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Intercambiar alimentos saludables y de producción local con un mandala, conrear un huerto de hierbas medicinales en el patio, limpiar el entorno del colegio o participar en un taller de periodismo ambiental. Son algunas de las actividades que una red de escuelas municipales, estatales y privadas del municipio de Garopaba, ubicado en el departamento de Santa Caterina, al sur del litoral brasileño, lleva a cabo a través del proyecto Escuela Amiga del Medio Ambiente, conocido popularmente como Mostra Lutz.

Su nombre hace honor al ingeniero agrónomo y ecologista José Lutzenberger, un portoalegrense nacido en 1926 que renunció a su trabajo en el mundo de la agroquímica para convertirse en activista ambiental. Su labor lo llevó incluso a tocar el poder como ministro de Medio Ambiente durante el gobierno del conservador Fernando Collor (1990-1992). De su militancia ambiental, destaca la creación de varias organizaciones, entre ellas, la Asociación Gaucha de Protección Ambiental (AGAPAN), reconocida en todo Brasil, y la Fundación GAIA, dedicada a sensibilizar sobre medio ambiente y desarrollo sostenible.

Precisamente esta última es la que, desde 2001, junto con el Ayuntamiento de la localidad y otra iniciativa ecológica –Gaia Village–, trabaja en el ámbito de la educación ambiental en las escuelas de este municipio costero que, ubicado en una área de protección ambiental, concentra unos 20.000 habitantes.

Según la Secretaría de Educación de Garopaba, el proyecto se desarrolla en 18 escuelas municipales, tres estatales y cuatro privadas. Los 25 centros escolares implicados representan el 100% de los colegios municipales y privados de la zona. En total, son casi 2.500 alumnos de entre 3 y 11 años y 300 docentes y personal auxiliar los implicados en la iniciativa.

El programa instala la sensibilización ambiental como enseñanza permanente y fundamental en todos los niveles educativos y modalidades, tanto en la educación formal como en la no formal. Una tendencia que no es anecdótica en el país suramericano.

De hecho, fue a través de la Ley de Política Nacional de Educación Ambiental (Ley nº 9.795/99), en vigor desde 1999, que se instauró la formación para la conciencia medioambiental en las escuelas. La norma establece las responsabilidades del Estado en la definición de políticas públicas y la promoción de una educación ambiental a todos los niveles de enseñanza. En el detalle, la legislación plantea algunos principios básicos, como “un enfoque humanista, holístico, democrático y participativo”, “la interdependencia entre el medio natural, el socioeconómico y el cultural, bajo el enfoque de la sustentabilidad” o “la vinculación entre la ética, la educación, el trabajo y las prácticas sociales”.

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En Brasil hay muchas escuelas comprometidas con la educación por la preservación del medio ambiente, sin embargo, la particularidad de Garopaba es que son la totalidad de las escuelas de la red municipal y gran parte de las del Estado las que se sumaron a esta iniciativa.

Conectar lo local con lo global

El programa Mostra Lutz promueve que tanto los estudiantes como la comunidad en general piensen en soluciones creativas para mejorar la calidad de vida y preservar la naturaleza, considerando los problemas del entorno más cercano, buscando alternativas de desarrollo sustentable y promoviendo cambios de actitud a favor de la conservación del medio ambiente.

Sandra Severo, coordinadora de la iniciativa desde 2007, explica que a lo largo de los 17 años de historia del programa, “las escuelas participantes han tratado temas muy diferentes como la basura y el reciclaje, el agua, jardinería, árboles nativos; alimentación saludable; hierbas medicinales y aromáticas; la energía; conservación o cultura azoriana”, en relación a los orígenes portugueses –de las islas de Las Azores– de los primeros habitantes de la zona.

Para ella, uno de los aspectos relevantes es conectar los temas ambientales que se trabajan desde la esfera local con los fenómenos que emergen globalmente, como el efecto invernadero, la escasez de agua, la contaminación o el consumismo, entre otros.

De hecho, en Brasil, el país más grande de la región, la contaminación acecha las aguas, el aire y el suelo sin excepciones. Entre los problemas medioambientales que enfrenta el gigante latinoamericano están también la deforestación, la gestión de residuos y basura y la polución de las playas. Precisamente, en el estado de Santa Caterina casi el 40% de las playas están contaminadas, según la Fundación del Medio Ambiente de la zona (Fatma).

Más allá del aprendizaje

Cristina Faraco es licenciada en Biología, con especialización en Gestión Ambiental, y trabaja de profesora en la Escuela de Educación Básica “Prefeito Luiz Carlos Luiz”, de la Red Estatal de Educación de Santa Catarina. Lleva 14 años participando de Mostra Lutz y destaca el rol de los docentes en el proceso: “Es importante que tengan una mirada crítica y sistémica en relación a la realidad ambiental que tengan una formación en ese sentido y que sepan tratar con la diversidad de ambientes y personas”.

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En su opinión, lo más positivo del programa es que los alumnos se implican en una experiencia que va más allá del aprendizaje y que genera un efecto multiplicador a través del debate y la reflexión: “Son protagonistas de un movimiento de sensibilización y de una práctica concreta socioambiental”.

Faraco recuerda bien cómo a lo largo de estos años Mostra Lutz ha beneficiado a su alumnado. En particular, rescata el caso de una joven que logró dejar atrás una depresión gracias a su participación e interés en el proyecto: “Su madre me lo agradeció mucho porque estaba muy desanimada con los estudios, pero se implicó en algo mayor, algo para el bien de ella y de la comunidad que la motivó”, señala.

Después de 17 años de rodaje, Mostra Lutz tiene los engranajes bien lubricados y su consolidación es incuestionable. Sin embargo, entre los principales desafíos que siguen pendientes hoy está la participación de las escuelas de enseñanza secundaria (conocida como “media”, en Brasil) para vincular también a los jóvenes. Según Sandra Severo, este colectivo prácticamente no toma parte del programa y su implicación en los últimos años ha sido muy limitada.

La disposición de un país de hacer de la educación medioambiental una cuestión de Estado ha permitido que en este pequeño pueblo del litoral brasileño los valores por la defensa del medioambiente sean parte de una realidad colectiva, de toda una comunidad. Ante los enormes retos para superar las amenazas al futuro del planeta, la fórmula de Garopaba es, sin duda, una opción a imitar en los sistemas educativos del mundo.

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