Somos una Fundación que ejercemos el periodismo en abierto, sin muros de pago. Pero no podemos hacerlo solos, como explicamos en este editorial.
¡Clica aquí y ayúdanos!
A veces, la historia no la cuentan los huesos, sino los prejuicios de quienes los desentierran. En 1872, el médico francés Émile Rivière (1835-1922) hizo un hallazgo espectacular en la gruta de Cavillon (situada en los acantilados de Balzi Rossi, en la escarpada frontera franco-italiana cerca de Menton). Desenterró un esqueleto humano extraordinariamente bien conservado que databa del Paleolítico Superior (hace unos 24.000 años). El arqueólogo por vocación descubrió en esa mítica excavación lo que aparentaba ser el entierro de alguien que gozó de un poder y un estatus social incuestionables. Esta deducción se basa en lo deslumbrante que resultó cómo se encontraron los huesos, completamente cubiertos de ocre rojo y con un elaborado tocado funerario compuesto por cientos de pequeñas conchas del Mediterráneo y dientes de ciervo.
Los restos, que mostraban una gran estatura y robustez, estaban acompañados de herramientas de sílex, punzones de hueso y, sobre la sepultura, había un caballo grabado en la roca: todo indicaba que tenía que ser un gran líder y, sin duda, un gran cazador. Un hombre. El fósil fue bautizado como «El hombre de Menton», un título incuestionable que la comunidad científica mantuvo intacto durante ciento cuarenta y cuatro años. «Un golpe de hueso, tallado en un metápodo de caballo dispuesto cerca de su cabeza, un pendeloque (colgante) también situado en un metápodo de caballo y dos caballos grabados en las paredes de la cueva sobre el entierro, dan testimonio de un complejo rito funerario en relación con las cuestiones más profundas del espíritu humano», tal y como se recoge en el libro La Grotte du Cavillon sous la falaise des Baousse Rousse, Grimaldi, Vintimille, Italie ([La cueva de Cavillon bajo el acantilado de Baousse Rousse, Grimaldi, Ventimiglia, Italia], 2016). En esta obra, el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS) publicaba los resultados de una exhaustiva investigación realizada por decenas de especialistas. Estos expertos reevaluaron todos los hallazgos de la cueva recopilados durante más de dos siglos, incluyendo el resultado de las expediciones de Rivière realizadas entre 1870 y 1875.

La tercera parte del libro estaba dedicada al estudio anatómico del esqueleto de «El hombre de Menton», del tipo Cro-Magnon, «que pertenecía a la cultura del Gravetiense Medio, un grupo euromediterráneo, con un cráneo elegante y estrecho, que se puede distinguir del conocido en el suroeste de Francia (Cro-Magnon) más robusto y ancho». La sorpresa aparecía en el capítulo titulado «Asymétrie musculaire du squelette de ‘la Dame du Cavillon’», escrito por la paleoantropóloga Marie-Antoinette de Lumley. Esta especialista, médica de formación y encargada principal del estudio paleoantropológico y anatómico del esqueleto, detalló en él su morfología pélvica, su asimetría muscular y, en consecuencia, su verdadero sexo. La evidencia científica era irrefutable: el esqueleto pertenecía a una mujer.
Gracias a su trabajo, el esqueleto fue rebautizado oficialmente y para la historia como «La Dama de Cavillon». Marie-Antoinette de Lumley sentenció que el error no se debió a una falta de tecnología en el pasado, sino a un profundo sesgo ideológico patriarcal. La investigadora declaró y argumentó que «la ciencia del siglo XIX estaba cegada por su propia visión del mundo: al observar un esqueleto de complexión robusta y, sobre todo, un ajuar funerario tan suntuoso (digno de un jefe de alto rango), los primeros prehistoriadores asumieron que el poder y el estatus solo podían pertenecer a un hombre». De Lumley subrayó que «los razonamientos circulares de la época vinculaban erróneamente la riqueza armamentística o decorativa de una tumba exclusivamente a la masculinidad».

