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La escuela como “fonendoscopio” del malestar emocional
“El aula es donde se ve que un niño llega el lunes con poca higiene, o que en mayo lleva mangas largas porque posiblemente se autolesiona”. Con esta imagen, el psicólogo Javier Urra describía durante la presentación del vademécum Salud mental y bienestar emocional en la escuela el papel del profesorado como primer detector de señales de alerta. Para él, la escuela es “el verdadero termómetro de los problemas que existen en la sociedad y en los hogares” y, por tanto, un espacio clave de protección: “No es solo de detección de los problemas, sino también de protección”.
El vademécum, elaborado por 21 profesionales y respaldado por el Consejo General de la Psicología, responde a 115 preguntas reales planteadas por docentes y orientadores, organizadas en ámbitos como ansiedad, depresión, autolesiones, ideación suicida, acoso, uso problemático de pantallas o duelo.
Lo que dicen los docentes: datos que explican la urgencia
Urra explicó que el proyecto nace de dos grandes estudios impulsados por Siena Educación y Fundación Mapfre. En el primero, más de 500 profesores señalaron como principales factores que afectan a la salud mental del alumnado “la conflictividad en el entorno familiar y el uso excesivo de móviles y redes sociales”. Preguntados por la red más nociva, la respuesta fue unánime: TikTok, por “un algoritmo muy personalizado y adictivo” que puede llevar a “romantizar comportamientos de autolesión”.
En el segundo estudio, realizado en ocho comunidades autónomas, el 94 % del profesorado consideró “imprescindibles” los protocolos de actuación y el 79 % reconoció “falta de tiempo para ser el fonendoscopio de los problemas de salud mental”, mientras que un 60 % señaló carencias de formación específica.
Directivos y orientadores: prevención, acompañamiento y coordinación
Rosa María Rocha, presidenta de la Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid, subrayó que “lo fundamental no es el protocolo en sí, sino la prevención”. Desde los equipos directivos, explicó, el trabajo debe seguir un orden claro: “primero la prevención, luego la detección, el acompañamiento y, por último, la comunicación” con servicios sanitarios, inspección y, cuando es necesario, servicios sociales.
Rocha alertó también de la falta de recursos humanos: “no solo se necesita incrementar el número de orientadores, sino potenciar la figura del psicólogo escolar”, especialmente en la red pública, donde todavía no está plenamente reconocida.
“Estamos desbordados”, pero comprometidos
Desde la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), su presidenta Ana Cobos fue directa: “se trabaja mucho y se trabaja muy bien, pero estamos desbordados”. Cobos advirtió de un “malestar emocional generalizado” que no siempre se manifiesta como patología, pero que puede evolucionar hacia problemas graves si no se interviene a tiempo: “basta con prevenir un solo suicidio para que merezca la pena la inversión”.
También reclamó más formación para el profesorado y una mayor implicación de los medios de comunicación para visibilizar el trabajo que se realiza en los centros y “dar la vuelta a esta situación desde la esperanza”.
Un libro “proteínico” para una escuela que acompaña
Urra definió el vademécum como “absolutamente proteínico”, por la densidad y utilidad práctica de cada página. El objetivo no es medicalizar, sino ofrecer pautas claras: “detectar, apoyar y saber a quién acudir”. En su intervención recordó que “hay más peligro a veces de un chico metido en un smartphone que antes en la calle a las tres de la mañana” y defendió la necesidad de educar en el uso de la tecnología, no solo prohibirla.
La guía se distribuirá gratuitamente en 22.000 centros educativos y llegará a unos 600.000 docentes. Para Urra, el mensaje de fondo es claro: “la escuela es un lugar de refugio” y el profesorado, junto con orientadores y familias, constituye “el último clavo ardiendo” para muchos alumnos que atraviesan situaciones de sufrimiento emocional.


