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Es la hora del recreo. Van llegando como gotas al salón de actos, la mayoría con un bocadillo o una fruta en la mano. Se sientan donde se les antoja. Son todo chicas. La convocatoria decía: Asamblea para preparar la Noche Violeta.
La escuela frente al reto de educar con perspectiva feminista
Probablemente ninguna recuerde de quién fue la idea ni quién le puso ese nombre. En realidad es normal que sea así. No es algo que pueda pensar una sola. Es algo que se crea entre muchas. Las alumnas que ya han vivido la experiencia en cursos anteriores les cuentan a las que lo harán por primera vez en qué consiste. “Nos quedamos a dormir todas juntas”. “Primero hacemos una cena a la que pueden venir las madres y las abuelas o las tías, cualquier mujer a la que quieras invitar, suele sobrar mucha comida así que es importante controlar lo que traemos”. “Después de cenar hay gente que lee algún texto o que canta, podemos proponer para ese rato lo que queramos”. “Por la tarde también se organiza alguna charla para quien no puede venir por la noche y le apetece participar del 8M”. “Todo lo organizamos en esta planta de abajo, transformamos las aulas para hacer distintas cosas”. “En el taller de tecnología preparamos pancartas para la manifestación, te puedes meter ahí en cualquier momento de la noche y te pones a pintar, eso sí, tenemos que recoger cartones los días anteriores”. “También hay un aula para ver pelis y debatirlas si no te da sueño, te puedes traer un instrumento si tocas algo, hay otro espacio para bailar y solemos amanecer con algún tatuaje de henna. También hay algunas aulas que son para descansar y eso lo respetamos”. “Todo lo organizamos por comisiones, te puedes apuntar a una o a varias, pero como mínimo a una”. “Por la mañana nos responsabilizamos cada curso de un espacio para que quede todo limpio y no les demos más trabajo a las personas que limpian”. “Por cierto, ellas también se han quedado otros años a la cena”.
Celebrar esta noche de mujeres, para mujeres, entre mujeres, no está exento de conflictos en nuestro centro educativo. Podríamos decir que nada de lo que tiene que ver con trabajar explícitamente el feminismo en las aulas lo está.
Por eso, porque estamos convencidas de que hacer una educación con enfoque feminista no solo es necesario, sino que es la manera de preparar a nuestro alumnado para afrontar los retos que vienen por delante, creemos que es importante borrar el miedo que surge a veces para abordar cómo afecta el patriarcado a la vida, cómo este sistema se entrelaza con otras opresiones, cómo está construido sobre el cuerpo de las mujeres y de la naturaleza.
Porque, a veces, se confunde el silencio, el no hablar de ciertos temas en los centros educativos, con mantener una postura neutra. Cabría preguntar si no hablar de feminismo, no hablar de patriarcado, significa no posicionarse. Si el silencio es algo que no te arrima a ningún lado. Si la neutralidad en educación consiste en no nombrar las opresiones. La palabra asesinato. La palabra desigualdad. Violencia. Agresiones. Dolor. Resistencias. Sororidad. Cuidados. Cambio. Cabría preguntar si el silencio no es también una forma de posicionarse. Si permanecer calladas no es también una forma de tomar partido, de mostrar un modo de mirar el mundo y de actuar en él.
Nos preocupa la educación que manipula, que adoctrina y pensamos que la mejor manera de huir de ella es contribuir a crear pensamiento crítico, algo que no se puede hacer desde el silencio. Pensamos que tenemos que hablar con nuestro alumnado de que la realidad que es diversa y compleja, que se puede mirar desde varios lados y ayudarles a que pregunten y piensen y puedan crear su opinión a partir de un relato plural, un relato que muestre que no hay una única forma de ver las cosas, un único modo de mirar lo que sucede. Y esto incluye cuestionar si este orden de las cosas, que deja marcas en los cuerpos de las mujeres y de la naturaleza, tiene que ser aceptado sin que nada se mueva. Sin que nada estalle.
Pensamos que no se puede educar para que el alumnado sea capaz de tener un pensamiento crítico con el silencio y que, una buena manera de romperlo es hacer preguntas. No cualquier pregunta. No preguntas que tienen una única respuesta ni una respuesta correcta.
Preguntas que abren caminos para pensar, para reflexionar. ¿Por qué surgió el feminismo? ¿Por qué hay personas que se definen como feministas? ¿Cómo sería la sociedad ahora si no hubiesen existido las luchas feministas? ¿Qué tareas no se pueden dejar de hacer para que la vida humana siga existiendo? ¿Quién se encarga de hacerlas? ¿El feminismo va contra los chicos? ¿Qué puede significar ser feminista para una chica? ¿Y para un chico? ¿Depende del género el identificarte como feminista?…
La Noche Violeta: aprender feminismo desde la experiencia compartida
En la Noche Violeta, además de risas y música, también hay espacio para pensar sobre algunas de estas preguntas pero, sin duda la Noche Violeta no es un lugar de llegada. Es parte de un proceso. Hacer una educación con enfoque feminista no es solo trabajar este tema el 8M o el 25N. Trabajar desde este enfoque significa que los objetivos y contenidos del currículo recogen esta mirada. Que impregna las metodologías que usamos, cómo establecemos las relaciones, cómo usamos y organizamos los espacios.
La Noche Violeta es una celebración. Un encuentro para palpar la certeza de la fuerza que tenemos cuando nos juntamos las mujeres. De conmemorar todo lo que hemos sido capaces de conseguir. De brindar por las transformaciones que eran improbables pero con el empeño tenaz de algunas fueron posibles. De hacer memoria de las que ayudaron a que estemos donde estamos. De agradecer a las mujeres cuyos nombres quedan recogidos en la historia pero, sobre todo, de esas otras mujeres, las de los nombres que nunca aparecerán en los libros pero que impregnan su día a día de esas gotas que nos hacen torrente cuando nos juntamos. De las que hacen un feminismo en cada pequeño detalle. De las que gritan y cantan. De las que ayudan a mirar hacia delante y ver por dónde continuar.
En una época donde el silencio trata de ser impuesto de nuevo, cabe preguntar no solo si podemos, sino si las y los docentes tenemos la responsabilidad de hacer todo lo posible por romperlo.
La Noche Violeta es una forma de no permanecer calladas, una gota más dentro de todo eso, una manera de que en la piel de cada una de nosotras se quede impregnado que, si nos tocan a una, nos tocan a todas.