El documental Dames et Princes de la Préhistoire ([Damas y Príncipes de la Prehistoria], 2021), dirigido por Pauline Coste, arranca con el caso central de la Dama de Cavillon. En él, Marie-Antoinette de Lumley aparece ofreciendo su testimonio directo sobre cómo el esqueleto fue falsamente atribuido a un hombre debido a los prejuicios sobre su rango social. Este es un ejemplo perfecto para ilustrar cómo la arqueología moderna está corrigiendo el borrado histórico que sufrieron las mujeres de la prehistoria en el imaginario colectivo. Esta entrevista es una de las numerosas evidencias que recoge la autora austriaca Ulli Lust, que vive y trabaja en Berlín, en su titánica novela gráfica La mujer como lo humano. Al principio de la historia (Die Frau als Mensch. Am Anfang der Geschichte, 2025), publicada en castellano en enero de 2026 por Garbuix Books, con traducción de Marta Armengol.
La obra ha logrado un hito sin precedentes en la historia literaria europea al conquistar el premio de ensayo más importante de Alemania, el Deutscher Sachbuchpreis 2025 (Premio Alemán del Libro de No Ficción). Este es el galardón dedicado a la no ficción más prestigioso del país, dotado con 25.000 euros y entregado anualmente por la Fundación del Comercio del Libro Alemán. La victoria de Ulli Lust (entregada el 17 de junio de 2025 en la Elbphilharmonie de Hamburgo) supuso un hito histórico absoluto: fue la primera vez en la historia del certamen que una novela gráfica derrotó a los ensayos académicos tradicionales y se alzó con el máximo galardón.

El fallo del jurado elogiaba tanto el fondo científico de la obra como su formato innovador, reconociendo cómo, de manera sólida, la autora vincula las perspectivas actuales de la investigación arqueológica, la antropología y los estudios de género: «Con este enfoque multidimensional, Ulli Lust logra dinamitar ideas preconcebidas fuertemente arraigadas». La visión del ser humano exclusivamente como hombre, predominante durante tanto tiempo, «necesita una revisión fundamental, y este libro muestra esto sobre la base de un análisis original de los hallazgos científicos de la arqueología, la antropología y la historia del arte, inspirados repetidamente por las experiencias cotidianas».
El veredicto reconocía a la vez el virtuosismo de combinar imagen y palabra en un tratado de ambición académica: «La visualización del texto en forma de novela gráfica va mucho más allá de la representación ilustrativa puramente descriptiva. Se conecta al texto de una manera discursiva y, por lo tanto, crea otra capa, convirtiéndolo en un libro de no ficción en el mejor sentido». En definitiva, un prestigioso galardón que ha consolidado la obra no solo como un éxito de ventas, sino como un material de rigor académico, el cual ha iniciado su expansión internacional justo cuando en Alemania se publicaba el segundo volumen a finales de 2025: Die Frau als Mensch 2: Schamaninnen.

