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Los centros educativos tienen la oportunidad de desempeñar un papel fundamental en la formación de ciudadanos críticos y responsables, con las habilidades necesarias para desenvolverse en el nuevo panorama informativo. Crear un espacio que favorezca el pensamiento independiente, la curiosidad y el debate respetuoso puede ser clave para ayudar al alumnado a protegerse frente a la desinformación.
El proyecto Desfake busca convertir los centros educativos en espacios de confianza para promover el análisis crítico de la información que nos rodea, con una perspectiva dialógica y socioemocional. En este artículo presentamos casos de éxito, experiencias del profesorado que forma parte de la comunidad Desfake y que han impulsado proyectos en sus centros educativos para combatir la desinformación y fomentar el pensamiento crítico.
Un ejemplo son los vídeos que el alumnado presentó como producto final de nuestro Proyecto de Verificación. Como este grupo de estudiantes del Instituto l’Alzina, que trabajó para desmentir discursos de odio tránsfobos y sexistas verificando las declaraciones de un influencer. O el alumnado del Instituto Montserrat Roig, que decidió combatir narrativas negacionistas del cambio climático, al igual que lo hicieron en el FEP Sant Ramon Nonat.
Este es el resultado de un proyecto donde el alumnado identifica ejemplos de desinformación significativos para sus hábitos digitales y los verifica mediante estrategias y herramientas de fact-checking.
Otros docentes han iniciado sus propios proyectos a partir de los materiales y talleres de Desfake. Como es el caso de Marc Navarro, docente en el Instituto Pere Lliscart, que trabajó con el alumnado para crear un rincón de «memes contra el racismo». Eligieron plantillas de memes populares y las transformaron para combatir narrativas de odio que a menudo circulan en redes sociales. Esta actividad, además de ser creativa y motivadora para el alumnado, les permitió analizar la importancia de los contenidos visuales y su capacidad para reforzar o desmontar mensajes discriminatorios.
Claudia Jiménez, docente del Instituto Salas i Xandri, comparte su experiencia y nos explicó cómo vivió la implementación de los materiales de forma autónoma:
“Este curso, en 4º de ESO, hemos estrenado un nuevo proyecto de Fake News. Era todo un reto montar desde cero un proyecto de 40 horas de duración, pero gracias a los materiales de Desfake ha sido muy fácil. Cada cápsula dispone de un plan de trabajo muy bien estructurado, con la temporización de las actividades y materiales muy variados y completos, tanto para el alumnado como para el profesorado. Además, cada cápsula incluye material más teórico para trabajar conceptos y vocabulario clave relacionado con la desinformación. Ha sido de mucha utilidad que los materiales estén clasificados por cursos, lo que permite aumentar el nivel de especialización del alumnado.”
El valor de las prácticas MIL
El alumnado que participa en este tipo de proyectos desarrolla habilidades para analizar y evaluar críticamente la información, no solo en contextos académicos, sino también en su vida cotidiana. Estas habilidades se transfieren a otros ámbitos, como el ocio digital, la participación activa en la sociedad o el debate público.
El intercambio de experiencias entre docentes es clave para mejorar la práctica educativa en el ámbito de la alfabetización mediática. Inspirarse en las estrategias y metodologías de otros profesionales no solo enriquece la labor docente, sino que también ayuda a identificar enfoques más eficaces para trabajar el pensamiento crítico.
Conocer experiencias de otros profesionales de la educación proporciona nuevas perspectivas y herramientas aplicables en el aula. Además, establecer conexiones con entidades especializadas en fact-checking y educación mediática puede aportar recursos valiosos y fomentar una enseñanza más rigurosa.
Recursos como Ponte las gafas Desfake, las situaciones de aprendizaje de La brújula mediática, juegos interactivos como El laberinto de la información o propuestas como las de Bibliotech… Iniciativas y proyectos como estos pueden ser un punto de partida para encontrar la manera de incorporar la MIL en el aula. Y que, al fin y al cabo, no implica inventarse nada nuevo, sino acercarse a la nueva realidad informativa desde una perspectiva diferente, crítica.
La UNESCO publicó el Currículo de alfabetización mediática e informacional para docentes y estudiantes, que se puede consultar en este enlace y que marca las líneas para las prácticas MIL en los centros educativos, con 14 módulos que profundizan en las distintas facetas de la materia. Además, con este currículo ofrecen en abierto un MOOC que conecta la MIL con temas de actualidad como la IA, la educación para el desarrollo sostenible o la desinformación. Este recurso es la hoja de ruta para una práctica MIL exitosa.
Con el objetivo de compartir y reconocer la labor del profesorado y del alumnado, Desfake organiza este año la segunda edición del Premio Desfake. A través del Premio se reconoce el esfuerzo de las personas implicadas en la creación de una cultura digital más responsable y crítica, y se fomenta la creación de comunidades educativas que comparten la voluntad de combatir la desinformación de manera conjunta.Las experiencias compartidas en este artículo son una muestra del valor que tiene trabajar la desinformación en el aula y del potencial transformador de la MIL. Los centros, el profesorado, el alumnado… cada uno encuentra maneras de abordar este reto, adaptando recursos y estrategias a su realidad. Compartir estas prácticas no solo enriquece a la comunidad educativa, sino que también nos inspira a seguir explorando nuevas formas de fomentar el pensamiento crítico y la responsabilidad digital. Con iniciativas como estas, los centros educativos se convierten en espacios de confianza donde el alumnado puede aprender a navegar con criterio en la sociedad de la información.