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La universidad tal y como la hemos entendido está cambiando tan deprisa que corre el riesgo de quedarse sin aquello que le da sentido: sus estudiantes; y, al mismo tiempo, cada vez más estudiantes sienten que la universidad ya no les pertenece.
El Manifiesto del Estudiantado Universitario “Por una experiencia digital responsable”, que se presentará por representantes estudiantiles en el EdTech Congress Barcelona 2026, responde a esta inquietud.
Durante años hemos hablado de “poner al estudiante en el centro” como si bastara con repetir el lema para transformar unas instituciones que siguen organizadas desde la lógica de la administración, la investigación o el mercado.
La universidad se ha digitalizado con rapidez, pero esa digitalización ha consistido muchas veces en superponer capas de gestión y control sobre estructuras que apenas han cambiado, dejando al estudiantado reducido a dato, usuario o cliente, más como un sujeto de derechos y de aprendizaje.
Pertenencia del alumnado
El resultado es una paradoja: nunca se ha hablado tanto de participación estudiantil y, sin embargo, muchos alumnos y alumnas sienten que las decisiones relevantes sobre su formación, sus trayectorias y las tecnologías que atraviesan su vida académica se toman lejos.
La universidad corre así el riesgo de convertirse en una organización que funciona sin la voz real de quienes la justifican, mientras parte del estudiantado transita por ella como por un trámite obligatorio, una sucesión de créditos, plataformas y evaluaciones desconectadas de su vida y de su futuro.
El manifiesto que se presenta en el EdTech Congress Barcelona 2026 nace de la escucha activa a estudiantes y de espacios de reflexión colectiva sobre cuatro momentos clave de la experiencia universitaria: la incorporación, los cuidados, el aprendizaje y la transición al mundo profesional y a la comunidad alumni. Ese punto de partida es importante: el texto no se limita a enumerar problemas técnicos ni a pedir más recursos digitales, sino que propone repensar la tecnología como parte del proyecto educativo y de los valores de la universidad.
Las y los estudiantes rechazan una narrativa del futuro universitario dictada únicamente por las empresas tecnológicas, que convierte la educación en un experimento de optimización continua.
Frente a ello, reclaman tecnologías que escuchen, cuiden, orienten y construyan comunidad; herramientas que refuercen el acompañamiento humano en lugar de sustituirlo, y decisiones institucionales que pongan el sentido educativo por delante de la eficiencia y del negocio.
La universidad no es solo de las administraciones, los inversores o los órganos de gobierno: es también, y, sobre todo, de su estudiantado. Colocar a las y los alumnos en el centro del aprendizaje no es un gesto retórico, sino una exigencia organizativa que implica rediseñar estructuras de gobierno, currículos, prácticas docentes y procedimientos para que participen en la definición de objetivos, en la toma de decisiones y en la evaluación de resultados.
Aquella llamada a codiseñar, codecidir y cocrear la universidad encuentra en este manifiesto una traducción concreta al ámbito de la transformación digital.
La universidad que se dibuja aquí no es una institución que “consulta” de vez en cuando a sus estudiantes, sino una comunidad que reconoce su papel como productores de conocimiento, como puente entre campus y sociedad y como agentes imprescindibles para una transformación sostenible y democrática de las instituciones.
Ejes del manifiesto
El Manifiesto del Estudiantado Universitario articula quince propuestas que recorren todo el ciclo vital universitario, desde antes de elegir estudios hasta mucho después de la graduación. Reclama tecnologías que ayuden a decidir qué y dónde estudiar sin marketing opaco, que amplíen el acceso y cuiden la llegada, que acompañen los primeros 90 días, cuando muchos abandonos son más vitales que académicos, y que hagan de la escucha algo más que una recogida masiva de datos sin retorno.
El texto insiste en que el cuidado es infraestructura: el bienestar emocional, la salud mental y la inclusión deben ser condiciones estructurales del aprendizaje, integradas en el corazón digital de la universidad, no servicios periféricos o asistenciales. Propone tecnologías para construir comunidad y no solo para gestionar trámites, para promover un aprendizaje activo y conectado con la vida real en lugar de limitarse a digitalizar contenidos, y para desarrollar marcos claros, éticos y compartidos sobre el uso de la inteligencia artificial en la docencia y la evaluación.
Otro eje central del manifiesto es el de las trayectorias diversas y los datos. El estudiantado reclama flexibilidad sin penalización, trayectorias modulables y reversibles que permiten combinar estudios, trabajo y cuidados, y sistemas de reconocimiento de competencias (portafolios, microcredenciales, acreditación de aprendizajes previos) que hagan visible lo que hoy queda fuera del título oficial.
En cuanto a los datos, el documento defiende una universidad soberana tecnológicamente y comprometida con un uso de la información orientada al cuidado, no al control ni a la mercantilización. La confianza, señalan, debe ser una infraestructura básica de cualquier sistema digital universitario, basada en la transparencia, la seguridad y una gobernanza compartida de los datos que evite la deriva hacia la vigilancia o la exclusión.
Que este manifiesto se presente en el EdTech Congress Barcelona 2026 no es un gesto menor. El congreso se ha consolidado como un espacio de referencia europeo en el que se discute sobre inteligencia artificial en educación, personalización del aprendizaje y gestión educativa, y en el que se buscan soluciones tecnológicas estratégicas para todos los niveles formativos, incluida la universidad.
Llevar allí la voz del estudiantado significa interpelar directamente a quienes diseñan productos, plataformas y políticas, recordándoles que no existe un único futuro tecnológico posible para la universidad. Significa también hacer visible que la transformación digital solo será legítima si se construye con los estudiantes y no a sus espaldas, si pone la equidad, el cuidado, la autonomía y el bien común en el centro de la innovación.
“La universidad sin estudiantes, los estudiantes sin universidad” nombra una tensión que no podemos seguir ignorando. Una institución que planifica su digitalización sin contar con el estudiantado se queda sin sentido; unos estudiantes que la viven como un entorno hostil, opaco o irrelevante buscarán su aprendizaje y su comunidad en otros lugares.
El Manifiesto del Estudiantado Universitario “Por una experiencia digital responsable” nos recuerda: o la universidad se reconstruye como un proyecto compartido, también en lo digital, o será cada vez menos capaz de cumplir su función social.