En La mujer como lo humano, la autora interpreta las huellas prehistóricas y cuestiona las narrativas científicas dominantes al respecto. Reconoce que lleva toda su vida investigando las imágenes y esculturas encontradas en diferentes lugares del planeta, planteándose preguntas de cómo eran las comunidades que las habían creado: «Una vez que te das cuenta de que estamos rodeados de imágenes de hombres —solo tienes que ir a una iglesia católica—, no puedes escapar de ello. En cambio, durante más de 28.000 años, el 70 % de las representaciones de personas en el arte de la Edad de Hielo eran mujeres. ¿Cuál era el requisito previo para estas figuras femeninas soberanas y dueñas de sí mismas? ¿Cómo convivían las personas en aquella época para crear este arte?», afirma Ulli Lust en una entrevista al diario The Gap. Con este trabajo, propone una interpretación diferente de la evolución humana: «Mi teoría es que solo una cultura pacífica e igualitaria pudo producir figuras femeninas con tanta naturalidad».
La audacia de Ulli Lust va más allá de reivindicar el rol social y de supervivencia de la mujer: también le devuelve la autoría del primer arte de la humanidad. En las páginas de la novela gráfica, la autora desafía el arraigado mito del «genio masculino» y plantea una hipótesis fascinante respaldada por corrientes antropológicas modernas: las icónicas obras de la Edad de Hielo muy probablemente fueron creadas por manos femeninas. El ejemplo más revelador y visualmente impactante que Lust utiliza para argumentar esta conclusión es la reinterpretación anatómica de las célebres «Venus» paleolíticas. Durante más de un siglo, la academia interpretó estas figurillas de pechos y abdómenes abultados, rostros ausentes y pies minúsculos —como la famosa Venus de Willendorf— como fetiches de fertilidad o ideales eróticos tallados por hombres. Sin embargo, Lust nos invita a cambiar drásticamente el ángulo de visión basándose en estudios de la perspectiva anatómica: si una mujer embarazada en el Paleolítico, sin acceso a espejos, bajara la cabeza para observarse a sí misma, la imagen resultante coincidiría de forma milimétrica con las proporciones distorsionadas de estas estatuillas (donde el pecho y el vientre ocultan las piernas y los pies se ven diminutos). Con este giro narrativo, la historietista transforma los supuestos objetos de deseo de la mirada masculina en los primeros autorretratos de la historia, demostrando que las mujeres de la prehistoria no solo inspiraban el arte, sino que lo esculpían. En una secuencia de viñetas, la propia autora reflexiona sobre ello: «Apostaría a que la mayoría de las figuritas las hicieron mujeres… Si la iconografía la hubieran desarrollado los hombres… habría más figuritas abiertas de piernas», sentencia.

Afortunadamente, gracias a la gran cantidad de evidencias expuestas, el trabajo de investigación presentado ha contado con el reconocimiento de los científicos actuales. Esto es algo que no ocurrió en los años noventa, hace poco más de tres décadas, cuando la arqueóloga y antropóloga lituano-estadounidense Marija Gimbutas (1921-1994), tras años de excavaciones en los Balcanes, postuló la existencia de una civilización neolítica pacífica, igualitaria y profundamente matrifocal, unida por el culto generalizado a una Gran Diosa, que habría prosperado antes de ser aniquilada por invasores indoeuropeos violentos y patriarcales. Sin embargo, su audaz intento de reescribir los albores de la civilización en clave femenina chocó frontalmente con una élite científica implacable. Sus colegas la sometieron a una crítica feroz, tachando sus teorías de «fantasía romántica» y acusándola de falta de rigor por proyectar los anhelos del movimiento feminista moderno sobre el registro arqueológico, ignorando deliberadamente las evidencias de conflicto en aquellas sociedades primitivas. Aunque la academia oficial desestimó su visión utópica, Gimbutas logró una victoria póstuma innegable: abrió la primera gran grieta en el relato tradicional y obligó a la ciencia a admitir que la narrativa del «hombre guerrero» como motor exclusivo de la historia era, también, otra construcción ideológica.
Gimbutas pagó muy caro su atrevimiento, pero su herejía académica abrió el camino para que otras voces se alzaran para reivindicar otra forma de interpretar las señales históricas. Lust recoge el testigo de Gimbutas, pero lo apuntala con la evidencia de la antropología evolutiva del siglo XXI sin apelas a la mística. La novela gráfica incorpora un extenso apéndice con las referencias detalladas y comentadas de las numerosas citas realizadas en las diferentes viñetas (muchas de ellas de origen científico y académico) que ilustran los doce capítulos en que se divide la monumental obra. En algunas de estas escenas aparece la propia autora como protagonista de situaciones reales que permiten ilustrar algunos de los ejemplos narrados o las visitas realizadas, lo que permite aligerar en ocasiones el tono descriptivo y analítico propio del rigor científico con el que está concebida la obra. La mujer como lo humano no solo pone en valor el potencial pedagógico del cómic, sino que reconoce a la vez las ventajas de unos costes de divulgación relativamente bajos teniendo en cuenta la importancia de la visualización gráfica de las referencias citadas a lo largo de toda la obra. Pone imagen a lo que la academia escondió en texto, abaratando además los costes de producción y distribución para hacer accesible el conocimiento complejo, en una proeza que debería ser de lectura obligatoria.



