy interesantes.” (Adolescente mujer, 15 años).
Asimismo, destacan los aprendizajes concretos construidos a lo largo de las actividades, en diálogo con sus intereses y experiencias: “Ah, fue bueno porque aprendí varias cosas, ¿no?, computación, actividades sobre plantas, ¿sabes? Cuando iba allí los sábados, había muchas enseñanzas sobre las plantas, qué se puede y qué no se puede comer, recetas.” (Adolescente hombre, 16 años).
En conjunto, estos elementos evidencian transformaciones en la autoconfianza, en la percepción de sí mismos y en las formas de participación de los adolescentes. Algo igualmente importante ocurre con los estudiantes universitarios. La experiencia los lleva a repensar su papel como educadores, a reconocer la complejidad de las realidades sociales y a asumir una postura más comprometida. La experiencia deja una idea central: no es suficiente que una medida se denomine “educativa”; es necesario que lo sea en la práctica.
Cuando existe intencionalidad pedagógica, cuando hay espacio para la participación, cuando se construyen vínculos y sentido, estas medidas pueden convertirse en experiencias profundamente formativas. Además, esta propuesta evidencia algo fundamental: la educación ocurre en múltiples direcciones. La construcción de valores, el desarrollo del protagonismo, la autoconfianza y el reconocimiento de sí mismo no son procesos exclusivos de los adolescentes; también atraviesan a quienes se están formando para enseñar.
Una apuesta por la educación
Abrir la universidad a adolescentes en cumplimiento de medidas socioeducativas no es solo una acción institucional, sino una toma de posición. Implica afirmar que educar es más potente que castigar, que participar transforma más que obedecer y que ofrecer oportunidades reales puede abrir caminos donde antes solo había cierre. No es un proceso exento de dificultades. Requiere tiempo, compromiso y condiciones institucionales. Pero, incluso con sus límites, la experiencia muestra que vale la pena intentarlo.
Nota al pie
- En Brasil, el término “medidas socioeducativas” se utiliza para designar las intervenciones aplicadas a adolescentes en conflicto con la ley, destacando explícitamente su carácter educativo y su vinculación con la doctrina de la protección integral. En España, en cambio, no se emplea esta denominación de forma equivalente. El sistema se regula por la Ley Orgánica 5/2000, que utiliza expresiones como “medidas judiciales” o “medidas aplicables a menores infractores”. Aunque ambas perspectivas comparten una finalidad educativa, el enfoque español se inscribe más directamente en el ámbito de la justicia juvenil, mientras que el brasileño enfatiza su dimensión socioeducativa.
Las medidas socioeducativas en Brasil están previstas en el Estatuto da Criança e do Adolescente (ECA) y se aplican a adolescentes de entre 12 y 18 años que han cometido actos infraccionales. Tienen como objetivo no solo la responsabilización por el acto cometido, sino también la promoción de procesos educativos orientados al desarrollo personal, la construcción de proyectos de vida y la reintegración social. Entre las medidas se incluyen advertencia, obligación de reparar el daño, prestación de servicios a la comunidad, libertad asistida, semilibertad e internamiento en centro de menores. ↩︎

