Derechos

Liliana Arroyo

Del #MeToo al poder del NO: qué nos dice Kenia sobre educar en la igualdad de género Liliana Arroyo

La prevención, mediante la formación de niñas y niños sobre abusos y violencia de género, es una clave que podríamos aprender de lugares como Kenia.

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Por suerte, en 2017 las violencias y desigualdades de género se han instalado en el debate social permanente. Casos como la “manada” de los San Fermines o el movimiento #MeToo (yo también) nacido desde el universo hollywoodiense sirven para visibilizar y denunciar. Siendo una cuestión silenciada, menospreciada e infravalorada desde siempre, eso es para celebrarlo. No obstante, esas acciones de reconocimiento y confesión llegan tarde, porque contarlo es lo mejor cuando ya ha sucedido, pero lo ideal es poder evitarlo.

La prevención radica en la educación desde el respeto y la igualdad, así que cualquier pieza del engranaje educativo está invitada a sumarse. El momento de empezar es siempre y, de hecho, cuanto antes, mejor. Los abusos ocurren cuando una parte de la historia se siente más fuerte, más poderosa o con derechos superiores a la otra. La parte que lo recibe se percibe como débil e incapaz de rebelarse. Ambas partes creen que eso tiene sentido: la primera porque se siente impune, lo ve normal. La segunda porque cree que la situación es culpa suya. Después tenemos al entorno, las miradas –cómplices o ciegas– que son las que podrían identificar cuándo se pierde el respeto. Ahí hablamos del resto de alumnos y también del personal docente. Save the Children ya alertó de lo importante que es que los docentes reciban formación para prevenir abusos.

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Existen muchos ejemplos y proyectos para educar en el respeto y la igualdad, pero hoy os invito a mirar hacia Kenia, donde se ha desarrollado una metodología llamada No Means No Worldwide (No significa No en todo el mundo). No olvidemos el contexto: en Kenia, los abusos sexuales se cuentan por violaciones.

El programa, desarrollado por un matrimonio estadounidense afincado en Nairiobi, consiste en un conjunto de intervenciones educativas orientadas al empoderamiento, la autodefensa y la generación de relaciones sanas. Son módulos de 12h que tres años después (comenzaron en 2015) han conseguido disminuir la tasa de violaciones a la mitad, las propias chicas han evitado el 50% de las violaciones después de recibir la formación y en 3 de cada 4 casos han sido los propios chicos los que han intervenido para prevenir el asalto. Os podéis imaginar las implicaciones personales y sociales. Sólo diremos que el embarazo no deseado tras el abuso es una de las principales razones para que las chicas abandonen la escuela.

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¿Qué podemos aprender de este ejemplo inspirador y respaldado por resultados? El modelo del “No significa No” tiene tres lecciones universales:

  1. Que los módulos de sensibilización tienen que ser para niños y niñas: no tiene ningún sentido abordar sólo a una parte, cuando el acoso no es cosa de mujeres únicamente. Utilizan muchos recursos de habilidades verbales y juegos de rol para generar empatía.
  2. Se trabaja la autodefensa: pero la solución no es enseñar claves de artes marciales. La autodefensa comienza por la asertividad y el reclamo de los límites del propio espacio físico. Antes de llegar al contacto físico hay una invasión de ese terreno propio que nos rodea y reivindicarlo es también un derecho.
  3. Se dan herramientas para romper el silencio: eso pasa por denunciar, pero también se trata de prevenir o intervenir. En el caso de Kenia es muy revelador el hecho de que son los propios chicos y jóvenes los que más asaltos evitan.

Hay una cuarta lección quizá menos evidente pero igualmente necesaria: ofrecer a los chicos referentes de masculinidades positivas. Es decir, a la vez que se rompen los prejuicios, se empodera a las chicas para que el “no” sea rotundo, ellas pasan a tener voz y desencajan la sumisión. Ellos, construidos sobre la superioridad y el poder sobre otras, necesitan otros fundamentos sobre los que forjar su identidad. Y cuanto más masculinidades diferentes existan, más habrá calado el respeto.

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